Opinión Nacional

El estilo de Gaviria

La verdad es que la política colombiana ha hecho de la disquisición declarativa un arte insuperado. El ex-presidente César Gaviria, lejos de ser una excepción, como sostienen muchos de sus coterráneos, es casi una autoridad máxima en la técnica del decir para no decir. Desde luego que no tiene la elocuencia sospechosa de Ernesto Samper, ni la doctrinaria sindéresis de Belisario Betancur, pero este antiguo inquilino del palacio de Nariño de que se las trae , se las trae.

Tres meses llevamos los venezolanos oyéndolo resumir, noche tras noche, los intercambios y guaraleos de la Menea (Mesa de Negociación y Acuerdos). Si alguien transcribiera y compilara sus brevísimas intervenciones, de cuando en cuando «enriquecidas» por tres o cuatro respuestas a la prensa, sin duda que permitiría apreciar una consistencia tan sólida y gélida como un bloque de acero.

Desde luego que la tarea sustantiva del doctor Gaviria se sitúa en el rango de lo difícil a lo imposible. Máxime con las patadas que empieza a propinar Miraflores. En consecuencia, todas sus neuronas diplomáticas deben colocarse al servicio del mandato hemisférico. Pero a estas líneas no interesan tanto las intrincadas negociaciones, como la soltura con que, públicamente, mantiene viva una llama que en puridad todavía no se ha encendido.

Con un atuendo formal pero en algo descuidado, con la corbata de nudo grueso pero sin apretar los cuellos, con una especie de premura que se suspende al momento de hablar, el secretario general de la OEA infunde una franqueza, casi que de pronto inocente, que al cabo de pocos minutos nos tiende a convencer desde el vacío.

Palabras más, palabras menos, sus acotadas declaraciones son ejemplo de una comunicación bien expresada y desierta de contenidos. Es el exacto concepto del espejismo. Un sirloin de lomito relleno de aire. Tan aventajado es el presidente Gaviria, que la desilusión por sus declaraciones del día anterior a veces las compensa con las del día siguiente, y así va, con paciencia de montaña armando las trazas de una negociación que el régimen de Chávez no desea formalizar.

Precisamente por eso es que debe apoyarse la misión de la OEA, ahora redoblada por el respaldo nada despreciable del «Grupo de Amigos» que reúne a los representantes de Lula, Bush, Fox, Lagos, Aznar y Sampaio. Pero más allá de los resultados concretos que puedan obtenerse en lo inmediato, por lo menos se tiene la oportunidad de observar el «performance» de César Gaviria.

En ese sentido, a muchos nos queda la inquietud de que ojalá y en nuestro liderazgo opositor figurarán en primera línea «políticos de raza» como el secretario general de la OEA. Quizás otro sería el cantar en estos inicios del 2003.

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