Opinión Nacional

El negrito Chaderton y la revolución vomita

Aunque el canciller Chaderton fracasó finalmente ante
la Asamblea de la OEA en Chile, pese a sus esfuerzos
de que se impusiera una corriente de opinión negativa
hacia los medios de expresión privados venezolanos, o
que una resolución de la misma los condenara, vale la
pena detenerse en comentar algunos de los aspectos
abordados por su discurso, así como el ejemplo que da
este funcionario de emblema de hipocresía y
degradación.

A nuestro juicio, Chávez siente la misma animadversión
por su canciller que el que éste experimenta por su
jefe.

Tiene que ser así y se evidencia «a pepa de ojo», que
son dos fenotipos cuyos comportamientos extremos desde
sus distintas posturas tienden a repelerse. No
obstante, están juntos y hasta revueltos, consecuencia
de que ambos, prestados a un calculado pragmatismo se
sacan dividendos chupándose recíprocamente utilidades
de la comandita.

El radical acartonamiento y la afectación desmesurada
de Chaderton que es ofensiva por lo exagerada, nada
tiene que ver con la extroversión incontinente y
charlatana chabacanería del presidente, de muchos de
sus adlateres y del desorden devastador de la
«revolución».

No es difícil adivinar que el diplomático, para completar el ciclo de su carrera y alcanzar a la máxima instancia que con toda seguridad siempre se propuso, no le ha importado pagar cualquier precio, incluyendo el de apuntalar con su experiencia y su
prestigio en el ambiente internacional, la promoción de una autocracia narcisista y antidemocrática.

El colmo del asunto, es que no sólo se ha conformado
con mentir y calumniar a los actores democráticos que
legítimamente resisten la tiranía en progreso en
Venezuela sino que para hacerlo, se ha disfrazado de
paladín contra los «opresores» y lo peor y más
extravagante, también de negrito.

Al hablar de la revolución, «vomita» Chaderton en
Chile, no solamente incoherencias estólidas
distraccionistas con el propósito de darle sustento a
los siniestros planes del régimen de aprobar leyes que
silencien la mayoritaria disidente, del mismo modo el
canciller como en otras ocasiones, se hace vocero de
la línea editorial mentirosa de su comandante, en
cuanto a que el gobierno está «confrontando los
derechos democráticos básicos contra una dictadura
mediática, agregando que esos medios promueven el
racismo y utilizan términos discriminantes contra
miembros del gabinete.

En Venezuela la única dictadura que se está montando
-que tiene recorrido un buen trecho- bajo la genuflexa
contribución de éste Luhter King de nuevo cuño, es la
de la mal llamada «revolución bolivariana». Lo demás
son juegos pirotécnicos de gente indigna que abdican
de si mismos por figurar o por obtener un puesto.

Estamos muy cerca de creer, que Chaderton lo que le
atribuye dicen los medios y la oposición sobre Chávez
y los ministros, es lo que el mismo piensa sobre ellos
en su fuero interior.

Charderton y el racismo de los medios

No me toca a mi la defensa de los medios y al respecto
estoy lejos de creer que su desempeño responda
siquiera con un razonable funcionamiento- por supuesto
mucho mejor que el del canal 8-; pero de lo que si
estamos convencidos, es que sólo en una sociedad
abierta donde persista la diversidad y el pluralismo,
pueden irse produciendo progresos que tiendan a
superar las tensiones inevitables que se gestan del
riesgo necesario e insustituible de la libertad. Así
ha sido en otros países y no tiene que ser diferente
en Venezuela.

La alusión de Charderton a que las cuñas y los
programas de televisión está impregnados de una
barrera racista y los negros y mestizos están al
margen de servir de anfitriones o protagonistas, es
importante apuntar lo siguiente.

En el afán de nuestro nuevo reverendo Martin King
nativo (por cierto el original era cristiano) por
congraciarse con el «populacherismo» impostor del
régimen, ha convertido sus intervenciones en un
verdadero ballet de afirmaciones fallidas.

Conviene empezar por las contradicciones que nacen de
la pinta de Charderton; sus trajes, sus corbatas y
camisas, sus yuntas y perfumes,casa, sus modales y sus
carros. No parece que como receptor le hubieran
disgustado mucho esas cuñas donde se hace relevante el
mensaje deliberado y a la vez subliminal de la cultura
dominante blanca,la que comúnmente se le ha asociado
al éxito.

Su misma elegancia «chic» que cree exhibir y que asume
como un valor inocultable, lo convierten a él en una
especie de maniquí extraído exprofeso de una
cualquiera de esas propagandas.

Igualmente dispara sin puntería al indicar, que la
televisión maliciosamente ignora la variedad étnica de
nuestro pueblo.

Yo no me atrevería a decir, desde luego, que sea
equitativa en relación a nuestro universo racial, no
conozco los estudios, si los hay, sobre ese
particular. Pero mucho menos tendría la audacia de
desconocer que los medios si han reflejado esa
composción con abundancia.

Tomás Enríquez, Franklin Virgüez,»Coquito», Dámaso
Blanco, cuatro personas de piel oscura por dar solo un
ejemplo, han sido anfitriones y protagonistas en el
pasado y en el presente de encumbrada consideración y
privilegio dentro de estos.

Colina, Frank Quintero, Oscar de León y un etcétera
amplísimo de cantantes, participan en cuñas y
programas en espacios de primera fila y siguen
conservando un puesto de notable relevancia tanto en
radio como en televisión.

Una Mis Venezuela de pulida y hermosa negritud, fue
elegida no hace mucho y actualmente desempeña papeles
estelares en cuñas fungiendo de anfitriona de diversos
programas, entre ellos como pronosticadora del tiempo.

En este instante, el principal papel de una cuña de
jugos lo hace un negrito vestido de basquetbolista,
quién se ha ganado la simpatía de todo el país. Este
pequeño niño actor, también hoy forma parte medular
como estrella destacada de la «radio rochela».

De mestizos ni hablemos, pues con mucha dificultad
siendo más del 70% de la población, difícilmente esto
no se vea reflejando con consistencia tanto en
estelarismo, protagonismo,dirección como en el elenco
de las producciones de todos los medios.

Forzosamente hay que concluir, que el canciller es un
embustero y miente a sabiendas de que lo hace;
intentando con una desvergonzada manipulación del
discurso político, mal poner a la comunidad
internacional lo que ella ha terminado por averiguar
por si misma.

Venezuela, eso lo saben ya los países del
hemisferio,es víctima de una gigantesca estafa
política y el objetivo de la aventura de sus
auspiciadores es el establecimiento de una tiranía lo
suficientemente camuflada para que no lo parezca.

Tanto la revolución «vomita» como Charderton, se les
rasgan sus disfraces. Se acerca el día, sin que lo
puedan evitar, donde no tendrán espacio ni para
colgarlos.

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