Opinión Nacional

El discurso

 

Búscate agua Marco Polo que vamos a prender la trojita de fuego, atinó a ordenarme Polo, campesino y guerrillero de combates victoriosos y fallidos, en las montañas vecinas de donde por esos días, pateaba la nueva guerrillita. Estábamos todos listos y apertrechados; y ni el comenzar bullicioso de cuanto habitante merodeaba entre ramajes y follajes, nos sacaba de la atención que prestábamos al enfrentamiento cuerpo a cuerpo, que estuvo realizando toda la mañana el Flaco con aquel radiecito a dos bandas, que en plena postrimería del siglo XX, era lo único que nos permitía estar comunicado con ese país que ya ni cuenta se daba de nuestra existencia.

Mucho tiempo llevábamos reconstruyendo todo lo que se había perdido y extraviado, en aquella otra montaña de concreto y rancherías, que se había sembrado de obreros, activistas culturales, dirigentes comunitarios, estudiantes y profesionales; todos enfebrecidos con sus luchas y ahora militancia revolucionaria, en los nuevos núcleos del perseverante PRV – FALN. De pronto sin saber y ni dar tantas explicaciones, estábamos allí, parapeteados bajo aquel plástico, a cuatro puntas bien tensadas a los robustos árboles, con aquella lluvia que a cada momento nos empujaba al ritual de acomodarnos como pudiéramos; mientras Monche, a quien el Flaco le había dado el santo y seña para que todos los demás se acercaran al cambuche, con su disciplina gocha y militar, invitaba solemnemente, hacia donde estábamos los dirigentes del Distrito Político Militar, Félix Farías Salcedo.

Mas agua Marco Polo, esta vez dijo Ricardo con su voz de pedir rogando. Recogí mi viejo M2, la holletica mallugada y bajé cavilando al cañito de mala muerte, que pasaba por un laito del campamento que habíamos montados hace tres días: ¡Ajá! Ya va a comenzar a lanzar el discurso y nosotros aquí con nuestros pechos henchidos y rodeados de morrales, pistolas, metras, fales y aquel anciano M2. Ya de regreso afinqué en mi reflexión y como guardándome un gran secreto me pregunté: Quien estará más cerca del poder, ellos en su selva de concreto y apoltronados en el Capitolio o nosotros en la nuestra, con aquellos derechos de palabras interminables de loros, paujiles, monos, el crujir de las ramas y la voz baja de uno que otro combatiente. Marco Polo, apúrate que ya arrancó el tipo.

Mientras montaba el cafecito les fui pasando revista con el rabito de ojo; y todos estaban inmovilizados ante los anuncios que ese día iba señalando el grandilocuente y recién estrenao presidente, quien desde este lado del país, lo imaginaba manoteando pá todos lados cuando decía: “Esta década de los años 70 será la de los grandes logros para Venezuela y la América Latina. Aquí en este Congreso, en diciembre de 1970 encendió su llama reivindicatoria el Petróleo. Recuperamos el manejo de los precios de nuestra riqueza fundamental. Venezuela tiene ahora la oportunidad de ofrecer a la América Latina, con el soporte del petróleo, colaboración eficaz para llevar adelante la lucha común por el desarrollo independiente, precios dignos para las materias primas y participación justa y de equilibrio en el comercio mundial”

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