Opinión Nacional

El extraño caso de Michael Jackson y todos nosotros

A fines de 1999 muchos se preguntaban a quien elegiría la revista Time, famosa por su selección del hombre de cada año, como el personaje que más representaba al siglo 20. La decisión recayó sobre Albert Einstein para resaltar lo mejor de la humanidad (inteligencia, creatividad, humildad y entrega a causas de paz, tolerancia y democracia), al contrario de Adolf Hitler, quien justamente por cualidades opuestas – aunque no dejó de ser perversamente astuto – estaba entre la lista de los posibles elegidos para esa nominación, como icono del milenio.

Me alegró mucho la decisión de la revista Time, aunque en esos tiempos, llegué a escribir un artículo en el cual me preguntaba si la persona que mejor simbolizaba al siglo era el sujeto que hace pocos días cumplió 50 años: Michael Jackson. Pienso que de alguna manera, aún, el precozmente avejentado cantante pop podría simbolizar nuestro tiempo de incertidumbres, falta de definiciones, relativismo moral, forma sobre fondo y problemas de identidad de nuestros tiempos. Al fin y al cabo, estos problemas de identidad son los que conducen a conductas de inseguridad colectiva como el nacionalismo, la xenofobia, los prejuicios, el apego a lo material y la banalización de valores universales como la tolerancia, la libertad y la justicia legal y social.

¿Sabremos algún día si Michael Jackson es negro o blanco; hombre, mujer, o andrógino; si es adulto o niño; si es un artista o se convirtió en el retrató de lo que otros planearon hacer de él; si tiene nobles sentimientos o es un pervertido; en fin, si lo podemos definir de alguna manera, aunque sea, por aproximación? La falta de identidad de este personaje que representa a gran parte de una generación que lo admiró, revela algo sobre la naturaleza humana en tiempos de virtualidad, de instantaneidad, de personas transformadas en productos de consumo y seres despersonalizados. ¿Fue Michael Jackson el icono del capitalismo extremo, al convertirse en un producto que prácticamente cedió su vida privada para convertirse en un espectáculo ambulante, o más bien fue el perfecto símbolo del “hombre nuevo” que anhelaba el comunismo totalitario – y aun algunos de sus admiradores – que terminó perdiendo su individualidad y se masificó, al servicio de una ideología? ¿Se acerca más a los personajes de 1984 de Orwell o de Un Mundo Feliz de Huxley? ¿Es más el Dorian Gray de Oscar Wilde, quien se niega a envejecer, o una metamorfosis de un mundo Kafkiano?
En 1866 Robert Louis Stevenson escribió El Extraño Caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde, novela que trata sobre el desdoblamiento de personalidad del científico, Jekyll – tras tomar una poción de su creación – que lo convierte en el perverso Mr. Hyde. El autor escribió la novela obsesionado por la idea de la dualidad humana, esa la lucha en cada uno de nosotros entre el bien y el mal, entre más de un yo (Algo que Freud analizaría posteriormente con la teoría de la personalidad del “Ello, Yo y Superyó”). Dicen que Stevenson soñó con esa historia y su esposa, asustado por su pesadilla, lo despertó, causando la furia del escritor que le replicó: “¿Por qué me has despertado? Estaba soñando un dulce cuento de terror”
A sus cincuenta años, no sabemos si Michael Jackson vive en un dulce o amargo cuento de terror, y si nosotros, al considerarlo como un icono, compartimos junto a él, algo de la esquizofrénica identidad de nuestros tiempos.

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