Opinión Nacional

El lamentable clima que vivimos…¡

«Ese espectáculo de la gallina -la que ejecutó sin misericordia el pueblo llano ante las puertas del CNE- demuestra el lamentable clima que vivimos», según lo dijo Javier Elechiguerra, antes de agregar que lo ocurrido «fue una salvajada, un acto de primitivismo puro».

Pues bien, este «lamentable clima» es, en efecto, lo único predicable como saldo de la comedia trágica hacia la que nos ha conducido la intolerancia y el personalismo político practicado por el régimen; amén de la cínica incapacidad de Etanislao y de sus omnipresentes colegas «emeverristas» en el Poder Electoral.

Esto, dicho con la igual crudeza a la que apela el Fiscal, mal podría declararlo como verdad el Gobierno. Lo cual es humanamente explicable. Pero, decir, como lo dijeron y lo afirmaron al unísono los líderes de la V República, que los venezolanos debemos celebrar alborozados el triunfo final de las instituciones en el país, dada la paralización de las elecciones y su inevitable homologación – que fue sólo eso, una homologación – por el Tribunal Supremo de la República Bolivariana, expresa un harto caradurismo. ¡Cuán distante estamos, por cierto, de aquel Chávez del 4F, cuya virtud y cuyo encantamiento transitó por esas – sus breves y muy lacónicas – palabras ante el país: Asumo la responsabilidad por el golpe y sus lamentables consecuencias humanas!

La lección de lo acontecido huelga por elemental: Ni Chávez ni sus conmilitones quisieron entender a tiempo, y a raíz de las jornadas eleccionarias de noviembre y de diciembre de 1998, los signos indelebles de la voluntad popular entonces expresada. El país les pidió liderizar un cambio profundo en la conducción política venezolana, pero con la presencia de todos los venezolanos, dentro de un clima de plural convivencia, y sin el dominio o el atropello de ninguno de los actores políticos por sobre los otros.

He aquí, de consiguiente, la razón cierta del lamentable clima que vivimos y del manifiesto fracaso del órgano encargado de las elecciones: éste fue electo a dedo por una Asamblea omnipotente y practicante del «dedofijismo»; que para ello irrespeto el novísimo texto constitucional aprobado por el soberano, y contando con el aval sin reservas del propio Tribunal Supremo. Y, por si faltaba poco, animada por un Presidente enemigo del diálogo y que sólo le ofrece a sus adversarios «plomo parejo».

Así las cosas, que el principio de Peter encuentre hoy su mejor emblema en el CNE, es intrascendente. Ha de preocuparnos, antes bien, la violencia que ha sido capaz de inocular entre nosotros el totalitarismo «bolivariano» de nuevo cuño. Las gallinas sacrificadas son, apenas, el tímido pero fúnebre símbolo de un canto a la desesperanza. Y ello es evitable, si hay voluntad oficial para la concordia.

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