Opinión Nacional

El futuro

Por lo menos en el campo teórico Venezuela atraviesa por esos momentos que preceden el inicio de la interpretación de una sinfonía. Cuando se
afinan los violines, los timbales, los fagots, y todos los instrumentos de la orquesta. Una desarmonía de expectante emoción antes de la ejecución del conjunto orquestal. Una vez que se instrumente la (%=Link(«/bitblioteca/anc/constitucion1999.asp»,»nueva Constitución»)%), se reglamente su contenido, aparecerá un amanecer de suaves tonos
que se acentuarán lentamente, como los de Vivaldi en la Primavera. Todo depende del director de la orquesta y de la armonía de conjunto.

Lo antilírico es lo que sucede actualmente, en la antesala de unas elecciones. Se afilan dagas, se amuelan puñales, se aceitan los fusiles, la ira afluye con su baba viscosa como de perro rabioso, las bajas pasiones humanas bullen como lava incandescente. La lucha por el poder exacerba los males del espíritu, como en los poseídos por el demonio, que se calmarán, como exorcizados, una vez concluyan las elecciones.

A partir de entonces, vueltas las aguas a sus cauces, recuperada la normalidad, se impone la concordia, la sensatez. Tanto el Gobierno, como sus actuales enemigos, tienen que buscar la armonía. Venezuela necesita, sedadas las pasiones, la conjunción en el trabajo de todos sus hombres para reconstruirla. El venezolano, por medio de la política ha destruido el país y somos todos nosotros quienes podemos salvarla. Las condiciones están dadas, una vez que se restablezcan sus instituciones y cuanto prevé la nueva Constitución.

Las organizaciones más avanzadas de la sociedad, cuya esencia son la paz, la humanización y el amor, como la Iglesia Católica, están llamadas a contribuir e imponer la concordia y el Gobierno que cuenta con las herramientas para desarrollar el país debe ser el primero en propiciarla, con los brazos abiertos, como lo simbolizó Bernini cuando construyó las columnatas que de lado y lado salen de la basílica de San Pedro, en Roma, para darle acogida a todos los hombres del mundo, cristianos o paganos.

La ejecución del contenido de la nueva Constitución, por parte de la próxima Asamblea Nacional, será el inicio de la culminación del proceso de transformación que ha comenzado con la nueva política y que despejará los escombros en que se ha convertido el país, luego de cuarenta años de errores y de destrucción. Perder la oportunidad que se nos abre sería obra de fuerzas infernales, no de quien ame al ser humano, al pueblo y rinda culto a la creatividad que ofrece la situación —hoy enrarecida con el smog electoral— y el potencial del país.

A partir de las próximas elecciones, Venezuela será otra. Política e institucionalmente habrá cambios sustanciales, ya iniciados, por acción
natural, pero muy superficialmente, con el debilitamiento y casi extinción de los partidos políticos que durante décadas constituyeron las causas del atraso y perversión del país y no por la aplicación de las transformaciones profundas que contiene la nueva Constitución.

Unas de las más sabias normas que incluye el nuevo texto constitucional son las establecidas en las disposiciones transitorias tercera, cuarta,
quinta y sexta, en las cuales se obliga a la Asamblea Nacional a dictar las leyes, en lapsos taxativos, sobre todas las reformas que contiene la nueva Constitución; desde seis meses hasta el término máximo de dos años de la publicación de la Carta Magna, donde establece: “(%=Link(«/bitblioteca/anc/constitucion1999.asp#transitoria6″,»En un lapso de dos años legislará [la Asamblea Nacional] sobre todas las materias relacionadas con esta Constitución»)%)”, so pena —la interpretación se desprende del texto— de su disolución, bien por acto ejecutivo, previa exégesis del Tribunal Supremo o bien por referéndum.

En el proceso eleccionario que se lleva a cabo no privó la Constitución vigente, sino las normas transitorias, como era lógico, dictadas por la
Asamblea Nacional Constituyente. Es lo que explica que los candidatos a los cuerpos deliberantes hayan sido escogidos por las máximas
autoridades de los partidos, asociaciones o motu proprio y no por decisión de las masas ((%=Link(«/bitblioteca/anc/constitucion1999.asp#067″,»artículo 67»)%)) de esas organizaciones, mediante elecciones internas, bajo el control del organismo electoral nacional.

La nueva Constitución contiene reformas que podrán dar un vuelco a la situación venezolana, en las áreas fiscales, agrícolas, económicas,
jurídicas, educacionales, políticas, industriales, sociales, y en la manufactura de los recursos naturales, a fin de crear permanentemente fuentes de trabajo; en la esfera de los monopolios, de la posición de dominio de las empresas y de la demanda concentrada (monopsonio y oligopsonio) en fin, un cúmulo de políticas novedosas que permitirán una transformación sustancial de la vida nacional. Hasta ahora, la única reforma de envergadura que se ha iniciado es la reforma judicial, que en el término de pocos meses, con la evaluación y concurso de los jueces, convertirá al Poder Judicial en unos de los más confiables en todo el continente.

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