Opinión Nacional

El porqué de la ineficiencia socialista

Se crea un desequilibrio aberrante entre el Estado y la sociedad

La respuesta a la ineficiencia socialista se resume en dos puntos. 1) Porque el socialismo para instaurarse reúne a los peores. 2) Porque la planificación centralizada con aspiraciones absolutas conduce a la anulación del poder de los individuos.

El colectivismo para instaurarse y procurar su asentamiento en la sociedad necesita prometer la eficacia y la eficiencia que, según los impacientes planificadores, no proporciona la democracia. Por ello, debe recurrirse a un líder que sea lo más parecido a un dictador totalitario, pero con un aparente amor hacia los sistemas de elección por mayoría. Pero, como lo ha demostrado la experiencia política, el declarado dictador totalitario deberá elegir entre la moral que le colocó en el poder -tomando en cuenta que fue elegido en elecciones universales y libres- o desecharla para procurarse una moral nueva, un programa gestador de una sociedad nueva o socialista.

La democracia y el socialismo son términos antitéticos, porque una sociedad planificada no puede construirse bajo el deseo de la mayoría: ésta, aunque es un conjunto, nunca es uniforme. Cada individuo escogerá, con su voto, una propuesta política, pero siempre con intereses diferentes. Esta diversidad de criterios es incompatible con los deseos del socialista planificador. Pensemos en las palabras de Lenin: «La sociedad entera se habrá convertido en una sola oficina y una sola fábrica, con igualdad en el trabajo y en la remuneración».

Por ello, si no puede conseguirse a la mayoría para el colectivismo, se busca un grupo pequeño y homogéneo que esté lo suficientemente cohesionado para imponer su criterio por la fuerza. ¿Por qué ese grupo es el de los peores?

Friedrich Hayek, en su obra Camino de Servidumbre, nos responde con tres argumentos: el primero enuncia que mientras más desarrollada sea la personalidad del individuo, más criterios de diferenciación y menos uniformidad posee. El individuo que vive en libertad tiende a elaborar su propia opinión y se le dificulta integrarse en una «masa».

El segundo argumento plantea que los individuos de ideas vagas y menos sólidas son más sensibles a la pasión del mensaje colectivista repetido con fuerza y frecuencia. Este argumento incluso surge por la misma naturaleza del ser humano: la aspiración de un individuo a pertenecer e identificarse con un grupo radica en su sentimiento de inferioridad, por lo que la capacidad de poder prometida por el esquema colectivista alimenta su ansia por obtener una condición de superioridad.

Lo anterior nos vincula al tercer argumento: se alimentan las pasiones y la violencia. Se idea un programa negativo donde existe un enemigo irreconciliable, culpable y fabricador del mal. Normalmente, la condición de enemigo es proporcionada por solo pensar diferente, es decir, por tener un criterio propio y proponerse la superación o el desarrollo de la personalidad.

En virtud de ello, el logro del objetivo del socialismo dependerá, en gran medida, de la capacidad que tenga para crear una fuerza con condiciones para lograr someter la voluntad de la mayoría, por medio de un grupo minoritario, pero fuertemente cohesionado. Todo ello se traduce en la creación de un Estado totalitario, que lo abarque todo y que todo lo pueda. Se crea, así, un desequilibrio aberrante entre el Estado y la sociedad, y surgen dos realidades y dos verdades diferentes: una será la del Estado y la otra la verdad de la sociedad civil.

Pero, el poder no se crea, sino que se transforma. Originalmente existe en la sociedad y en la iniciativa privada, y por esto, los socialistas buscan transferir ese poder descentralizado de la iniciativa privada a la estructura concentrada de poder típica del Estado socialista De este modo, se busca la planificación absoluta del individuo o su destrucción bajo el signo del criterio único, de la necesidad única concebida por el Estado.

Ahora bien, esa transferencia no lleva a más poder, sino a la anulación de éste: la suma del poder no conduce a un resultado positivo, porque el poder socialista es un elemento negativo. Por ende, la concentración del poder en el Estado solo trae como consecuencia la anulación de poder de los individuos particulares, amputación que necesita el socialismo para existir y operar.

La ineficiencia socialista se explica, entonces, por la imposibilidad de lograr su objetivo, por la incompatibilidad con la naturaleza humana y por el error intelectual de sus pensadores.

 

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