Opinión Nacional

El imperio conspira

El gobierno de Bush se reveló públicamente al mundo. De manera determinante, ha despejado dudas e incertidumbres acerca de su participación en los intentos desestabilizadores en Venezuela. Busch quiere salir de Chávez, ya que para los intereses vitales de EE.UU., Chávez preside un gobierno hostil. La instalación de una Oficina para Iniciativas de la Transición (OIT) en la embajada de Caracas, es la comprobación de las hipótesis. Decisión que determina el carácter intervencionista de los EE.UU. Hecho que constituye una prueba para los congresistas norteamericanos que investigan la participación del Departamento de Defensa en el golpe del 11 A.

Si se hizo público la apertura de esta oficina, es porque lo encubierto es mucho mayor. Lo encubierto tiene que ver con la operación de los organismos de inteligencia norteamericanos y sus actividades secretas: vínculos con factores del poder nacional, aportes de recursos a la sociedad civil, respaldo a gremios, asesoría a ONG’s, formación ideológica; es decir, todo lo que se relaciona con el fortalecimiento de la oposición para conspirar contra el gobierno.

Para EE.UU., el mundo entero es su gran teatro de operaciones. Por lo que, a su libre discrecionalidad, pueden intervenir en cualquier lugar del teatro. Solo necesitan consideran que están en juego sus intereses vitales para decidir esa intervención. Mercados y recursos estratégicos forman parte de esos intereses. Venezuela cumple con ambos enunciados. Además, también es vital para EE.UU, impedir la formación de coaliciones regionales que le sean hostiles. Un gobierno nacionalista, que mantenga el principio de la autodeterminación, que rechace la hegemonía del imperio y que abogue por una integración bolivariana, es considerado subversivo. Y será en extremo peligroso, si es visto con simpatía por otras naciones hermanas de la región.

Su comportamiento hegemónico obedece a su condición de imperio. EE.UU., es hoy el principal recipiente de la riqueza capitalista. Un estudio reciente llevado a cabo por el «Financial Times» sobre las compañías más grandes del mundo, revela que entre las primeras 500 compañías, 244 son de EEUU, 46 de Japón y 23 de Alemania. Toda Europa junta suma 173. Cifra muy inferir a la de EE.UU. De estos datos destaca que, de las 25 multinacionales más grandes, aquellas cuya capitalización excede los US$86 billones, la concentración de poder económico de EEUU es aún más clara: 70% son de EE.UU., 26% son europeas y 4% son japonesas. Dado que las multinacionales controlan el comercio, los préstamos y las inversiones, es EE.UU., quien emerge como la potencia dominante.

El poder financiero se concentra aún más: de los 13 bancos de inversiones más grandes, 11 pertenecen y son dirigidos por EE.UU. Esto hace que su aporte a las «instituciones financieras internacionales» (IFI) como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), sea significativamente mayor. Hecho que incide en el control de todas las decisiones que estos organismos adoptan. Decisiones que siempre van a beneficiar a las multinacionales, para establecer así un control económico mundial. Poder que le permite intervenir y establecer regímenes en todo el mundo que le sean favorables.

Poder económico, lengua y moneda de uso universal, imposición de valores culturales, control comunicacional y fuerzas militares ultrapoderosas, definen los rasgos del imperio. Con tremendo poder acumulado, EE.UU ejerce el dominio mundial y no va a permitir que aparezcan focos que afecten su supremacía global.

En esta coyuntura está Venezuela. Pero, para el mundo, EE.UU., aparece como el villano. Porque el gobierno de Venezuela es legítimo, sustentado en un ordenamiento jurídico aprobado mayoritariamente y sin contar en su haber con represión ni suspensión de garantías. Además, sustentado por una gran masa del pueblo que derrotó los intentos iniciales de tumbarlo. Pero el imperio no se rinde, ni agota las vías para salir de Chávez. Lo ha reconocido abiertamente con la instalación de esta oficina. No obstante, si cuando ocurrió la sorpresa del 11-A no logró su meta, ahora, que el gobierno está prevenido y alertado, le va a ser muy cuesta arriba lograrlo. Para eso está el pueblo, su proceso y sus esperanzas de implantar un nuevo sistema político.

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