Opinión Nacional

El Imperio contraataca

Cuatro soldados caídos. Cuatro guerreros que cayeron seducidos por el lado oscuro de la Fuerza. Y es que al parecer, hombres y mujeres, son presa fácil del Imperio cuando rondan los treinta años y, cualquiera que sea la razón de sus decisiones, entran en una especie de negación de lo que han sido y justifican con cualquier argumento la elección del matrimonio.

La resistencia se debilita y cuatro de los más fuertes miembros renuncian a la Fuerza y se vuelven al lado Oscuro.

P.I.J.: Profesional de informática. 33 años. Divorciado a los 21, hedonista. Parecía tener un pacto tácito de mantenerse soltero mientras existieran mujeres necesitadas de afecto y atención. No se consideraba a sí mismo como un hombre infiel. Más bien se sentía como un misionero que llevaba el amor a cuanta mujer pudiera. Era un buen samaritano que le levantaba el autoestima a las mujeres, casadas y solteras, que se sentían menospreciadas por el sexo opuesto. Pero desde hace un par de años, una turbulencia en la Fuerza, lo hizo pensar en la posibilidad del «hasta que la muerte nos separe» y conoció a una chica a quien le propuso matrimonio a los pocos meses de estar saliendo.

C.M.: Economista, empresario, 35 años… exsoltero.

Guerrero caído en el ocaso del año 2006. A pesar de llevar una vida de soltero aparentemente gloriosa, a pesar de aparentar estar disfrutando de su vida de soltero exitoso, no resistió el lado oscuro de la fuerza y cayó.

Un reencuentro con una ex, acompañado de la famosa línea «ya yo sufrí contigo la primera vez, yo no voy a perder tiempo contigo, ya yo sé lo que quiero», fue suficiente para que este soldado se comprometiera en pocos meses.

V.V.J.: Ingeniero, hedonista, 35 años. Decía que él no se casaba ni loco, pero se casó cuerdo. Conoció a una chica «diferente» a todas y se comprometió en cinco meses. Lleva tres meses de casado y extraña las conversaciones inteligentes, los arranques de espontaneidad y aquellas noches de desvelo con un buen libro y un puro. Se perdió los cuartos de final de la Champions y ya la esposa odia el olor de su habano. Descubrió que se casó con una mujer y ahora vive con otra.

Vd..J.C.: Economista. 28 años. Asquerosamente exitoso con las féminas. Otro misionero del amor. Parecía un soldado comprometido con la lucha hasta que, dice él, se enamoró y abandona el movimiento para unirse al lado oscuro en los albores del próximo año.

Como Yo soy una ociosa, hace un par de meses me dio por calcular con una sencilla ecuación ¿cuál es la probabilidad de ser infiel en un matrimonio? Con una pequeña muestra de 128 hombres y 93 mujeres, hice una pequeña estimación… cosas que uno hace para distraerse. Resulta que el 95% de los hombres y el 63% de las mujeres han sido FÍSICAMENTE infiel. Y si resalto el FÍSICAMENTE, es porque el cacho imaginario es mucho más frecuente. Todos los hombres y casi todas las mujeres admitieron que, al menos una vez en su vida de casados, han tenido sexo con su pareja o se han masturbado pensando en un tercero.

Curiosidades de la vida. El modelito de bodega me indicó que los hombres tienden a ser infieles antes del primer año de matrimonio, mientras que las mujeres lo son después del segundo año.

Me pareció genial saber que una inmensa mayoría de hombres, que le han sido infieles a sus mujeres, creen que ellas serían incapaces de hacer lo mismo; mientras que las mujeres están plenamente convencidas de que sus esposos ya habrán echado su canita al aire. Parece que el primer cacho es el difícil de montar, incluso el segundo, después de eso se pierde hasta el sentimiento de culpa y se asume que la infidelidad es algo inherente a la naturaleza humana y no necesariamente tiene que ver con los sentimientos, sino es un simple acto físico. Sin embargo, lo de personar el cacho ya es harina de otro costal. Aunque se haya sido infiel, perdonar la infidelidad de la pareja no está entre los planes.

Lo tierno del asunto es que todo el mundo, o casi todos, se casan pensando en el «felices para siempre». No conozco a nadie -aunque debe haberlos- que se haya casado pensando que lo más probable es que la infidelidad se presente en su vida matrimonial en algún momento y que él será infiel y su pareja le será infiel algún día.

El matrimonio se vende como un producto que emula el final feliz. Un final feliz que nunca llega porque, en las relaciones humanas, no hay finales, hay procesos evolutivos. Ni el matrimonio, ni los hijos, ni cuando los hijos se casen y se vayan… nada de eso es un final. Todo es un nuevo comienzo cargado de capítulos precedentes, a su vez, cargados de errores y aciertos y hasta de acertijos que van quedando sin respuesta. Y mientras evolucionan las relaciones, mientras todos esos punto y aparte se suceden, los seres humanos van cambiando y evolucionando como individuos, a veces a un ritmo diferente a la evolución de la relación de pareja.

¿Por qué la gente se casa? A pesar de la alta tasa de divorcios, a pesar de las historias de fracasos matrimoniales, a pesar de los cuentos de matrimonios de papel acompañados de vidas separadas, la gente se sigue casando. ¿Es miedo a la soledad? ¿Es miedo a envejecer solo? ¿Necesidad de reproducción de la especie? ¿Será que a la gente le atrae la idea de despertarse al lado de la misma persona por el resto de sus vidas? Tal vez sea que algunos sienten que encontraron a una persona con la que pueden evolucionar juntos y retornar a la Fuerza.

Yo sigo tomando un vino y fumando un puro mientras pienso en los guerreros caídos que, seguramente, pasarán a formar filas en el lado oscuro y a salir con parejas casadas, a reunirse con parejas casadas, a ir a los teatros con parejas casadas y a hacer esas cosas que terminan haciendo de dos individuos uno solo… como un siamés que sólo anda con siameses. Veré a través del humo de mi habano como estos soldados van cayendo como otros que los antecedieron y se van perdiendo en esa vida de dos que ya no permite ser uno sin que el otro se encabrone. Escucharé un Réquiem por los futuros ausentes.

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