Opinión Nacional

El fantasma del caracazo

La historia es caprichosa no coincide exactamente con los aniversarios y se alimenta de múltiples variables que van más allá de los calendarios. ¿Quien afirma que el siglo XXI se inicia con el término del siglo XX?; puede ser afirmativo para algunos países, para otros países no se podrá decir lo mismo, en el caso de Venezuela un brillante pensador merideño pontificaba con certeza que el siglo XX comenzó en nuestro país en 1936.

En definitiva los hechos son relativos depende como lo asuma una colectividad para determinar el destino de una región, de un país entero. En tal sentido los hechos de febrero de 1989 para nuestra historia no pueden ser exorcizados, ni desechados al olvido de la Peste, por que están muy presentes, son la encomienda al actual régimen de asumirlos y como tal son tarea pendiente.

Resulta que al pueblo venezolano no sólo no le ha ido bien en este periplo de 10 años en nombre de revolución y socialismo, es que la penitencia está asociada al viernes negro de febrero de 1983. A partir de esta fecha la riqueza nacional comenzó a repartirse de peor manera y los partidos y los gobiernos de la época no entendieron que la procesión andaba por dentro y se hicieron lo sordos a la voz de Dios, en este caso del pueblo.

El gobierno de Jaime Lusinchi fue patético al respecto, intentó remediar la situación implantando bonos compensatorios que no eran salario para el patrono privado y el Estado, para luego demostrarse años mas tarde jurídicamente que formaban parte de la esmirriada remuneración laboral. Ello fue el alimento entre otras tropelías del rencor popular, ante las medidas del Paquete Económico de CAP en su segundo mandato de 1989.

Las jornadas de febrero de 1989 demostraron a todos los gobiernos del continente americano y al Fondo Monetario Nacional que con los santos no se juega, en clara alusión a la economía y al estómago de la gente. Al Presidente de la época CAP le tocó vivir la gota fría de un pueblo alzado y cansado de ver el festín y no ser convidado a la mesa. De aquellas jornadas fatídicas no se pudo recuperar su gestión, a tal punto que fuera desalojado del poder en mayo de 1993.

Estas lecciones de nuestra historia nacional no han sido asimiladas por los gobiernos posteriores al Caracazo y mucho menos por el actual Presidente Chávez. Este cree que sus habilidades de predicador tropical son suficientes para entretener a un pueblo esperanzado en trabajo digno, en condiciones de vida decentes, en vivir en democracia y libertad.

Del mejor redil y al más avezado cazador le salta una liebre. No haber interpretado gobernante alguno la psicología colectiva que llevó al alzamiento de febrero de 1989 es el reto para lograr la gobernabilidad necesaria, si no estará expuesto a un nuevo sacudón, como aquel que estremeció a una nación entera hace ya dos décadas, y que hoy está tan presente como ayer.

Movimiento Laborista.

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