Opinión Nacional

El país de las migajas

Se acaba el año con imágenes que son signos de los tiempos:
Las de los compradores de la Feria Socialista del Juguete, el último día en que estuvo abierta al público en Caracas. Diseñada para vender juguetes a precios 70 % más bajos que en las jugueterías capitalistas, según la agencia oficial de noticias, terminó con manifestaciones y desórdenes que cerraron por horas el centro de la ciudad y las autopistas circundantes. Después de una noche de esperar para llevarse bicicletas rin 12 a 115 bs, patines en línea a 600, motos para pasear recargables a 240 y bebés que gatean con chupón a 45, los compradores vieron como los choferes de vehículos oficiales se llevaban todos los juguetes y ellos se quedaban sin nada. Aun la versión de la Agencia Bolivariana de Noticias, describe el desastre, aunque excluye por supuesto la gigantesca tranca de tránsito, los empujones y los golpes de la policía y de la Guardia Nacional, así como la rabieta monumental de quienes esperaban más regalos del gobierno.

Entrevistan al ministro de Comercio, Eduardo Samán, que se ha caracterizado por el acoso a los empresarios privados en centros comerciales y locales diversos. Confiesa que la feria terminó antes de lo previsto: » llegó un momento en que los juguetes más caros y atractivos se agotaron, quedando solo los menos buscados .Al no contar con tanta variedad decidimos regalarlos”.

Oye, que previsión y que logística. Una feria socialista, para hacer campaña electoral en Caracas y no se prevé cuanta gente puede acudir a comprar gangas en una ciudad de siete millones de habitantes una semana antes de Navidad. Como siempre, a la imprevisión se une la viveza torpe, porque hubo pocos juguetes, pero los que había se los llevaron quiénes siempre salen beneficiados, los amigotes, los compadres y las fuerzas del orden,
Y hablando de los que tienen menos y estuvieron toda una noche esperando por una dádiva, un juguete que hubieran podido comprar con el producto del trabajo extra en una noche igualita a esa, a un precio de mercado, sin tener que pasar por humillaciones. ¿porqué lo hacen?.

Se han convertido en la cara de una revolución que se dice socialista por la universalización de dos gestos: la petición y el lanzamiento de migajas. Se apoya en pedigüeños, goza haciendo dependientes a los ciudadanos. Colas para que den un pedazo de pernil, empujones para llevarse el azúcar de otro, cuando intervinieron los centrales azucareras, rebatiñas de franelas , chaquetas y gorras rojas, invasiones para conseguir casa, meses esperando que paguen lo que les deben y solo se les ocurre arrodillarse delante del Presidente ante las cámaras de la TV. Protagonistas de un proceso en donde siempre hay que extender la mano, tragarse la lengua y dar un paso atrás, para conseguir lo que al parecer es el premio máximo: un regalo con pasadita de mano. Tal para cual.

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