Opinión Nacional

El octubrismo

(%=Image(9030835,»R»)%)El (%=Link(«/bitblioteca/venezuela/1945.asp»,»18 de octubre de 1945″)%) la historia política de Venezuela quedó dividida en dos. En el presente trabajo no voy a relatar los hechos, ya suficientemente digeridos, sino aportar leña al fuego de una larga polémica. Trataré de demostrar las razones de mi extrañeza ante el hecho de que, hoy en día, no encontremos defensores de la gesta octubrista.

Los debates en torno a la “Revolución de Octubre”, trienio adeco, trienio populista, han estado centrados en varias cuestiones fundamentales: el carácter democrático del régimen de Medina Angarita; la peligrosa ruptura que el Golpe de Estado provocó en la transición iniciada por López Contreras; y la polémica incorporación de las Fuerzas Armadas, como institución, en el poder; este último argumento liga, de manera correcta, por lo demás, el 18 de octubre de 1945 con el (%=Link(«/bitblioteca/venezuela/1948.asp»,»24 de noviembre de 1948″)%) y con la dictadura militar de la década posterior.

Pero, es importante hacer notar que todo el discurso adeco de la Revolución de Octubre ha llegado a convertirse hoy en el discurso del pueblo y de la política venezolana, como se diría hoy, en el discurso del soberano. Ideas fundamentales del trienio hoy se extienden a las grandes mayorías: extensión de la votación universal, directa y secreta; reforma agraria; educación universal, masiva y gratuita bajo el Estado Docente; propiedad estatal de la industria petrolera, fortalecimiento del gasto social. Todos estos términos y políticas pueden encontrar un momento cumbre durante los tres años en que los adecos dominaron hegemónicamente la política del país.

Ni hablar de la importancia que la movilización de los partidos políticos de masas y los sindicatos tuvo para la dinámica venezolana hasta los años ochenta. Es la única herencia del octubrismo que, hoy en día, se encuentra de capa caída.

Una reflexión interesante y actual sobre el tema podría llevar a conclusiones y políticas distintas: la incapacidad de la élite política desplazada en la actualidad radica en no comprender la profundidad con la que caló el discurso octubrista en el pueblo venezolano. Fueron derrotados por el más “octubrista” de los líderes actuales, (%=Link(«/bitblioteca/hchavez/»,»Hugo Chávez»)%) (aunque sea el que maneja mejor la retórica octubrista). A pesar de que probablemente se sentiría insultado por el uso de éste término.

El octubrismo

El 18 de octubre de 1945 un golpe de Estado clásico, llevado a cabo por unos jóvenes militares, derroca al régimen constitucional del General Isaías Medina Angarita. Tres años después, el 24 de noviembre de 1948, otro golpe de Estado derroca al primer venezolano electo Presidente de la República por medio de la voluntad popular directa, universal y secreta.

¿Qué demuestra esto? El golpe de Estado fue secuestrado por los civiles y convertido por obra de Rómulo Betancourt y (%=Link(«/bitblioteca/ad/»,»Acción Democrática»)%) en Revolución, cambiando las relaciones que el poder político mantenía con el grueso de la población en el país. Durante el siglo XIX la política venezolana estuvo protagonizada por notables, generales y caudillos, en conciliábulos y claustros relativamente cerrados o en el fragor de batallas entre terratenientes o pretendientes a serlo. La paz gomera representó la derrota definitiva de los caudillos de vieja estirpe, por parte de aquel caudillo que los acabó a todos. El pueblo llano había servido como carne de cañón de las guerras civiles y cómo espectador imperturbable de los Tratados. La transición que, de buena manera, adelantaron López Contreras y Medina Angarita, pretendía, paso a paso, llegar a la democracia, sin carrera, sin masa, conservando el control del poder para los doctores, los cultos, para los de siempre.

(%=Image(4480161,»L»)%)La Revolución de Octubre abrió las puertas y derribó el dique de la política venezolana a los excluidos de todos los tiempos. El trienio que corre entre esa fecha y el 24 de noviembre de 1948 fue el rompimiento de la represa popular que durante siglos las élites estuvieron deteniendo.

La, denominada por (%=Link(«/bitblioteca/gaitan/»,»Gaitán»)%), América Morena, fue incorporada a la política, no sólo a través de los importantes rituales de la elección universal, directa y secreta del Presidente de la República sino a través de las distintas organizaciones que se extendieron por todo el país.

El Estado Democrático de Partidos, que asumía gran parte de las responsabilidades, desde la educación y la salud hasta el petróleo, es una herencia octubrista. Desde ese momento toda organización política que quisiera jugar un papel en Venezuela tenía que tener importantes características: ser policlasista, nacional, popular y de masas. Esto es una herencia octubrista.

Durante esos tres años se afianzaron los partidos políticos modernos, los sindicatos, el Estado Docente, que a través de la polémica del 321 adquirió visos populares. La política de masas y popular se adueñó, no sólo de las calles, sino también de los pasillos del Palacio Legislativo y de Miraflores. El pueblo se sintió representado en sus líderes.

La movilización popular regular y común lleno las calles de las ciudades y politizó a la población, haciéndola partícipe en la construcción de su propio destino.

Los preoctubristas

Si algo caracteriza a los conservadores de todos los tiempos es una desconfianza abismal hacia la voluntad popular. Esta es la característica principal del discurso preoctubrista. Gran parte de los argumentos conservadores que se esgrimieron contra los adecos, de la época, llevaban el mismo signo: racismo y clasismo se mezclan en una debil pero constante retórica. De idéntica manera durante el régimen de López y Medina los argumentos contra el voto universal, directo y secreto para la elección del Presidente de la República (y contra el voto femenino) tuvieron visos parecidos: «no es el momento» / «el pueblo no está preparado» / «el pueblo no está maduro».

