Opinión Nacional

El dilema: barbarie o civilización

Luego de escuchar el discurso del Presidente Hugo Chávez en la ONU la semana pasada, me reafirma el guión del discurso oficialista. Si bien es cierto el centro del discurso es el Presidente Bush, el objetivo es decirle al mundo entero y a los venezolanos que nuestro país en cualquier circunstancia, lo controla con el puño de su mano.

¿Qué refleja esta política suicida? Promover provocaciones tras provocaciones, insultos en el propio territorio de los EEUU, presentarse como aliado del Islam; para de una forma u otra producir una reacción exasperada del gigante norteamericano, que determine sanciones económicas o políticas y definitivamente aislarnos del concierto político democrático mundial.

Por ello no dudo que tanto la grotesca actitud del Presidente Chávez en la ONU, como la reacción desmedida del inefable canciller, forman parte de una estrategia de política exterior, de producir incidentes diplomáticos en vía de provocar una ruptura internacional de grandes proporciones que conlleve incluso a la suspensión de las elecciones presidenciales del 3 de Diciembre próximo.

El actual régimen resiente la fragilidad de su edificio político ante el avance de la candidatura de Manuel Rosales; nunca pensó el chavismo que la oposición sería capaz de levantar una verdadera opción de triunfo, que lo eche del poder por la vía democrática. Por ello desesperados sueñan con una Bahía de Cochinos o un 12 de abril que los saque del hoyo que se han fabricado, tras ocho años de desgobierno, de corrupción, de odio y de discriminación social y política.

Pecaron al subestimarnos y se ha apoderado de la conciencia del pueblo venezolano una disposición al cambio, a echar del poder a un gobernante abusivo a tal nivel de egolatría, que está dispuesto a la destrucción de su propio país, con tal de permanecer en el poder en nombre de una revolución inexistente y de un socialismo, que no sea robadera y entrega de nuestros recursos nacionales.

Los venezolanos estamos en presencia de un mandatario y una clase política sin escrúpulos. A quienes no ha importado dividirnos y segregarnos política y socialmente; y al mismo tiempo no han escatimado la energía necesaria para el pillaje de nuestros recursos económicos, colapsar los sectores industriales, romper acuerdos internacionales como la Comunidad Andina de Naciones y el G-3, proscribir al mundo sindical libre, precarizar las relaciones laborales, alinearse con países que no determinan progreso y prosperidad para los venezolanos, producir el genocidio laboral de 23.000 trabajadores de la industria petrolera y 15.000 del sector público.

Por ello el 3-D no es cualquier elección presidencial, de las que conocimos en nuestra tradición política. En esta oportunidad estamos en una encrucijada definitiva, o la barbarie que pretende consolidar el proyecto chavista o la reconquista de una democracia que reencuentre a todos los venezolanos.

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