Opinión Nacional

El gobierno bolivariano y revolucionario: Paradojas y contradicciones

Tres raíces ideológicas constituyen la fuente del proyecto político del Presidente Constitucional Hugo Chávez Frías: Simón Bolívar, Simón Rodríguez y Ezequiel Zamora. Estos personajes alimentan su espíritu y está convencido de ser el líder político del Tercer Mundo que liberará a la humanidad del dominio imperial estadounidense. El mesianismo es un rasgo que define a todo líder impregnado de elementos religiosos y teológicos. Es la vieja creencia de la cultura hebraica sobre el catastrofismo y el milenarismo. Es el fin de los tiempos y la llegada de la esperanza celestial para volver a las brisas del paraíso.

En todo caso, Simón Bolívar fue un hombre que defendió la sociedad liberal y quiso morir en la Inglaterra del capitalismo clásico. Simón Rodríguez le encantó la revolución industrial y vio en los talleres industriales la actividad más importante para promover el progreso material. Y, Ezequiel Zamora, héroe de la Guerra Federal, según el historiador venezolano Adolfo Rodríguez fue un terrateniente que tuvo múltiples negocios y fue un excelente prestamista. Jamás pensó en una reforma agraria con el fin de repartir la tierra a favor de los campesinos venezolanos. En otras palabras, las tres figuras que simbolizan las tres raíces, según las creencias de Hugo Chávez Frías, fueron los representantes genuinos de una República liberal y civilista.

Por lo tanto, las creencias políticas y religiosas del Presidente Hugo Chávez Frías están imbuidas de una cultura estatal, cuyos orígenes se encuentran en el espíritu de la monarquía española de origen absolutista y mercantilista.

Ello, cristalizó con el pensamiento político que se consolidó y fortaleció a lo largo del siglo XIX venezolano y se caracterizó por ser estatista y crítico de la revolución industrial y del liberalismo económico. Posteriormente, el Estado rentista y las más diversas corrientes ideológicas profundizaron el rol del intervencionismo en la sociedad. Por lo que la conciencia histórica y el Estado propietario expresan la naturaleza del intervencionismo estatal en Venezuela. La renta le da y le seguirá dando una singularidad histórica al Estado venezolano y se requerirá de una teoría política y económica que devele los atributos de una sociedad que depende de la cantidad de petróleo en el subsuelo y de los precios del barril de petróleo en el mercado internacional. Por cierto, en estos últimos diez años del gobierno bolivariano y revolucionario fracasó un esquema de estatización y de socialización de la producción mediante el cooperativismo, la cogestión y la propiedad social.

La creación artificial del socialismo del siglo XXI desde el poder será un fracaso rotundo. Ni el socialismo ni el comunismo se decretan. Mientras se intenta profundizar el modelo de socialismo del siglo XXI, paradójicamente se promueve el consumo, los negocios y se siembra el petróleo en unos cuantos países de América Latina. Es decir, la siembra del petróleo en el país y en el Tercer Mundo genera más consumo, más intercambio y más actividades económicas capitalistas.

Por otro lado, Hugo Chávez Frías consideró la constitución de 1999 como la mejor del mundo. Sin embargo, la bicha resultó incómoda y problemática. ¿Por qué ese cambio tan radical? ¿Qué pasó? ¿Acaso es que tuvo en mente la reelección, el fin de las autonomías regionales y la necesidad de incorporar un artículo que señale que Venezuela se convertirá en un Estado socialista? El 2 de diciembre del 2007, el pueblo venezolano dio un NO rotundo a un proyecto totalitario que pretendía abolir la representatividad, la propiedad privada e instaurar el socialismo y la democracia comunal. Y, de nuevo el Gobierno bolivariano hace esfuerzo para continuar con la fantasía del mar de la felicidad mediante la Ley Habilitante. No obstante, la bicha esta viva y encarna un hondo sentimiento democrático y civilista.

La necesidad de crear un partido único desde el Poder Ejecutivo entra en contradicción con el espíritu pluralista, democrático y protagónico que ha caracterizado las más diversas fuerzas políticas y sociales del movimiento Quinta República.

Es innegable que el gobierno Bolivariano y Revolucionario ha utilizado parte de la renta petrolera para mejorar la condición de vida de los más pobres, olvidados por la vieja sociedad política. Las misiones y un conjunto de bancos populares han contribuido a que la riqueza petrolera llegue hacia los más necesitados y MERCAL es parte de esa función del Estado en abaratar mediante subsidio una serie de bienes y servicios. Pero, el grueso de la renta petrolera se ha concentrado en la banca, en el comercio, en el negocio de los bonos de la deuda pública y en el nacimiento de un sector empresarial de sello bolivariano.

Asimismo, se ha generado a lo largo y ancho del país la protesta política de un pueblo que reclama enérgicamente un conjunto de demandas que no han sido satisfechas por la ineficiencia y la incompetencia de la burocracia bolivariana estatal, regional y local. Una de las paradojas que ha caracterizado al gobierno revolucionario, ha sido la corrupción que se ha profundizado a lo largo de diez años. Es evidente que desde el punto de vista ético esté fenómeno pone en tela de juicio un supuesto modelo del socialismo siglo XXI. Y, fue una de las razones por la cual surgió el movimiento bolivariano contra un sistema político corrupto en los últimos cuarenta años de democracia.

De igual modo, El proyecto bolivariano y revolucionario impulsó una revalorización de la historia de Venezuela desde una perspectiva política e ideológica. A través de los medios de comunicación, el Presidente de la República creó una versión historiográfica oficial al servicio de los desposeídos. Es un tipo de historia que intenta inculcar en la mayoría de los pobres una forma de identidad cultural para elevar la autoestima del venezolano. En esa versión sobre la historia, el Presidente rescató los elementos épicos y guerreros de la figura del Libertador Simón Bolívar y como militar le atrae esos símbolos y la imagen mesiánica. Es una historia popular y militar. Por supuesto, no es la historia civilista ni republicana del padre de la patria. Mientras ataca al capitalismo, la renta petrolera promueve más mercado, más negocios y más corrupción. Es decir, las fuerzas del capitalismo global impiden un proyecto político que intenta construir una economía endógena, de trueque y bolivariana.

En fin, la globalización, la renta petrolera y el espíritu democrático venezolano impedirán el llamado socialismo del siglo XXI que busca a través de la imagen de Cristo hacernos más pobres y nos inculca la idea de que “ser rico es malo”. Mientras se hace alarde de estas imágenes, otros se enriquecen y los viejos países socialistas abrazan con alegría los beneficios del mercado para salir de la pobreza. Paradojas y contradicciones de un discurso radical que favorece el capitalismo y empobrece a los hijos de cristo.

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