Opinión Nacional

El diálogo comienza

A Monseñor Ovidio Pérez Morales.

Ayer, quiero decir cualquier día antes de este, la Conferencia Episcopal Venezolana, CEV, produjo un documento “Llamados a vivir en libertad” l 5, 13) Exhortación del episcopado venezolano sobre la propuesta de reforma constitucional, mediante el cual esta fundamental Institución crea las bases para abrir un diálogo, y, que está mucho mas allá de las posturas personales de algunos de sus prelados mucho más cercanas a sus propias apreciaciones que a la fundamentación doctrinaria que, para simplificar, ubico como la doctrina social de la iglesia. Las respuestas dadas en contra de este documento por sectores de poder bien desde el gobierno, bien de la AN, son argumentos ad hominem, destinadas a descalificar a las personas y no a analizar, valorar el texto. Lo mismo ha ocurrido con el documento presentado a la AN por el movimiento estudiantil abierto, a quienes también desde la AN se les ha acusado de “mostrar sus dientes de leche fascistas” o de ser mozos de la misma especie que el Ku Klux Klan; las acusaciones a la gente de PODEMOS, etc., etc., pareciera dar razón a quienes niegan, por esas causas la necesidad del diálogo. En efecto, como dialogar en tales condiciones, con tales personajes?.

Pues bien, de esos señores y señoras, ciertamente no es posible esperar ser escuchados, pero como he dicho en reiteradas oportunidades, esta negación es su propia necesidad y, lo es, porque carecen de argumentos medianamente fundamentados. En el plano legal ninguna argucia podrá convertir la arbitrariedad en ley. Esa reforma es sencillamente la elaboración de una nueva constitución para lo cual sólo una Constituyente tiene autoridad de formular. Y no se trata de las formalidades jurídicas, de necesario y obligatorio cumplimiento, tampoco de la cantidad, probablemente los 33 de HRCHF más los 25 ó más del PSUV y las disposiciones transitorias probables, menos de que la propuesta presidencial fuese una unidad y por tanto indivisible y no separable para votarla, pues la violación a la propuesta presidencial ha sido asumida por la propia AN., sino del cambio conceptual político, económico, de cambio radical del Estado e incluso la posibilidad de un nuevo reordenamiento territorial político, por encima de la historia y los valores inherentes a la identidad cultural regional.

Pero si necesidad es de ellos como su propio fundamentalismo, una necesidad crítica, ética, es para quienes adversan, critican, rechazan la propuesta. Y es aquí justamente donde el diálogo adquiere sus dimensiones exactas. La Conferencia Episcopal, está obligada a dialogar con sus propios sacerdotes, con sus feligreses, con sus pares de otras religiones, creencias. También con las universidades, sindicatos, medios, en una palabra con la sociedad, el pueblo todo. Si ese documentos se queda en las páginas de los periódicos, en la información elemental de la TV, radio, etc., escondido en las iglesias que suelen estar siempre cerradas, el documento será mera retórica, si, en cambio, cada iglesia, parroquia, etc., se convierte en espacio abierto para el análisis, para la controversia civilizada, para el ejercicio de la tolerancia, serán las inferencias de esa práctica las que imponen el diálogo a los sordos y aun quien no quiere oír tendrá que oír. Desde luego que ese documento recibirá observaciones muy severas algunas, de incredulidad otras, de incomprensión, de rechazo incluso, pues, el señalamiento contra el modelo de socialismo propuesto y contra el capitalismo salvaje, provocará siempre en los fundamentalismos de izquierda y de derecha (con disculpa por la imagen) análogas reacciones; observaciones con agudeza doctrinaria pudiera haber, como acusarlos de estar, en parte, más cerca del discurso de Pío XII que de la Nueva Teología y lejos de La Conferencia de Puebla, etc. todo ello pasará y será bueno, muy bueno que pase, porque estará allí la capacidad de diálogo para la inferencia consciente de sus feligreses, pero sobre todo de todos los venezolanos.

Pero, si algún documento es imprescindible aún, es el de las universidades y especialmente las autónomas. Digo especialmente ellas, porque estoy concientes de las limitaciones que la práctica política y de poder imponen a las experimentales, a la UBV, etc., empero, también ellos estarían obligados a coparticipar en la formulación de este documento. Las privadas, de cualquier “propietario”, obligadas están, pero, desde luego sujetas quedan a sus circunstancias. El documento que sugiero a estas instituciones se ajusta a la obligación que tienen de cumplir con la Ley de Universidades, que les impone orientar al país. No desconozco sus grados de corrupción y perversión en algunos casos, pero ello no impide que sus doctos en filosofía del derecho, en derecho constitucional elaboren un documento de principios para el diálogo de todos los venezolanos, con nosotros, entre nosotros todos. Y todos tenemos que ser todos. Las características de este documento tienen que ser rigurosamente ajustadas a la verdad jurídica, a la ética. Establecer de la “reforma” su consistencia o incoherencia, tanto de procedimientos constitucionales, legales, cuanto más allá los problemas jurídicos éticos y conceptúales que están en juego. No se trata de un documento para condenar o rechazar, aprobar o improbar, se trata de un texto que exprese la razón de ser de la universidad: buscar la verdad, difundirla, garantizarla y preservar los valores esenciales del hombre.

Del mismo modo como se ha sugerido a la Conferencia Episcopal, este documento de las universidades tiene que ser parte de sus enseñanzas, de su diálogo con profesores, estudiantes, trabajadores, etc., pero más que ello con todo el pueblo en todo el país. La razón científico jurídica, ética, críticamente asumida por el pueblo contribuirá decisivamente a la toma de decisiones de nuestros ciudadanos, de nuestro pueblo en general, con plenitud de consciencia. Sujetos, en lugar de borregos.

Estas instituciones impondrán cierto ritmo de trabajo crítico a todas las demás instituciones. La FA, Fuerza Armada, cambiada su naturaleza y fijes en la propuesta, los sindicatos, etc., e impondrá a todos los integrantes de los diversos conjuntos un diálogo fecundo, democrático, participativo, protagónico. Pero más que todo eso, evitará al país la real probabilidad de enfrentamientos en donde la fuerza sustituya la razón, la violencia a la paz, el odio a la solidaridad. Permitirá también superar esta tragicomedia que viven algunos fundamentalistas del antichavismo, cuyo discurso y práctica política lejos de abrir caminos al porvenir recurren a la descalificación, a la calumnia incluso, montada esa predica en proposiciones como esta“…si se hubiera llegado a Miraflores en abril, si se hubiese convocado al pueblo a la calle en las elecciones presidenciales y no se hubiera reconocido el triunfo de Chávez, etc., propician la violencia, la venganza como su propio argumento y suprema finalidad. La violencia y la guerra son lucrativo negocio para quienes detentan el poder. Esta conducta es cómplice consciente o inconscientemente del discurso emocional, visceral, que tan buenos resultados –por ahora – ha dado al Presidente. Es reduccionismo cuyo resultado final es la reafirmación del César. Se trata pues, de dialogar para alcanzar la PAZ. Y es la razón ética la única arma para alcanzarla.

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