Opinión Nacional

El malandraje

El malandraje es un fenómeno que no conoce de status social. Hay malandros en la clase alta, malandros en la clase media, y malandros en la clase baja. Simple y sencillamente, porque el ser malandro es una condición mental, no económica. Los últimos acontecimientos en el país lo demuestran. La marginalidad que está mermando nuestro país no está en los cerros, sino en las mentes y en los corazones de parte de un pueblo dividido por el odio. El rancho mental es una de las instituciones más arraigadas dentro de nuestra idiosincrasia.

Uno de los ejemplos más claros lo viví en el colegio donde estudian mis hijas. Es un colegio privado, en el que la mensualidad es bastante económica. Hace un año, cuando hicieron el ajuste anual de la matrícula, que la subía en algo menos de diez mil bolívares mensuales por alumno, me encontré en la Administración del colegio a un señor que se quejaba con amargura de que no podía pagar el aumento. Me preocupó que alguien a quien sus signos externos, carro, casa, ropa, no delataban una mala situación económica, no pudiera pagar esa cantidad. ¿Qué pasaría con quienes no se veían tan afluentes?, ¿tendrían que retirar a sus hijos del colegio?

Esa misma noche, salí a cenar con mi marido, en un restaurante en Maracay. ¡Cuál no sería mi asombro de encontrarme al mismo señor de la mañana, celebrando el cumpleaños de su mujer con un grupo de diez personas, con dos botellas de Etiqueta Negra en la mesa, para empezar!. Tenía dinero para pagarse su whisky y el de sus amigos, pero no para pagar el aumento del colegio de sus hijos.

Por otra parte, tengo la experiencia de dos escuelas públicas con las que colaboro regularmente, en las que los representantes, en particular las madres, hacen lo que esté a su alcance para colaborar con las instituciones, pues están convencidas de que sus hijos accederán a una vida mejor a través de la educación que reciben. Juzgue usted entonces quién tiene el rancho en la cabeza.

Por eso, me indigna cuando oigo decir que «fulano tiene pinta de malandro», pues usualmente la frase se refiere a alguien de baja extracción social. ¡Si aquí hemos visto que la pinta de un malandro puede ir desde un traje de marca hasta una camiseta!. Son personas intolerantes, agresivas, cerradas, que creen que se las saben todas, que jamás se equivocan, y cuyas prioridades en la vida están totalmente desviadas, son erróneas o no existen.

Mi abuela siempre insistía en que los extremos son viciosos. Tan nefastos son los malandros de extrema izquierda, como los de extrema derecha. Ciertamente los polos opuestos, en algún momento, se llegan a tocar.

En la Venezuela de hoy se hace imperante erradicar el malandraje. Porque si no lo hacemos, corremos el riesgo de que esa condición mental tan terrible nos erradique a todos nosotros.

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