Opinión Nacional

El otro yo del Doctor Moncada

Parafraseando el dicho de Andrés Eloy Blanco, «Nada hace más ruido que un
carro viejo y un ministro nuevo», el neoministro de Educación Superior,
Samuel Moncada, marcó desde el inicio su gestión con dos ruidosas
manifestaciones: la una, el confiscador decreto 3.444 que le succiona
atribuciones al CNU. La otra, su reiterado propósito de abarrotar de
estudiantes, en apenas dos años, las instituciones de Educación Superior que
financia el gobierno. Pretende incluir, sin mecanismos de evaluación, en el
sistema a unos 300 mil estudiantes de la misión Sucre y a otros 400 mil que
egresarían de la misión Ribas. Para él, «Hay que forzar el número de
estudiantes que entran a la Universidad».

Muchos nos oponemos a este extremismo demagógico que sólo busca obtener
votos en los próximos dos años, lavándose las manos sobre la consecuencia de
deteriorar aún más la educación pública superior. Incluso personas que
apoyan al gobierno, pero de amplia trayectoria académica, como Luis
Fuenmayor y Rigoberto Lanz, objetan este barato populismo del neominstro.

Fuenmayor planteó: «En cuanto al ingreso a las universidades: esos que
sostienen que aquí todos tienen que entrar, ¿no saben que la Constitución
misma establece limitaciones derivadas de las aptitudes, vocación y
aspiraciones? Hay que pensar si tiene sentido que todos entren y las tres
cuartas partes salgan en el primer semestre». Por su parte, Rigoberto Lanz
escribió que «La calidad es lo que hace la diferencia entre una política de
inclusión verdadera y una demagogia populista. En ningún caso puede
aceptarse la perversión de administrar educación-chatarra con la excusa de
que todos tengan acceso a la universidad».

El ministro Moncada cuestiona agresivamente a quienes disienten de su
populismo, preguntando: «¿Queremos una autonomía elitista, golpista, de
minorías privilegiadas que le eliminan el acceso a la universidad a los más
pobres?». Este señor historiador tiene muy poca memoria histórica. Porque
siendo Director de la Escuela de Historia de la UCV sostenía posiciones
radicalmente diferentes al único norte que hoy parece animarlo. En el libro
UCV, 40 años de autonomía, de Claudia González y Oscar Battaglini, figura
una entrevista que le hicieron en 1999 y en la que se muestra como campeón
de la búsqueda de la excelencia, de la exaltación del espíritu meritocrático
y opuesto a cualquier masificación indiscriminada.

Decía Moncada:»Pensar si la Universidad puede seguir creciendo, aunque
existiera el dinero, yo creo que no porque sacrifica calidad, se llega
a un punto en el cual la cantidad comienza a sacrificar la calidad y eso ya
está ocurriendo de hecho. El fin último de la Universidad que es prestar
un servicio de excelencia académica, no se está cumpliendo. Mi
Universidad ideal sería la popular, democrática, autónoma y gratuita,
pero popular y democrática no quiere decir que es de entrada libre, en el
sentido de que entra quien quiere. Aquí debe entrar quien puede, con los
méritos intelectuales para ello; la Universidad popular no es contradictoria
con una Universidad de excelencia; esta Universidad debería ser más pequeña, y de mejor calidad, con los más pobres o los más ricos que puedan
mejorar este país. El punto es que aquí tienen que ingresar los mejores.

Yo quiero una Universidad de los mejores; para eso es la Universidad, para
escoger a los mejores».

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