Opinión Nacional

El paciente barinés

La película británica de 1996, «El paciente inglés», dirigida por Anthony Minghella y protagonizada por Ralph Fiennes y Juliette Binoche, cuenta la historia de Count Almásy, un cartógrafo húngaro contratado por la Royal Geographical Society para trazar un mapa de los vastos terrenos del desierto del Sahara junto con muchos otros prominentes exploradores. Estando herido, Almásy viaja en una caravana por una carretera de Italia, pero su estado es tan grave que se tiene que quedar en un monasterio deshabitado y semiderruido, donde se encarga de cuidarlo Hana, una enfermera canadiense. Para ese paciente terminal sólo sus dosis de morfina lo mantenían alejado del dolor extremo de su angustioso presente y de su trágico pasado.

En cambio, en Venezuela el moderno Prometeo de Sabaneta niega su condición terminal sin necesidad de alcaloide alguno, es decir, estamos ante un severo caso de denial o negación psicológica de la realidad.

Primeramente, la negación es un mecanismo de defensa que consiste en enfrentarse a los conflictos negando su existencia o su relación o relevancia con el sujeto. Se rechazan aquellos aspectos de la realidad que se consideran desagradables. El individuo se enfrenta a conflictos emocionales y amenazas de origen interno o externo negándose a reconocer algunos aspectos dolorosos de la realidad externa o de las experiencias subjetivas que son evidentes para los demás.

Es un mecanismo de defensa relativamente simple, es negarse a creer que el acontecimiento amenazante o aversivo ocurrió o que la condición existe. Un ejemplo es la madre que se niega a admitir que su hijo murió en combate y sigue actuando como si estuviera vivo. Son habituales estos mecanismos defensivos en bebedores, drogadictos o en anoréxicos que niegan el tener algún problema.

La negación -decía Sigmund Freud- es una forma de protegerse de realidades desagradables con las que uno prefiere no lidiar. Mecanismo de defensa, lo llamaba. En general suele negarse rechazando o ignorando los hechos empíricos o la evidencia incuestionable que acreditan que lo negado existe; minimizando la importancia de aquello que está sucediendo; aceptando los hechos empíricos y la evidencia incuestionable, sin minimizar su importancia, pero adjudicándole la responsabilidad de su existencia, y su solución, a alguien más.

Uno de los mecanismos de defensa más comunes del ser humano es la negación de la realidad, o sea, no reconocer una realidad dolorosa o amenazadora. Cuando esa negación traspasa el caso individual y adquiere mayores dimensiones, como la del gobierno de una sociedad, asistimos a un engaño generalizado. Se sustituye así la realidad por una ficción encaminada a metas electoralistas.

Finalmente, cuando se le dice al país: «Fui sometido a estudios (…) y debo decirles que no se detectó la presencia de células malignas en ninguna parte de mi cuerpo», se cumple aquella expresión lapidaria: «La esperanza es una negación de la realidad, es la zanahoria que se agita ante el caballo de tiro para que este siga avanzando, luchando en vano por alcanzarla».

www.juancarlosapitz.com

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