Opinión Nacional

El planeta de los simios

Que una marcha de decenas de miles de ciudadanos opositores se cumpliera sin un solo incidente en una muestra ejemplar de civilidad, mientras un minúsculo grupo de hampones encapuchados al servicio del radicalismo gobernante robara vehículos y causara importantes daños patrimoniales y artísticos en nuestra principal casa de estudios demuestra que lo que vive Venezuela es el enfrentamiento entre la civilización y la barbarie. Como en tiempos de Doña Bárbara. No se trata entonces de un asunto hamletiano: ser o no ser revolucionarios. Se trata de preguntarnos si aceptaremos que destruyan, saqueen y usurpen la república en nombre de un funambulesco socialismo de saqueadores y ladrones o si seremos capaces de ponerle un fin definitivo a esta barbarie. Todas las instituciones de la república, civiles y uniformadas, están enfrentadas a ese dilema. Que cada cual asuma su responsabilidad.

Pues lo que está en juego no tiene que ver con el socialismo ni con el capitalismo. Ni con la derecha o la izquierda. No es un asunto de ideologías ni de opciones políticas. Tiene que ver con el ancestral enfrentamiento entre la civilización y la barbarie que en el pasado hundiera a nuestra patria en las tinieblas de los más siniestros enfrentamientos. Y en ese asunto no caben cohabitaciones. O la barbarie gobiernera, corrupta y desalmada, o la civilización y la cultura. O Chávez y sus esbirros o Venezuela y nosotros. Esa es la cuestión.

Ante la gravedad de la crisis y la bancarrota que se nos anuncia, el gobierno empuja al abismo de la radicalización. Ante la fortaleza y el temple de los sectores democráticos que no se dejan provocar sin cesar en su empeño por denunciar las iniquidades de esta despótica autocracia aferrados a la vigencia de la Constitución, el gobierno se hunde en la más desaforada de las histerias. La marcha de hoy fue un despliegue policial verdaderamente insólito. No quedó una calle de las que dan a la Avda. Universidad, desde Parque Central a La Hoyada, que no fuera trancada con batallones de policías y guardias nacionales armados hasta los dientes. Digno despliegue hollywoodense del planeta de los simios.

Vigilados, filmados, fotografiados por funcionarios de la PM sin el menor escrúpulo ni remilgo los miles y miles de manifestantes fueron controlados, además, desde el aire por un helicóptero policial que se mantuvo por sobre la manifestación todo el tiempo de su decurso. ¿Qué teme el teniente coronel? ¿Otro 11 de abril? ¿Tan aterrado se encuentra que le teme a algunos miles de manifestantes?
¿Por qué esos miles de policías y guardias nacionales no estaban dedicados a sus verdaderas funciones de seguridad ciudadana? ¿Por qué no resguardaban nuestras barriadas del azote del hamponato rojo-rojito? ¿Estaban acordados con la banda de facinerosos que asaltaron las instalaciones universitarias causando daños y destrozos de inmensa cuantía? ¿Pretenden así impedir que en el futuro el estudiantado deje sus recintos académicos y salga a la calle a demostrar su indignación contra la tiranía?
El autócrata parece estar aterrado. Malos tiempos para las tiranías.

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