Opinión Nacional

El perfecto camarada

El entorno presidencial continúa tratando de ser un modelo de compañerismo, solidaridad y abnegación revolucionaria, pero no siempre se puede cumplir con el dicho de «querer es poder». Así por ejemplo, el encumbramiento de Jorge Rodríguez a la vicepresidencia parece que tiene de psiquiatra al gobernador Diosdado Cabello, hasta hace nada segundo al bate en el imaginario «line up» de la boliburguesía.

Tampoco rezuma felicidad el ubicuo Jesse Chacón, sucedido en Platanal por el ocurrente Pedro Carreño, quien promete ocuparse de las cárceles y el hampa, al tiempo que su dilecto paisano, Luis Velásquez Alvaray, denunciado por Chacón, prepara su retorno al país y, no sería de extrañar, al privilegio de los elegidos. Al fin y al cabo, se trata del autor intelectual de la «reelección indefinida».

La diputada Iris Varela no pierde ocasión para criticar el proceder de su superiora legislativa, la presidenta Cilia Flores. Desirée Santos también le ha cogido el gusto al sillón principal del hemiciclo, y es muy probable que el potencial de controversia infinita que tales circunstancias tienden a generar, sea una de las razones que llevaron al señor Chávez a «autodelegarse» la Asamblea, y a dejarla, más bien, como una suerte de inhabilitada casa de vecindad.

Por no haber sido nombrado ministro de Finanzas, Vielma Mora no le quiere conceder estatura a Rodrigo Cabezas, pues declara como si fuera el sucesor de Merentes, sin demasiada consideración a la jerarquía ministerial del ansioso zuliano. Cortarle la testa es lo que busca el capitán tributario y no tendrá que esforzarse mucho, pues esa guillotina no tardará en caer por su propio peso.

La litis entre Wllian Lara, décimo titular de Información, y Andrés Izarra, el octavo pasante de ese despacho, se encuentra lo suficientemente trabada como para que no se sepa a ciencia quién es el funcionario que dirige la «política comunicacional» del nuevo Estado socialista.

Otro tanto ocurre en el mismísimo Tribunal Supremo, porque la magistrada Morales no le da respiro al magistrado Mora Díaz en la competencia por la toga mayor. Ante la designación de aquella como secretaria de la reforma constitucional, éste ya propone que al poder judicial se le apellide «bolivariano».

Y no deben olvidarse los incordios más establecidos, tipo Bernal-Barreto, o Ameliach-Acosta Carles, o Castro Soteldo-Cabello o Lina Ron-Tarek Saab, o el poco diplomático entre Maduro el canciller y Valero el aspirante, y otros más que abundan en el reino del socialismo de siglo XXI, a pesar que el principio cardinal de la fraternidad revolucionaria ya dejó de ser una mera consigna para convertirse es una realidad concreta, o quizás adánica.

Que ese si es el prototipo genético del perfecto camarada, y quien lo ponga en duda debe apurarse y preguntarle a Fidel por Raúl. Lo demás cuenta menos o casi nada.

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