Opinión Nacional

El enemigo necesario

Resulta realmente preocupante escuchar a Chávez hablar, con tanta facilidad y ligereza, sobre la posibilidad de una guerra desigual en nuestro país producto de una planificada invasión norteamericana. Desde el bloqueo inglés-alemán (durante el gobierno de Cipriano Castro, por el cobro de la deuda externa) ningún gobierno se había planteado esta posibilidad. Hemos tenido –y esto hay que reconocerlo– algunas situaciones difíciles con Colombia, que se han superado con la madurez y racionalidad que deben privar entre dos pueblos hermanados por destino común. Pero ahora es distinto, Chávez, al igual que el dictador Fidel Castro, va subiéndole el tono verbal a la confrontación con el país del norte, e inicia, simultáneamente una carrera armamentista de miles de millones de dólares, que representa grandes negocios para Rusia, España y Brasil.

No contento con ello, también pretende formar, por encima de la Fuerza Armada nacional, milicias populares ideologizadas y fanatizadas que, supuestamente estarían dispuestas a dar la vida (?) por él, dentro de un esquema de guerra asimétrica como las de Vietnam, Camboya y China (ya que la de Cuba todavía está en el papel). Un millón y medio de reservistas, para comenzar ¬–dice el comandante–, sin que se le agüe el ojo: esto parece más bien un delirio de grandeza hitleriana, que una posibilidad real. Ahora bien, ¿para que sirve la excusa de un enemigo externo? ¿Para arremeter con mayor fuerza contra la oposición democrática, como si de borrarla del mapa se tratara? ¡Claro qué sí! Todo ello para buscar el control absoluto de la sociedad, en el marco de una violencia –tanto física como sicológica– y terrorismo de Estado, muy bien concebidos y diseñados.

Revel, en su libro, La tentación totalitaria, nos habla de la necesidad que tienen los gobiernos totalitarios de crear ¬–aun cuando no exista en la realidad– un enemigo externo que le permita cohesionar alrededor del “líder” a sectores importantes de la población y, al propio tiempo, lograr distraer la atención de la gente sobre los gravísimos problemas que los agobian y martirizan. Es decir, que Chávez juega una peligrosa carambola a dos bandas, que todavía no sabe si le va a salir bien. Por fortuna el venezolano es mayoritariamente pacífico y hospitalario y no cultiva la xenofobia, como ahora lo pretende hacer el gobierno –de acuerdo a declaraciones de connotados funcionarios públicos que, en lugar de atender las responsabilidades de sus cargos, se dedican envenenar al pueblo chavista–. Es el tiempo de los laboratorios de guerra sicológica y lavado de cerebro cubanos, que usan a nuestro país como conejillo de indias.

El gobierno se torna cada vez más belicista (las actitudes y reacciones de Chávez, la creación de milicias armadas y la compra de material bélico, así lo demuestran), y más violento, agresivo y despótico. El régimen navega –a contra corriente de lo que sucede en el mundo– hacia la construcción de un estado autocrático, que guarde hacia el exterior, algunas apariencias democráticas. Pero este camino está lleno de piedras y obstáculos difíciles de sortear, aun cuando exista la capacidad de maniobra que da el mana petrolero. De momento, lo más importante es saber hasta donde se atreverá a llegar Chávez de aquí a las elecciones del 2006.

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