Si algún grupo provocó el rechazo generalizado de toda la élite “culta”, la gente “decente”, como se hacían llamar en la época, venezolana, fueron los adecos. Por incluir en el juego a los que nunca fueron invitados al baile del poder no fueron jamás perdonados por los conservadores.

Dentro del antiadequismo de la época, al igual que en cierto antichavismo actual, había uno absolutamente radical, predemocrático: consustancialmente antipopulares, los cuales aborrecían, y temían (lo que es peor) fundamentalmente todo tipo de manifestación popular. Este tipo de oposición reflejaba, y refleja hoy, una gran cantidad de prejuicios y rabias.

Los que hoy rechazan, no lo que ha ocurrido en Venezuela desde el 6 de diciembre de 1998, sino, y de manera terminante, todo el proceso político y social de participación popular, una verdadera revolución que ha ocurrido en Venezuela desde el 18 de octubre de 1945 son la médula del pensamiento conservador.

La desconfianza en el pueblo

La “gente decente” se alarmaba con la llegada de los adecos al poder (por ser los “pata en el suelo”, los Juan Bimba, los negros); se aterraban al ver a Luis Beltrán Prieto Figueroa, a Rómulo Betancourt, a Malavé Villalba. No usaban en 1945-1948 precisamente argumentos políticos, sino incluso argumentos étnico-raciales.

La movilización popular es clave en la aparición de esta “transpiración antipopular”. ¿Por qué? Esto es lo que la termina de definir como antidemocrática y reaccionaria. Es aquí donde los prejuicios salen a relucir fuertemente. Observaban los grandes mitines con horror. Las marchas con pánico. Su concepción de la democracia es decimonónica: un Estado Liberal en lo económico, con el sufragio censitario como ideal.

El lado oscuro del octubrismo

El octubrismo tuvo su lado oscuro: el hegemonismo y la intolerancia se mezclaron con una prepotencia y una soberbia frente al adversario convirtiéndo el debate en Venezuela en el ejercicio cotidiano del canibalismo político.

Los abusos se repitieron durante los tres años de gobierno. El ensimismamiento del poder y la prepotencia llevaron al régimen octubrista al fracaso. Siendo desplazados por los mismos militares que los habían catapultado a las mieles del poder.

Se generó una oposición distinta durante el trienio. Aupada por los mismos errores y prepotencias del régimen: la derecha reaccionaria fue apartándose y abriendo el espacio a quienes, iniciándose en las turbias aguas del (%=Link(«/bitblioteca/falange/»,»falangismo»)%), terminaron bañados en la Doctrina Social de la Iglesia y en el socialcristianismo: (%=Link(«/bitblioteca/caldera/»,»Rafael Caldera»)%) y COPEI inician en 1946 un camino conjunto que los llevará de la mano hasta 1993. Los comunistas, partido de la clase obrera venezolana (con pocos obreros), luego de apoyar a Medina, (%=Link(«/bitblioteca/pcv/comunicados1945.asp»,»apoyaron»)%), previa división (la salida de (%=Link(«/bitblioteca/miquilena/»,»Miquilena»)%)) algunas políticas del gobierno.

(%=Image(5892277,»R»)%)El canibalismo político que caracterizó la dinámica política durante el trienio octubrista llevó a un seco Golpe de Estado que desplazó a Rómulo Gallegos de la Presidencia y a Acción Democrática del poder estatal, deviniendo el nuevo régimen militar en una década de dictadura. Importantes elementos del ala luminosa del PDV confluyeron junto con Jóvito Villalba en la Unión Repúblicana Democrática, naciendo con el color amarillo (o el marrón) y presentándose como el «partido liberal de Venezuela». Estos últimos, junto con COPEI, lucharan por llevar su papel de oposición hasta sus últimas consecuencias. Y serán las principales víctimas de un gobierno hegemónicamente popular.

Diez años después los mismos protagonistas reiniciaron el juego democrático con distintas percepciones y con un importante aprendizaje que determinó la firma del Pacto de Punto Fijo. Las declaraciones de Betancourt al llegar a Maiquetía, más moderado, más amigo del diálogo, fueron determinantes: «no más el canibalismo político en este país»… La lección fue aprendida por todos los actores: los adecos, y Rómulo Betancourt, en concreto, asumieron el poder con mayor humildad y mayor apertura frente a los adversarios (ya no enemigos); COPEI abandonó el cómodo conservatismo reaccionario y curero para incorporarse en la política de masas y en la sustitución de importaciones con una imagen más moderna; URD y Jóvito Villalba colaboraron en el establecimiento de una cultura del diálogo de la que sólo los comunistas, y la izquierda revolucionaria en general, fueron víctimas.

Abrir la presa popular tuvo efectos espectaculares en la topografía política del venezolano. La relación que se ha establecido entre gobernantes y gobernados nunca volvió a ser la misma. Desde el trienio toda política deberá tener el respaldo de las masas. Dichas masas organizadas en la estructura partido-sindicatos serán la dominante hasta 1998. La impronta octubrista fue definitivamente asumida por todos los factores del poder de la sociedad venezolana y he aquí su más importante herencia, de la que Chávez no puede desprenderse, todo poder ha asumido el ropaje popular. Al abandonarlo se inicia el camino de su disolución.

(%=Link(«http://analitica.com/bitblioteca/ycamero»,»Ysrrael Camero en la Bitblioteca»)%)

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