Opinión Nacional

¿El hombre nuevo?

No es una teoría, en propiedad. No es una especulación científica. No es una suposición racional. Ni siquiera es un concepto. Es una figura, una manera formal de disfrazar una verdad, cuyo descubrimiento conduciría a un rechazo universal de la “idea”. Su autoría corresponde a uno de los “ídolos” más controversiales del activismo político del Siglo 20. Nada menos que al inspirado gaucho que dio resonancia al peculiar socialismo de la Revolución Cubana. Al “Che”, a Ernesto Guevara, al severo jefe de la Cárcel de La Cabaña, en cuyos muros se sacrificó a centenares de inocentes, vilmente fusilados, acusados de “contrarrevolucionarios” y condenados a muerte en los célebres juicios “sumarísimos” que dieron paso a la más sangrienta de las dictaduras latinoamericanas. Vale la pena visualizar la figura que envuelve esta expresión. El Hombre Nuevo, ahora en lugar preeminente, en el discurso de nuestro Presidente Chávez. El Hombre Nuevo, el cual, seguramente, va a sustituir al “hombre viejo”, como individualidad ideal en una sociedad revolucionaria, en tránsito hacia un estado de plena justicia y de igualdad social y económica. Ni a los exigentes teóricos de la revolución rusa, ni a los fanáticos del nazismo, ni a los flemáticos fascistas de Mussolini, se les ocurrió la idea de crear una figura representativa de un propósito tan truculento. Arrancar de la memoria y de la cultura, adquiridas por cada uno de los integrantes de una sociedad, todos los valores de su condición humana, social, familiar, religiosa, para colocar en su lugar, en sus mentes, en sus espíritus, la “robotizada” voluntad del “revolucionario”, del que no se pertenece a sí mismo, bajo el supuesto de que todo lo que es, se lo debe al “proceso”, para convertirlo, en realidad, en un simple esclavo del Estado, del Régimen, del Nuevo Orden de Cosas, aplastando la totalidad histórica y anecdótica del pasado, de la nacionalidad e hipotecando de antemano el futuro, el cual nunca llegaría. Ni siquiera Malthus (Tomás Roberto), el categórico inglés, quien, quizás con mayor acierto, previó el surgimiento de la pobreza moderna y promovió su teoría de la limitación del crecimiento poblacional para combatirla, llegó a los extremos inhumanos del Hombre Nuevo del Che Guevara. Figura copiada, burdamente, por nuestro “espectacular” líder del Siglo 21, probablemente respondiendo a su creencia de que las madres populares venezolanas, en fanático entreguismo, le darán a la Revolución sus hijos, para que sus enjundiosos maestros los eduquen y hagan de ellos

los Hombres Nuevos que reclama la Patria Socialista. Aún cuando se pudiera pensar que, en su frenético discurrir de lunático recurrente, Chávez sencillamente peca de ignorante, o de ingenuo, cuando propone el supuesto concepto del fusilero de La Cabaña, para mejorar la calidad del revolucionario venezolano, su sola mención pasa de ser un atrevimiento inmoral, para transformarse en un delito de lesa humanidad, el cual deberíamos rechazar y combatir con la mayor contundencia posible. ¿El Hombre Nuevo?. ¿Sabemos, de verdad, que significa esta expresión?. ¿No será necesario que lo expliquemos, con claridad y apoyado en hechos concretos, acaecidos en nuestra historia reciente, principalmente a los adictos a la aventura chavista?. ¿A los primeros que serían o están siendo transformados en Hombres Nuevos?. Ninguna de las otras locuras del Régimen, ni siquiera la referida a la “seguridad alimentaria”, en nombre de la cual se está acabando con la productividad del agro y destruyendo el principio de la Propiedad Privada en el campo; ni la de la ampulosa “responsabilidad social” atribuida al resultado del trabajo de los medios de comunicación, en flagrante amenaza a la libertad de expresión, es tan grave como la del Hombre Nuevo, efecto fascinante que podría liquidar para siempre, entre otras cosas, la vigencia de la Patria Potestad, en un estado “revolucionario” que castraría a los Padres y a las Madres de los Hijos venezolanos y acabaría con toda posibilidad de impulsar el País hacia un futuro más o menos cierto. ¿No seríamos también, nosotros, los que no estamos del lado socialista, cómplices de tan nefasto propósito, cuando dejamos que el Señor Presidente repita, una y otra vez, la perversa expresión del Hombre Nuevo y lo dejamos pasar, con frivolidad, sin frenar lo pavoroso de su significación?. Dejamos esta pregunta a la intimidad de sus conciencias y solamente les pedimos que se la respondan en silencio, pensando tanto en sus hijos, como en sus antecesores, quienes les dieron el derecho a la vida que han vivido y a la vida que, con todas sus vicisitudes, sus limitaciones y sus esperanzas, hoy viven y la vida que, a pesar de todo, seguirán viviendo.

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