Opinión Nacional

El desenmascaramiento de las patrañas y la inaudira mezquindad de los venezolanos

Las patrañas con las cuales se pretenden esconder realidades:
Cada vez que nos aproximamos a la fecha que tienen preconcebida quienes acompasan a quien sostiene nos gobierna, las cosas se van poniendo en más evidencia. Es que no puede haber tanta iniquidad ni patraña escondida en contra del bienestar de los venezolanos, ni de cuantos habitan en éste país.

Puede que lo narrado en lo adelante sea o no verdad, pero lo traigo a colación y comento porque su acontecimiento ha circulado profusamente por toda la Web, sin aclaratoria ni enmienda alguna de parte de las autoridades competentes.

Desde pequeño mi abuela materna me hizo consciente de un gran refrán popular: “Cuando el río suena, aguas trae”. Así pues que sin afirmar con mi sangre la exactitud de los hechos, tengo al menos presunciones desvirtuables de que alguien vinculado al poder gubernamental, impune y descaradamente, en contra de los principios de seguridad de la nación venezolana, ha permitido, facilitado y aupado que grupos extremistas reconocidos a nivel mundial hayan hecho acto de presencia en el país, mantengan protegida su estadía en el mismo, y lo que es peor se dediquen impunemente al adoctrinamiento en sus concepciones políticas y religiosos a nuestros aborígenes.

En esta ocasión si es verdad que no sale representante de gobierno o adepto al mismo a defender a nuestras etnias y me resulta increíble se permita a un grupo de nacionales de Irán o de algún país de origen árabe y por supuesto adepto a la religión musulmana y para peores señas vinculados al movimiento Hezbollah, a fin de que “bajo el encubrimiento de impartir civilización”, se esté pervirtiendo la conciencia de nuestros aborígenes e inculcándoles ideas radicales » evidenciado todo ello por los atuendos y armamento con los cuales aparecen en algunas de la fotos remitidas con aquella información, al seducirlos para sus causas e inducirlos a enrolarse en las concepciones musulmanas y bajo los principios extremistas del mencionado grupo Hezbollah.

Cuanto digo, salvo que no sea montaje, puede comprobarse en las fotos que circularon junto a tan lamentables noticias en la Web y donde se muestran algunos de los doctrinantes y adoctrinados, con vestimentas y atuendos de la citada religión, y en plena faena para entrenarlos en el uso de armas de fuego.

Tan peligrosos y desatinados resultan tales hechos, como el permitir y tolerar que ciudadanos de nuestros vecinos países, en cualquiera de sus límites territoriales anden en tales menesteres en dichas regiones fronterizas.

Ya no solamente se atenta contra derechos constitucionales de los venezolanos, sino se pone en duda el patriotismo, el concepto de territorio y país sin que a nadie le importe, ni se tomen en cuenta estos graves hechos.

La demostrada agresividad que de tiempo en tiempo se pone en boga contra migrantes de nuestras naciones vecinas, por considerar violentan nuestras fronteras, parece que poco o nada importan si los autores de tales hechos son, pertenecen o están vinculados a esos países del grupo árabe o musulmán.

El desconocimiento de los méritos ciudadanos:
Como lo tenemos sostenido y ha quedado cada vez de manera más patente demostrado parece que los venezolanos andamos obnubilados por todo lo que inventa la mente enferma de quienes nos gobiernan, y sus principios ajenos a todo reconocimiento de los valores nacionales, si ellos vienen vinculados, dirigidos o ejecutados por personas que no pertenecen a sus toldas, cual es el bochornoso hecho de la muerte silente y disimulada ante la urbe ciudadana de hombres de tanta valía nacional e internacional como la de su eminencia Cardenal Castillo Lara, quien gústeles no a quienes no admitieron su derecho a disentir, ni su valentía como pastor eclesiástico y quien pasó a mejor destino que el de permanecer en este vertedero de ignominias que resulta ser hoy nuestro país, y de quien se pretende ignorar su muy lamentable fallecimiento , a pesar de sus considerables méritos.

No fue precisamente esa la actitud ante la muerte de un insólito y gris ciudadano cuya vida fue sacrificada vanamente, y hasta ahora sin conocer quien el responsable ni porque ello así ocurrió, por supuesto que nos referimos al tristemente celebre Danilo Anderson, a quien poco faltó para ser declarado pro-hombre de la patria no obstante su muy dudosa hoja de vida.

Así por igual termina de ocurrir con la desaparición de otro ilustre, noble y respetado ciudadano, quien cumplió su tránsito en la noble tarea de administrar justicia, en todos sus escaños y grados, sentando ejemplo en su devenir como hombre, como académico y como juez, y a quien no se le rindió el más mínimo homenaje póstumo. Me refiero ahora por supuesto al respetado y honorable Dr. Pedro Alid Zoppy, quien con todo mérito deslumbró en su acontecer para todos cuantos le conocimos y tratamos y ante el entorno nacional e internacional.

No son, repetimos, tratos idénticos los que ahora se conceden a quienes forman parte de las filas gobierneras frente a quienes o no estamos de acuerdo con todo lo que viene ocurriendo o pertenecen a la mal llamada oposición. Tal irrazonable diferencia aparece como mezquina y repugnante y jamás en los tiempos de los gobiernos que precedieron al presente se vieron cosas semejantes.

Esa es esta ingrata patria, la misma que en su momento expulsó a Bolívar de su tierra y como único reconocimiento a quien entrego su salud y vida por su libertad. Y que conste que no fue solo Paez, quien en forma tan artera obró contra el padre de la patria, si no que para ello contó con toda la celestina sociedad, que entonces lo reputó inmerecido héroe no obstante sus sobrados méritos.

Por igual así ocurrió con un Andrés Bello, y con otros tantos compatriotas a quienes arbitraria e injustificadamente se le han negado sus dotes y justificados méritos, en tanto a otros, en cambio, se les llena de mal habidas glorias e injustificadas alabanzas.

En torno a todo lo expuesto no osemos siquiera quejarnos ante tales descomposturas, pues en parte hemos sido nosotros su causa y adecuado motor, a veces por conducta activa y en otras por callar celestinamente.

Para mi, por sentir y compartir esos valores que adornaron el tránsito y vida ciudadana de hombres como su eminencia el Cardenal Rosalío Castillo Lara y Pedro Alid Zoppy, jamás podré olvidar la mezquindad de quienes se han empeñado en no reconocer sus ejemplos de vida y por ello expongo lo que hoy pongo de manifiesto en esta columna y protesto para ellos el merecido agradecimiento que merecen de todos sus conciudadanos y a lo cual tienen el más legítimo derecho como hijos útiles y dilectos de esta patria.

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