Opinión Nacional

El pobrediablismo

¡Qué triste resulta constatar que en muchas ocasiones actuamos como si en verdad fuéramos un pueblo de «pobres diablos»!

«Pobres diablos» porque las pocas iniciativas de los pocos que se atreven a tomarlas son «siquitrilladas» por detractores profesionales, personas que no se les ocurre nada, pero que para destruir son unos auténticos «Panzer». Ojalá que la energía que gastan en destruir la invirtieran en hacer algo constructivo.

Cuando oigo hablar de la oposición en Venezuela me pregunto quién se opone a quién. Porque en los últimos tiempos la oposición no ha sido oposición al gobierno, sino oposición entre opositores.

Mientras más probabilidades se le vean a un candidato, mayores las críticas, las verdades a medias, los rumores, las manipulaciones, las mentiras repetidas ad infinitum. A Petkoff le han dicho hasta del mal que se va a morir, y no han sido precisamente los chavistas. A Rosales lo han criticado hasta la saciedad. A Borges le increpan unas cuantas cosas. A Ojeda, Smith, Barrios, Sosa, Brito, Calderón, Tejera París… nadie se salva.

Todo parece indicar que estos críticos opositores no soportan nada que no sea perfecto. Lógicamente, algunas de las cosas que imputan a los candidatos son verdad, o lo parecen. Olvidan que nadie es perfecto. Contradictoriamente, los fustigadores de oficio, creadores de bolas y fabricantes de calumnias suelen afirmar que Venezuela es el mejor país para vivir. No advierten que si fueran verdad las cosas que ellos mismos dicen, esto sería un infierno.

Ahora le llegó el turno del desguace a Benjamín Rausseo, «er Conde del Guácharo». Apenas ha levantado vuelo y sobre él llueven toda clase de misiles, capaces de destrozar hasta su mejor intención.

Entonces, señores… ¿quién?… ¿Es que acaso somos tan mezquinos para pensar que aquellos que aspiran legítimamente a ser servidores públicos son todos una caterva de hipócritas, sigüíces de Chávez, traidores a la confianza de sus compatriotas?… ¿Por qué no rescatar el beneficio de la duda?

Si bien es cierto que nos hemos llevado unos grandísimos chascos, y lo más seguro es que nos llevemos unos cuantos más, también es cierto que tenemos el derecho a creer en alguien y a ilusionarnos por alguien. Parte de lo que el discurso de odio, resentimiento y división nos ha arrebatado a los venezolanos es la confianza en los demás. Un pueblo no puede vivir bajo eterna suspicacia, en la creencia de que todos somos enemigos de todos, de que todos están tratando de fregar a todos.

La pobreza en nuestro país alcanza cifras récord, y eso representa una inmensa tragedia. Sin embargo, si me pusieran a escoger, no tendría dudas en escoger un país de «diablos pobres», que un país de «pobres diablos».

Porque lo primero resulta más fácil de solucionar que lo segundo…

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