Opinión Nacional

El drama venezolano

(AIPE)- Es crucial que se conozca la verdad acerca de los recientes eventos políticos en Venezuela, en particular debido a que los episodios experimentados en el país en días recientes no constituyen el fin de una etapa en extremo conflictiva, sino el preludio de nuevas y seguramente más intensas confrontaciones.

En tal sentido, conviene recordar que el detonante de las confusas situaciones que tuvieron lugar los días 11 al 14 de abril, y que condujeron a la salida y posterior retorno de Hugo Chávez al poder, fue una gigantesca manifestación de repudio a su gobierno que se desplegó por las principales avenidas de Caracas, y posteriormente se dirigió al palacio presidencial de Miraflores. Varios centenares de miles de personas marcharon pacíficamente, sólo para encontrarse con una barrera organizada por los llamados Círculos Bolivarianos, especie de imitación de los «Comités de Defensa de la Revolución» cubanos, bandas armadas, estructuradas y financiadas por el gobierno, que dispararon a mansalva contra los manifestantes, dejando un saldo de al menos una docena de muertos y cientos de heridos.

Esta masacre, que pudo ser contemplada vívidamente por millones de personas a través de la televisión, originó una sensación nacional de estupor e inmenso rechazo a un hombre, Hugo Chávez, quien al mismo tiempo que se producían los disparos se hallaba en su palacio, ante las cámaras de TV, asegurando que la suya es «una revolución de amor». Aguijoneados por el inmenso clamor nacional, los altos mandos militares se vieron impelidos a pronunciarse en contra de la continuación del mando de Chávez. De modo que el proceso fue así: de una rebelión civil se pasó a un pronunciamiento militar, amparado en el artículo 350 de la Constitución venezolana, que justifica el derecho a rebelarse contra un gobernante ilegítimo. La noche del jueves 11 de abril, cuando fue depuesto, Hugo Chávez era percibido por una inmensa multitud de venezolanos como no otra cosa que eso: un mandatario que, con la sangre derramada por sus huestes, había malbaratado su legitimidad democrática.

Para desgracia de los venezolanos, lo que ocurrió después dio al traste con los esfuerzos de millones de personas, que con enorme coraje habían entregado sus esfuerzos en busca de una salida civilizada al trauma que han significado tres años de mando autoritario, arbitrario y corrupto, cubierto bajo un engañoso marco legal que esconde propósitos radicales. Un gobierno de transición, instaurado inicialmente con el beneplácito de la Fuerza Armada, y encabezado por un hombre, Pedro Carmona, ampliamente respetado por su decencia y probidad, tomó de la manera más sorprendente y absurda un rumbo represivo y autocrático, procediendo a desmantelar por decreto todos los poderes públicos y a perseguir indiscriminadamente a personeros del régimen chavista, sin consideración a las leyes y al respeto de los derechos humanos. De este modo, el gobierno provisional despilfarró en cuestión de horas su imagen ante el país y el mundo, y abrió las puertas, ante la amenaza de la anarquía, al retorno de Chávez al poder con la anuencia militar.

La reconquista de la presidencia por parte de Chávez, quien al ser depuesto se había resignado a su salida del país, se debió mucho más a los errores de sus adversarios que a sus virtudes o a la fortaleza de su apoyo. Ocurrió una de esas coyunturas históricas en que los desatinos de algunos personajes juegan un papel decisivo, transformando lo que por momentos fue sentido por una gran parte de la sociedad venezolana como el comienzo de un rumbo de esperanza en una aplastante ola de frustración. Pero no cabe equivocarse: la salida de Chávez fue, en una primera etapa, el resultado de una rebelión amparada constitucionalmente, en vista de la masacre que condujo a su deslegitimación. Las torpezas posteriores del gobierno provisional le resucitaron, y ahora lo que se preguntan muchos es: ¿Aprendió Chávez la lección? ¿Tomará en cuenta que, si no cambia su estilo de gobernar, sus propósitos revolucionarios y su retórica incendiaria, lo ocurrido podría repetirse, tal vez con menos suerte para él?

Los primeros signos luego de su retorno a la presidencia han sido aparentemente conciliadores, pero tres años de mentiras, violencia y arbitrariedad han endurecido los corazones y las mentes de un amplio sector de la población, que no cree en las intenciones de rectificación de Chávez, y que se siente defraudada por el final estéril de lo que prometía ser una exitosa jornada de rebelión cívica y democrática. Las perspectivas venezolanas no son, pues, alentadoras, y por el contrario, el dogmatismo neomarxista y los instintos autoritarios de Chávez y sus seguidores generarán seguramente una reanudación del clima de tensión y enfrentamientos que forman parte esencial de un régimen empeñado en imitar el trágico experimento de la Cuba castrista.

* Profesor de ciencia política, Universidad Simón Bolívar.

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