Opinión Nacional

El Estado revanchista

¿Como progresa un país cuando se establece como política gubernamental la venganza?. Efectivamente, la historia nos indica que los gobiernos que eligen como conducta diseminar el rencor entre la población, como estrategia para dividirla, garantizarse adeptos y un soporte social, han terminado siempre en tragedia y miseria para la nación entera. De igual modo dicha política está acompañada de la imposición del pensamiento único, como condición de fidelidad al régimen y de descalificación extrema a quien no la profese.

El Presidente de la República escogió esta ruta del odio para imponer su régimen chavista, supeditó al puño del caudillo al resto de los poderes públicos, erigió una guardia pretoriana y una policía política para infundir el miedo en la población adversa, e igualmente como hiciera Luis Bonaparte el del XVIII Brumario alimenta a un lumpen proletariado, hoy bajo la figura de bandas armadas para aterrorizar a toda manifestación opositora.

Para aderezar la esencia ideológica del régimen escogió el socialismo y la revolución, como teoría progresiva de la libertad y del desarrollo humano, para luego toparnos con una constante de los gobiernos autoritarios, y es cuando la embriaguez del poder pronto les delata el verdadero contenido de sus acciones contraria a las ideas sublimes que dicen predicar.

Como aquel negrito quien fuera Presidente y dictador de la Etiopia de finales de la década de los 70 Siad Barre Mengistu, instauró el terror rojo en la nación del cuerno de África del Norte, denominándola revolución marxista leninista, bajo el lema no hay nada que discutir, todo ha sido decidido en Moscú y lo que decide Moscú debe hacerse. Pues bien en nombre de la revolución ahogó en sangre toda protesta, en particular a los nacionalistas eritreos que reclamaban su soberanía y liberación nacional. El sangriento régimen de Mengistu también asiduo visitante de la Habana y asistido generosamente militarmente por el bloque soviético, el ejército y el cuerpo médico cubano. Declaraba en el delirio, en medio de la hambruna y de la muerte de más de medio millón de personas, el campesino ha de cambiar su vida y su pensamiento y abrir un nuevo capítulo en el establecimiento de una sociedad moderna en las zonas rurales y ayudar en la edificación del socialismo. Tras 17 años de locura colectivista en nombre del socialismo y de la revolución en 1993, Mengistu tuvo que huir arruinado y vencido, corriendo tras los brazos de su pana Mugabe, el actual presidente dictador de Zimbabwe y amigo personal del Presidente Chávez.

En ese espejo de la historia debieran mirarse tantos mandatarios, quienes sucumbiendo a la soberbia del poder no los caracteriza la cualidad ser buenos lectores; para terminar siendo devorados por la revolución que ellos pregonaron alguna vez; la cual les sirvió para esconder temporalmente sus fechorías y actos de corrupción, develadas luego por la acción libertaria de los pueblos.

La ruta presidencial del régimen chavista de pasarle factura a todo el mundo, a la iglesia, a los sindicatos, a las fuerzas armadas, a los empresarios, a los estudiantes, a la sociedad civil, a los partidos políticos, es el camino de su propia destrucción y de la inestabilidad política, social y económica de toda una nación; para desgracia de un pueblo que quiere vivir en democracia, paz e integración de todos los venezolanos y habitantes de este bello país.

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