Opinión Nacional

El otro imperialismo

El señor Chávez repite y repite que el principal enemigo de Venezuela es el imperialismo de Mr. George W. Bush. Bueno, él tiene su estrategia política de conflicto retórico y sustantivo para que los innumerables problemas concretos del país queden minimizados ante la supuesta amenaza de «la planta insolente del extranjero».

Sin embargo, para la gran mayoría de los venezolanos que se expresan a través de las encuestas y sondeos, incluso los encargados por el propio gobierno, el «enemigo» no está tanto a miles de kilómetros de distancia, por ejemplo en la Casa Blanca de Washington, sino en la pesada carga que impone el desempleo, la inseguridad personal, la falta de vivienda y, en especial, el ambiente de división y discriminación que aprisiona al país.

Este es el verdadero imperialismo que causa estragos en el presente y que roba la esperanza en el futuro. Un imperialismo que en vez de parlotear en ingles y levantar banderas de potencias foráneas, más bien lleva la boina colorá y coloca a Bolívar como excusa para cualquiera de sus constantes abusos. Es el imperialismo de la «revolución bolivariana» que todos los días hace de las suyas dentro de nuestras fronteras.

De allí que Venezuela se haya convertido en una familia dividida. Unos contra otros por razones de odio político, mientras se pierden inmensas oportunidades de trabajar todos juntos por un mismo objetivo de progreso y desarrollo. Una familia, además, discriminada, porque los adversarios del régimen de Chávez pueden terminar siendo parias en su misma patria.

En pleno siglo XXI la sociedad venezolana tiene un Estado monocolor y monocorde que no representa a la generalidad de la nación. Tiene, también, presos políticos y juicios abiertos por doquier a periodistas y voceros de la crítica gubernativa. Se ha venido perdiendo la confianza en el voto y el poder electoral no se comporta como arbitro sino como guardián de los intereses del gobierno. Si esto no se llama imperialismo, ¿cómo se llama?

Encima, los problemas tradicionales de la economía y la vida social se vienen agravando a pesar del caudal de recursos petroleros. Nada más que el tema de la inseguridad ciudadana rinde cuenta del tamaño de la crisis: hace 7 años se registraron 4 mil quinientas muertes violentas y el años pasado la cifra roja se disparó a más de 14 mil homicidios. Un número similar al de Estados Unidos, pero con la diferencia que allá hay 10 veces la población de acá.

Un imperialista es alguien que quiere ejercer el dominio de un país por medio de la fuerza o por influjos políticos y económicos abusivos. Bien sea el suyo propio o sobre otros países. No voy a defender a Mr. Bush de las acusaciones de imperialista, muchas de ellas de indudable sustento a lo largo y ancho del planeta. Pero ese no es el imperialismo principal que impide la unidad y la reconciliación de la gran familia venezolana.

Es el otro imperialismo, el domiciliado en Miraflores, el que le tiene la bota puesta al conjunto de nuestros compatriotas

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