Opinión Nacional

El dilema de Twitter

Twitter, empresa radicada en San Francisco, está atrapada en una encrucijada. Un juzgado de Virginia ha exigido a esta red social datos confidenciales de cuatro de sus usuarios relacionados con Wikileaks, la fundación que facilitó en diciembre pasado la publicación de 250.000 cables de la diplomacia de Estados Unidos. El mandato judicial llegó el 14 de diciembre a Twitter, que suma ya 160 millones de personas de todo el mundo en su red, y conminaba a la firma a facilitar los mensajes privados, el registro de conexiones y las direcciones IP de esos cuatro usuarios, entre otros datos, en un plazo de tres días.

Twitter logró una prórroga, que expira el próximo sábado, y el permiso para alertar a los clientes afectados, entre ellos la diputada islandesa Birgitta Jonsdottir, simpatizante de Wikileaks, que es la que ha denunciado el caso públicamente. Su implicación ha desencadenado, además, un conflicto diplomático entre Reikiavik y Washington y ha alertado al Parlamento Europeo, donde el grupo liberal ya ha exigido un debate acerca de la masiva filtración de documentos y los métodos de la Administración de Obama para conseguir la extradición y una acusación formal de espionaje contra el fundador de Wikileaks, el australiano Julian Assange. Entre esos métodos se encuentra el de aplicar el principio de extraterritorialidad a supuestos crímenes cometidos por extranjeros contra los intereses nacionales, un auténtico sarcasmo viniendo de un país como Estados Unidos contrario a la jurisdicción universal. La virulenta reacción oficial a la publicación de los cables del Departamento de Estado y, sobre todo, la persecución abierta contra Assange, está ofreciendo una triste imagen de la Administración de Obama y evidencia los daños irreversibles producidos durante la presidencia de Bush en cuanto a vulneración de normas internacionales, cárceles secretas y centros de detención como Guantánamo.

Firmas americanas como Visa y Amazon se apresuraron en su momento a cerrar filas con la Administración contra Wikileaks. Es de esperar que Twitter sea capaz de plantear mayor batalla para defender la privacidad de sus usuarios, una cuestión a la que los internautas son especialmente sensibles. Pero los precedentes de las empresas citadas y la indiferencia con la que la prensa y la sociedad americanas asisten a esta ofensiva oficial presagia los peores resultados.

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