Opinión Nacional

El juego perfecto de Armando Galarraga

El béisbol desde los albores de su nacimiento ha sido siempre un juego animado y glorificado por las estadísticas.  En él se expresan en números el desempeño técnico de los participantes, sus logros y desaciertos, para de este modo dar vida a los héroes del deporte y perpetuar sus hazañas en los libros de records. Los fanáticos del béisbol al igual que ver los juegos, aman recopilar y examinar los números, analizarlos, y más difícil aún, interpretarlos con vistas a formarse una idea sobre el valor intrínseco (quiero decir, no el valor del contrato) de cada jugador. Ahora bien, para que los libros de records del béisbol tengan alguna validez, tienen que estar fundamentados en la verdad, en lo que ha ocurrido o para decirlo en palabras más claras, en lo que ha tenido existencia real en los estadios.

Hago referencia al out 27, que consiguió Armando Galárraga en el juego conocido por todos y que un árbitro erróneamente sentenció como safe. Ocurre entonces, que el Comisionado de Béisbol de los Estados Unidos de América, el Sr. Allan H. (Bud) Selig   manifiesta, que aún cuando el arbitro ha reconocido que él se equivoco, y más todavía, que todos los seguidores del juego han visto en el estadio y en las repeticiones del filmado, que el corredor fue out en la primera base, se debe mantener la sentencia errónea “porque esas son las reglas del juego” La sentencia del arbitro no puede ser modificada.

Permítaseme expresar en primer lugar, que el documento del señor Bud Selig, es uno de los escritos más inconsistentes, por no decir disparatados, que he leído en los últimos  tiempos: “la sentencia de un arbitro del béisbol no puede ser modificada, porque los errores de los seres humanos forman parte del juego mismo”. Por favor, que razonamiento más insustancial. Su falta de fundamento consiste en que por encima de la verdad y la justicia no existe regla válida alguna. Nunca ha existido, ni siquiera en las religiones y menos aún en el juego de béisbol. Para citar un ejemplo, el cristianismo como religión tiene su fundamento en una verdad: la resurrección de cristo. Tres días después de su muerte apareció el sepulcro vacío. Si los enemigos de Jesús hubieran tomado su cuerpo, lo hubieran mostrado como una prueba de su mentira, de su engaño: no resucitó, aquí esta su cuerpo. Por el contrario, si los seguidores de Jesús, hubieran ocultado su cuerpo para decir que resucitó, que sentido tenía morir por una mentira, todos fueron mártires. Todos los primeros seguidores de Jesús fueron martirizados, ellos murieron por una verdad: la resurrección. Sin resurrección no hay cristianismo.

Ninguna actividad humana puede estar por encima de la verdad y la justicia, por esa razón cuando los fanáticos del béisbol se enteraron que Bud Selig negó a Armando Galárraga el juego perfecto sintieron una gran tristeza, porque el problema más dramático detrás de la deformación de la realidad, no es tanto el conocerla como la realidad impuesta a la fuerza, sino porque esa realidad no es otra cosa que una mentira. En la teología del cristianismo existe solo una virtud que está por encima de la verdad y la justicia, es la misericordia. En la famosa escena de la adultera a la que van a lapidar, Jesús después de advertir “aquel de vosotros que no tenga pecado, sea el primero en tirarle la piedra”, se dirige a la mujer y le dice “yo tampoco te condeno”. Esta es la misericordia distinta a la verdad y a la justicia. Con su decisión Bud Selig demostró que es un hombre que no defiende la verdad, no hizo justicia a Armando Galárraga y no tuvo misericordia con millones de fanáticos del béisbol que tienen la ilusión de contar con records apegados a la verdad. Su comportamiento fue el de un político, que se cree más allá del bien y del mal, por encima de la verdad, la justicia y la misericordia. Por eso un fino humorista anónimo, con gran acierto acuño la siguiente frase: “el mago hizo un gesto y desapareció el hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo otro gesto y se acabó la guerra. El político hizo un gesto y desapareció el mago”. Pues bien, Bud Selig con un gesto desapareció la magia y la belleza del más perfecto juego de béisbol que tejió Armando Galárraga.

 

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