Opinión Nacional

El estado y sus administradores de ocasión

 

 ¿En cuántas ocasiones el consabido esquema de la “lucha de clases” ha sido el eje político ideológico alrededor del cual gira esta administración? ¿Cuánto menosprecio puede sentir un venezolano por otro? ¿Cuánto odio puede acumularse en la mente de un opinador en contra de otro hablador del mismo tema? ¿Cuántos momentos, en la intimidad de las pantallas de las laptops, se ha activado y aplicado la ley del Talión? ¿En cuántas oportunidades un “agente externo” ha intervenido en la elaboración de un Decreto – Ley con rango de constitucionalidad, en este período? ¿En cuántas fechas un venezolano inadvertido ha sido atracado por colectivos sin oficio conocido? ¿Cuántas veces el venezolano emprendedor ve coartada su “libre disposición de iniciar su aventura empresarial”, si las Leyes que le rigen su marco de acción son punitivas? ¿En cuántos lances Chávez “tiró la piedra y escondió la mano”? ¿Cuántas veces la “oposición política” ha “caído por inocente” con las propuestas de “paz” de esta administración comunista? ¿Cuántas fotos como la publicada el jueves en un diario capitalino, en la cual se ve la imagen congelada de un “esbirro” arrastrando a un ser humano, son necesarias para declararles la guerra a los venezolanos no plegados al gobierno? ¿Cuál es el grado de “desprecio” inoculado a funcionarios de los Cuerpos de Seguridad, a los Militares de carrera y de otros órdenes para la actuación vista en los últimos tiempos? ¿Quieren más preguntas? Las hay. Pero si las escribiera todas, el título de mi opinión no sería el colocado sino “CUESTIONARIO PARA UN MINUTO”.

Venezuela, así no le guste a mucha gente, se desgració. Si. Se desgració al caer Chávez en las garras de un ser tan nefasto para la humanidad como lo es Fidel Castro Ruz, un HDP, Héroe de Papel, destructor de la felicidad de su pueblo natal; violador de la soberanía territorial de Cuba; exportador de miserias; embustero; cobero de inmensas proporciones que paga sus culpas, sus odios, sus rabias ancestrales con su inutilidad física, y probablemente, mental. Allá él con sus culpas.

¡Coño! Pero es inconmensurable la rabia que da ver a unos criollos que rindiéndoles pleitesía como si fuera un Jacinto Convit o Humberto Fernández Morán; un Andrés Eloy Blanco y un Rómulo Gallegos; un Arnoldo Gabaldón, Ignacio Rodríguez Iturbe, Isaac Newton o al mismo Stephen Hawking, a José Esparza Núñez, Gregor Mendel, Guillermo Meneses, Carlos Cruz Diez, Jesús Soto, la Madre Teresa de Calcuta, Juan Pablo II, el insuperable Jesucristo y tantos más que hicieron, hacen y harán más por la humanidad que Castro Ruz. ¡Señores adulantes, muestren las geniales obras de este!

Venezuela podría ser la envidia del resto de América, incluyendo los Estados Unidos, si los “poderosos” acomplejados por el éxito estadounidense no se hubieran empeñado, al arribar al poder, en exportar nuestra riqueza con el objeto de financiar un “conflicto intercontinental con USA” como siempre fue, es y será la pretensión del Dictador Antillano mientras viva. Podría haberse culminado la red ferroviaria tan necesaria para la disminución de costos de transporte de bienes agrícolas, en lugar de crear una Superintendencia que le diga, a quienes trabajan, que, como y cuanto deben cobrar y cuanto ganar. Pudo mejorarse hasta más no poder la vialidad interurbana entre Barcelona, El Tigre, Anaco y pueblos intermedios con los cual las excursiones turísticas a El Furrial, Punta de Mata, Mesa de Guanipa hubieran sido de padre y señor mío. Podrían haber construido todas las plantas de tratamiento de aguas servidas de las ciudades, poblaciones, poblados, caseríos localizados alrededor de los Lagos de Valencia y de Maracaibo y otras cosas habrían ocurrido. Habrían creado los incentivos necesarios para descongestionar la capital de la República y que esta recobrara parcialmente el esplendor de otrora. Debían haber mejorado el sistema de remuneración de maestros y profesores de primaria y secundaria, con lo cual estos alcanzarían la estabilidad emocional y económica tan necesaria para estos servidores públicos y el cumplimiento de su noble labor: la formación de las generaciones futuras. Hubiesen integrados los CDI a los ambulatorios existentes; mejorado los salarios de médicos y personal de apoyo de estos; construido unos polifuncionales hospitales en cada una de las entidades federales y la salud de la población venezolana podría ser otra. Pero no, había que satisfacer el “ego enfermo” de Fidel Castro y alimentar el de Chávez, en su afán de convertirse en el sustituto del anterior y forrar los bolsillos de dólares de unos pocos.

¡Qué torta! Estamos quebrados y a China se le debe hasta el modo de caminar y se les llena la j… hablando de soberanía.

A la izquierda gobernante actual siempre se le han visto las costuras desde los tiempos universitarios de los 60 y 70. En aquel entonces, las clases se interrumpían y suspendían para protestar porque los Estados Unidos peleaban en Vietnam o por cualquiera de las otras “pistoladas” con las cuales se llenaban, y se llenan, los discursos alrededor del “mismo enemigo, los Estados Unidos”.

¡Qué lástima! A estos administradores de ocasión les espera una triste declinación vital y política. Podrán acumular todo el dinero del mundo, pero donde quiera que estén, dentro o fuera de Venezuela, siempre habrá unos digitales prestos a encenderse y sonar, como suenan los habladores cuando los pedido del consumo están listos.

 

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