Opinión Nacional

El hedor de las botas y la desmemoria

Chávez conduce a Venezuela bajo códigos de estricta naturaleza militar. El grueso hedor de sus botas y las de algunos de sus indignos sirvientes castrenses, parecieran desparramarse hirviendo por nuestros cuerpos con la intención deliberada de causarnos la ingrata sensación de que nos envuelven en un denso y espeso chaleco de asfalto.

Versión decimonónica de la guerra y la intolerancia inyectadas de la misma visión epopéyica que busca no sólo destruir el país – donde les ha ido bien- sino su memoria. En específico, la que toca a sus aspectos virtuosos, afortunados.

La buhonería masiva- escribía un amigo- si bien reflejaba la existencia de una economía enferma, tenía también otra lectura vinculada al muy particular espíritu de tantos compatriotas de no dejarse doblegar por la adversidad, ni arrastrase en lo mísero, mostrando voluntad emprendedora y una singular vitalidad empresarial cuyo objetivo primario la dirige a llevar a su familia hacia una vida mejor y en la búsqueda de confort; llámese esto capitalismo o sentido de superación, es irrelevante. Lo que si es acertado, es no despreciar esta observación como un antídoto de resistencia del deseo militarista de imponernos un jefe único y un Edo tutelar y uniforme.

Vale la pena escarbar, con esto de «Barrio Adentro», en las huellas de nuestra identidad con la finalidad de reafirmación y estímulo hacia el futuro, pues no todo en el pasado fue violencia, milicia y fracaso siendo capaces de realizaciones asombrosas.

En el campo de la planes sanitarios sin la ayuda de la invasión de médicos foráneos, excluidos de ellos el despilfarro y dispersión de recursos hoy malbaratados por el «comandante alegre de la chequera», se produjo una genuina revolución médico- sanitaria. Es notable que «entre 1940 y 1960, la población venezolana rebajó en casi 70 puntos (68,8) la tasa de mortalidad infantil y aumentó en 20,5 años su longevidad promedio. Esos logros representaron récords mundiales. Ninguna población en el mundo alcanzó esas cifras combinadas en tan corto tiempo».

Actualmente se evalúa una mortalidad por lapsos mensuales , de 20 niños por cada mil nacidos vivos.

La emigración a las ciudades, el aumento de la población, de la pobreza, el clientelismo político y la corrupción manifestaciones todas ellas relacionadas con el deterioro de la gestión pública fueron erosionando con intensidad criminal a partir de 1970 los servicios de salud pública en el país.

Ha sido una verdadera catástrofe que el impulso inicial ya señalado y que produjo un sistema de salud estructurado y bien planificado hacia el futuro, se haya venido al suelo paulatinamente, todo ello a pesar de que los presupuestos en ese sector se fueron incrementando casi en progresión geométrica.

Lo que se hace inaceptable, ya no es sólo la negación de ese pasado y la posibilidad de restaurar sus logros con personal venezolano-acción viable y urgente-, sino las mentiras de Castro y Chávez en cuanto a encubrir, bajo el pretexto de conquistas en esta materia, la propagación de su ideología chatarra y los manejos abusivos y autoritarios con que marcan el ejercicio de su poder.

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