Opinión Nacional

El Día D (después)

Hasta ahora, Chávez ha hecho lo que le ha dado la gana con la oposición electoral. Después del breve susto del 11-A del 2002, con el oportuno auxilio de Carter y de la OEA y el temor de las trasnacionales petroleras y de su sucursal principal, la Casa Blanca, de que se cortara el suministro petrolero por tiempo indefinido, Chávez logró conformar una “mesa de negociación y acuerdos” (que José Vicente Rangel redujo al simple papel de “mesa de diálogo”) entre el gobierno y la oposición de la democracia electoral y, así, desgastar a la oposición de calle que llevaba más de un año, por órdenes de sus dirigentes de mesa, dando vueltas en círculo.

Debilitadas las movilizaciones de la oposición de calle, los dirigentes de la oposición votante plantearon llevar a cabo un civilizado referéndum, primero “consultivo y vinculante”, para salir de una vez de Chávez (rechazado por el directamente afectado), y luego, el constitucional “revocatorio”.

El final es conocido. La oposición quedó balbuceando, a través de sus principales dirigentes de micrófonos, que había sido engañada y estafada por medio del sistema electoral automatizado y el gobierno se dedicó a pasar factura a todos aquellos que se le habían enfrentado fuera de las reglas de juego.

El “Efecto RR” es conocido. La oposición electoral quedó primero, sin rumbo, y después, sin esperanza. Algunos de sus dirigentes esperaron ansiosamente las elecciones parlamentarias de 2005 para agarrar, “aunque sea fallo”, algún puestillo en la Asamblea Nacional, así fuera de resignado espectador. La presión abstencionista de la mayoría de la oposición, todavía con el recuerdo fresco de las denuncias de fraude electrónico, llevó a los pretendientes a parlamentarios de relleno a posponer sus ambiciones.

Chávez se dio a la tarea de gobernar a sus anchas, algo que hubiera hecho de una u otra manera.

Apareció entonces para la vieja dirigencia política otra posibilidad de retorno al protagonismo: las elecciones presidenciales. Pero Súmate, de la mano de Bush, se transformó en el Gran Inquisidor, exigiendo el “cumplimiento de condiciones mínimas” para garantizar la transparencia electoral. Otros ex partidos acompañaron sus posiciones.

Se pedía designar un nuevo CNE, conteo manual, depuración del proceso de cedulación, auditoria y control de los programas de las máquinas de votación, prohibición de transmisión de datos durante el proceso de votación, supresión de las capta huellas, control del Plan República y demás.

Chávez dijo que no (aunque tal vez arroje, generosamente, un pétalo. No más de uno. Jamás la flor). Súmate, que misteriosamente cambió “exigencia de condiciones” por solicitud de primarias, fue derrotada por los tres mosqueteros, que pudieron más que el gobierno. A Rosales le tocará, por fin, el desafío de aparecer como el contrincante de Chávez. Eso sí, según Chávez, como “lacayo” de Bush.

Rosales dice que gana “y cobra”. Señores del Parlamento, del Poder Judicial, del Poder Militar, de la Guardia Territorial, cubanos de misiones, rusos, persas, guerrilleros de frontera y demás compañeros de ruta de la revolución, a preparar maletas en silencio, obedientemente y a tiempo.

Se acerca El Día Después. El de la verdad. El del “cobro”.

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