Opinión Nacional

El manifiesto de la derecha/(II)

En el texto cuyo contenido critiqué en la parte I del artículo que ahora prosigue hablé de una elevada pobreza intelectual, no atribuible, sin embargo, a todos los firmantes. Expresé, incluso, una duda en cuanto a que los propios redactores fueran culturalmente responsables de la mediocridad expresada en el texto. Fue diferida la explicación sobre para qué y por qué se escribió uno que sólo podía servir para vender, a conciencia, juiciosa falsos sobre la posibilidad de que un régimen “castrocomunista” sea establecido en Venezuela. Ahora paso a darla.

Los responsables de la inescrupulosa venta pretendían y pretenden presentar ante el sector social derechista que es opuesto al régimen de Chávez un núcleo dirigente decidido a asumir prácticamente la condición de tal. Consideran que hoy dicho sector está dividido y, por lo tanto, políticamente debilitado. Piensan que se requiere construir un nuevo liderazgo, dispuesto a pelear consecuentemente dentro de su campo natural y fuera de él. Aspiran a la conquista progresiva de hegemonía en la sociedad civil, a encontrar aliados en el hoy devaluado campo político opositor y a que algunos componentes del aparato estatal perciban progresivamente la presencia suya. Han dado una primera muestra de ésta en el ámbito comunicacional y persistirán una y otra vez.

En el grupo que suscribió el manifiesto no están todos los que son ni son todos los que están. Firmantes no ubicados sociopolíticamente en la derecha dieron su nombre porque no tuvieron perspicacia para comprender cabalmente el propósito de aquel, o porque experimentaron la inducción que generan vinculaciones afectivas de diverso orden. Por otra parte, individuos y grupos sociales organizados pertenecientes, de modo estructural, a la derecha estuvieron ausentes porque en la presente coyuntura quieren proteger o defender sus intereses fundamentales por la vía de los acuerdos con el Gobierno. Unos podrían cambiar dentro de algún tiempo. Otros, quizás mantengan -¿hasta cuándo?- su actual posición. Tal vez otros hagan, ahora mismo o más tarde, un doble juego. Es imposible hacer predicciones respecto del mediano plazo, o del mediano-largo plazo. Parece, sí, seguro que las de corto plazo no variarán. Me atrevo a sostener eso de manera absoluta, y no creo que corra riesgo intelectual alguno.

Añado un nuevo planteamiento, no sin antes recordar al lector mi condición política de izquierda democrática, sin afiliación partidista, porque hoy me es imposible tenerla, lo cual no niega ni excluye aproximaciones y amistades que tienen tal carácter:
Considero muy necesario buscar acuerdos entre las oposiciones democráticas de centroizquierda, las oposiciones de centro y centroderecha y las oposiciones democráticas de derecha (Discúlpenme los lectores por los aparentes excesos de ejercicios taxonómicos). Los juzgo muy convenientes porque ello comportaría una suma de fuerzas, en circunstancias tales que eso se necesita mucho, dada la evidente debilidad del campo opositor.

Tendrían sentido –lo reconozco- las dudas, e incluso las objeciones. Pero si pensamos sobre el asunto con realismo y sentido de la perspectiva se podrá concluir en que existe, en primer lugar, el requerimiento, y, después, cierta dosis de posibilidad. En todo caso, nada se perdería con hacer el intento. Hacerlo seriamente, desde luego. Con menos declaraciones y más iniciativas prácticas. Con menos atención por las pantallas y más sinceridad. Pues no es cierto que los políticos no podemos ser sinceros, al menos en dosis razonables. Desde luego, hay muchos que no lo son y no lo serán.

¿Acuerdos sobre qué? Sobre orientaciones de lucha y combates conjuntos.

¿A qué plazos serían los acuerdos? Ello dependerá de que haya conclusiones compartidas con respecto a las orientaciones de lucha.

¿Podría haber enfrentamientos políticos con las oposiciones no democráticas? Tiene que haberlos, pues ellas obstaculizan, calculadamente, el enfrentamiento democrático con el oficialismo acaudillado por Chávez.

Concluida por hoy la parte correspondiente al título del artículo, me veo obligado a extenderlo un poco, lo cual no estaba previsto. Debo hacerlo, porque el sábado 25/3/06 apareció en varios medios impresos una insólita declaración de Juntos por Venezuela, alianza integrada por Primero Justicia, Izquierda Democrática, MAS, Solidaridad, La causa R, Nueva Democracia, Compromiso Ciudadano, Gente del Pueblo y Democracia Renovadora. Esas organizaciones emitieron un comunicado, inmediatamente después de que Jorge Rodríguez anunciara su decisión de no aspirar a ser reelecto Presidente del Consejo Nacional Electoral (CNE).

Según reporta la periodista Elvia Gómez, del diario El Universal, “la alianza… señala que la renuncia de Rodríguez debe ser complementada con la designación de cinco rectores que le merezcan confianza a la mayor cantidad de sectores del país”. He aquí una cita textual del texto entregado por las organizaciones declarantes:
“La decisión de Jorge Rodríguez de no postular su nombre para la integración del nuevo CNE es una victoria del pueblo, de los ciudadanos, incluso de aquellos que, aun siendo simpatizantes del oficialismo, como los Tupamaros y otros movimientos chavistas no pertenecientes al cogollo oficialista, han sufrido en carne propia las consecuencias de no contar con un árbitro imparcial y confiable”.

Lamento mucho el notable desacierto de ese comunicado. Bien quisiera que la “renuncia” de Rodríguez hubiera sido un triunfo del pueblo que lo rechaza. Pero no lo fue. El todavía presidente del CNE es un incondicional de la cúpula gobernante, especialmente de Hugo Chávez Frías. El señor Rodríguez cumplió una orden de su jefe. Ninguna lucha popular lo empujó. Me sabe mal tener que decirlo; pero estoy diciendo la verdad.

Chávez está conciente de que ya Rodríguez no le sirve para mostrar; tanto a Venezuela como a las casi siempre dualistas OEA y Unión Europea, un CNE cuya figura principal sea digerible. En consecuencia, dio al subalterno presidente de ese organismo la orden de actuar como lo hizo. Rodríguez mismo explicó, con su acostumbrado cinismo, que va a dejar la presidencia que ejerce para evitar que su presencia en el Directorio sea empelada por la oposición para justificar su eventual ausencia de la elección presidencial”. “Búsquense otra excusa -dijo– porque Jorge Rodríguez no va a ser una excusa para la no participación en eventos electorales”.

Al juzgar lo que significa la próxima salida de Jorge Rodríguez, las organizaciones agrupadas en Juntos por Venezuela cometen uno de dos posibles errores. O hacen una mala evaluación o dicen mentiras. Me parece más probable que incurran en el primero. Empero, voceros de esas organizaciones, o de casi todas, siguen jugando con la mentira cuando dicen que un candidato de oposición –si es único, gracias a un acuerdo general o si es apoyado por un amplio arco de la ODO- puede triunfar el 3/12/06.

Tristemente, tales voceros no comprenden que sus mentiras hacen daño, aun cuando sean proferidas con la intención de estimular a la gente opositora. Quienes mienten sólo consiguen rechazo y, en el menos malo de los casos, producen decepción.

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