Opinión Nacional

El nuevo CNE

La semana que recién terminó estuvo plagada de importantes noticias del mundo político. Destaca sin embargo la sorpresiva designación por el Tribunal Supremo de Justicia el pasado Viernes, de los miembros del Consejo Nacional Electoral, en franca violación a lo establecido en el Articulo 296 de la Constitución, según el cual los rectores deben ser designados con el voto favorable de las dos terceras partes de los miembros de la Asamblea Nacional y previo el procedimiento ante el Comité de Postulaciones. Es tal al desvergüenza, que nuestros respetados Magistrados del TSJ, no fueron capaces de esperar que el Poder Legislativo hiciera el “amago” de designar a los rectores, y así poder justificar su intervención, por vía de la denominada “Omisión Constitucional”, contenida en el Artículo 336 numeral 7 de la Carta Magna, cuya interpretación de dudosa validez, fue utilizada por el TSJ para la elección anterior. El TSJ dio por hecho que el nombramiento no se iba producir, por cuanto no habría acuerdo en la Asamblea Nacional y ni siquiera dejó que se cumplieran las formalidades, aunque esto no fuera más que un saludo a la bandera. Así avanza la Revolución.

Resulta curioso como, diputados oficialistas que en la oportunidad de la anterior designación, se quejaron amargamente porque el Tribunal Supremo habría interferido en sus competencias como legisladores, hoy guardan un silencio aprobatorio de esta decisión, cuando no han salido a aplaudir ahora el que otro poder ejerza sus competencias. Como se nota que antes no tenían ningún interés en que se designaran los rectores, ya que así seria posible el Referéndum Revocatorio, y ahora si lo tienen por que se aproximan las elecciones de Concejales y Diputados a la Asamblea Nacional, donde seguramente aspiran “arrasar” con la oposición, en unos comicios que seguro estarán plagados de fraudes y con un sistema electoral que impide la justa representación proporcional de las minorías. Al menos esto es lo que nos permite deducir la historia reciente de nuestros poderes “revolucionarios”. Todo ello, por supuesto, con la bendición de este “nuevo” CNE.

La situación planteada no otorga muchas esperanzas a la oposición democrática del país que aspira y debe medirse en los próximos comicios. Amén de la mayoría, ahora de cuatro contra uno, que tiene el sector oficialista, es bueno recordar que el actual presidente del CNE, fue quien justificó todas las trabas que se le pusieron a la oposición, para dificultar el logro del Referéndum del 15 de Agosto, justificó la recolección de firmas en papel de seguridad, cuando en el pasado siempre se hizo en “papel bond”; defendió la tesis de las “dudas razonables”, de las “planillas planas” y de los “reparos”, pero se negó a aplicarla cuando las firmas eran para revocar el mandato de diputados de oposición; no quiso abrir la cajas después del Referéndum y contar “papeleta por papeleta”, pero si ordenó la verificación de “firma por firma” cuando lo ordeno su “Comandante”; no procedió a depurar el Registro Electoral, cuando se denunció y probó la inscripción de 1.700.000 electores. En fin, se nos termina el espacio y solo nos que advertir lo dura que va ser esta lucha, la cual no debemos abandonar por infelices que sean las circunstancias. Vendrán tiempos mejores. Así sea.

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