Opinión Nacional

El drama de Claudio y Stalin

El drama que vive la oposición en el Municipio Libertador es del tamaño de la honda pena que debe llevar Claudio Fermín, un hombre inteligente y con principios que vio desvanecer todas sus oportunidades hace más de diez años cuando no tuvo la valentía de “incendiar” el CEN de Acción Democrática y destronar al perverso Alfaro Ucero.

Es doloroso ver a Fermín (como a todos los de su generación, incluyendo a Eduardo Fernández) debatirse con un muchacho como Stalin, quien a pesar de su nula preparación, lucha en forma legítima por alcanzar el poder.

En el Municipio Libertador se enfrentan dos generaciones: la de Claudio Fermín y sus amigos, en cuyas manos “se perdió la República”; y la de Stalin, quien representa a todos esos jóvenes que no están dispuestos a heredar un fracaso que no les pertenece.

Si bien la camada de Claudio no supo arrancarle el testigo al dúo diabólico de Alfaro y Caldera, no es justo exigirle que se aparte del camino, ni mucho menos “inhabilitarla” políticamente. Tampoco es viable pedirle a las nuevas generaciones que esperen su turno, pues sabemos que en este país “quien se monta, no se baja ni a pellizcos”. Además, los “stalinistas” están en pleno derecho de creer que es su momento y que con ellos todos comeremos miel y polen.

Así es la historia del poder, así es la historia de los hombres.

Entonces ¿por quién votar? Por Claudio, un hombre preparado y con experiencia. Lo pienso y no estoy seguro, puede que de nuevo lo espante la Historia y nos abandone como lo hizo Enrique Mendoza la fatídica madrugada del Referendo.

¿Por Stalin? Es un estudiante, de buenas intenciones y con pleno derecho a asumir responsabilidades. Pero tengo dudas; ¿Dónde queda el valor de la experiencia?, esa experiencia que tanto demandamos al chavismo.

En el fondo, muy en el fondo, Claudio y Stalin son caras opuestas de una misma moneda. Son sujetos y generaciones con los mismos retos y los mismos temores. Ambos temen al tiempo, al deterioro político. Ninguno está dispuesto a perder el “Carromato de la Historia”. Y es normal, no los culpo. Todos los venezolanos vivimos esa angustia de pensar que otro dirige nuestras vidas; esa es la razón de nuestra eterna rebeldía.

Finalmente poco me importa quién gane en el Municipio Libertador. Así gane “Bambarito”, a este articulista le interesa saber cómo se articularán esas dos corrientes opositoras y sus intereses.

También me gustaría saber cómo responderá el país al concierto de líderes y dirigentes que no terminan de entender que si sumamos a los opositores “tipo A”, más los opositores “tipo B” y los multiplicamos por todos los chavistas (que llegaron para quedarse) en unos años no habrá cama para tanta gente.

Esto se pone interesante. Ya veremos a tirios y troyanos beber vino en la misma mesa.

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