Opinión Nacional

El primitivismo de Chávez ya cumplió su misión

“Recordemos que no debemos desechar la experiencia de los siglos;
en la multitud de años estas cosas, si fueron buenas, seguramente no serán desconocidas;
porque casi todo ha sido descubierto, aunque a veces no se colocan juntas;
en otros casos los hombres no usan el conocimiento que tienen.”
Aristóteles

Al estrenar una policía nacional que apenas alcanza a un sector local, se evidencia que la inteligencia es víctima de la ignorancia, porque ésta no puede con ella misma. Al voluntario desconocimiento de la realidad se une la percepción involuntaria de esa misma realidad. La derrota cultural es la más abrumadora de las derrotas, la única que no se olvida jamás, porque no se puede atribuir a la propia desventura ni a la barbarie del adversario, como ya se comienza a entender en el secreto que maneja al chavismo. A la íntima incertidumbre de su debilidad, el fracasado agrega la humillación de no esperar su salvación sino de las acciones del vencedor, cuyo talento debe odiar y a la vez imitar. La interpretación sistemáticamente desfavorable, junto al penoso sentimiento de carecer de valor, conduce a las cimas de la mala fe y las tácticas de repliegue.

En el chavismo, la sola noticia de que los adversarios alcanzaron cierto objetivo basta para restarle trascendencia, para reclamar la liberación del trabajo humano bautizándolo esclavitud tecnológica “pitiyanki”, y para interpretaciones delirantes, tímidas querellas, especulaciones. Esto genera tempestades de descontento.

El chavismo pareciera estar creyendo llegada la hora de incrementar la ilegalidad y la sangre, ya que sus “panteras Rojas” acusan de “pasividad”, “conformismo”, “indiferencia” y “monolitismo” a sus colegas; de ahí la agitación para la represión. El porcentaje de delitos cuyos autores son imposibles de descubrir, además de ser de los más altos del mundo, evidencia complicidad. La solución que ofrecen llega al colmo: estigmatizar la falta de organización de la policía…

Siendo la sede de las conmociones, el chavismo le tiene miedo a su “revolución”, como lo evidencia también la batalla en marcha. El venezolano de izquierda y el venezolano de derecha son menos disímiles de lo que se cree; ambos se niegan a ser experimentos de laboratorio, y menos aun de “científicos” que no saben lo que investigan o que buscan soluciones de cualquier naturaleza o tendencia; temen a los cambios invisibles; no sufren del principio de la hegemonía; les asusta el efecto “corruptor”.

Está muy claro para el venezolano que “las cosas tomaron otro camino”, un camino que no entiende bien y cuyo modelo inédito quizás sea mejor para otros, que quieran ser arrollados. Los venezolanos necesitan que el chavismo explique su fracaso, y que exponga sus “secretos”, la desmesura y el descalabro.

Aquí no hay la panacea de un responsable externo que los haya macerado por tantos reveses y traiciones; el responsable es el chavismo, no el “imperialismo” que les sirve de excusa a la humillación y la decepción. Los datos reales son diferentes a las excusas. Necesitamos volver a una situación auténtica que no se enmascare con proyecciones perezosas, miedosas o delirantes, y que se revelen los conflictos y las complejidades. El primitivismo del chavismo ya ha cumplido su misión.

Ni el anticomunismo ni el procomunismo desgarbados son susceptibles de cura si no desechan los vicios y aprueban a Venezuela en bloque. Otra cosa carece de sentido superior. El objetivo deseable está en la mejora sustancial de las realidades políticas, económicas y morales de Venezuela, no en la defensa de Cuba o de Estados Unidos.

Aquí necesitamos un cambio, salir del chavismo que es una construcción museográfica de las “revoluciones” fracasadas del siglo 20 y que no pueden ser “soñadas” para el siglo 21. El cambio requerido debe hacerse con fórmulas civilizadas, puliendo el papel de una dirigencia creadora, con capacidad transformadora para destruir los vejestorios anquilosados del pasado, que hoy parecieran estar más presentes que nunca.

En Venezuela necesitamos sustituir una actitud pasional por una actitud de análisis con acciones de cambio efectivas, porque la actitud pasional del chavismo se burla del análisis, de la coherencia y de la verdad. Hacer el elogio de Beethoven no es elogiar a Hitler, porque hoy la dinámica juega más a favor del contestatario que del conservador, y éste es el chavismo no analítico.

De nada le ha servido al chavismo intentar aplicar, a cualquier precio, los esquemas “revolucionarios” –puramente teóricos- que conocemos. Los esquemas son binarios, antagónicos: campesinos contra terratenientes, obreros contra patrones… Es preferible adecuar la necesidad de cambios del presente a una rotación centrífuga antes que a la de un choque entre dos bandos, porque la lucha para “salir adelante” debe contar siempre –en el juego superior de la libertad- con las personas insatisfechas, requisito esencial de las revoluciones genuinas. El pobre no puede ni debe ser una bala que se utiliza contra sí mismo, como evidencia la intención del chavismo.

Los elementos de disidencia acerca de los valores y los fines superan a los elementos de disidencia acerca de los medios de existencia: no sólo se quiere distribuir mejor la torta: se quiere otra torta.

La libertad es lo que favorece a la civilización, que exige la presencia abrumadora de la culpabilidad y la posibilidad de autoacusación, llevadas a límites de lo insoportable, porque ahí está la rebelión interna contra las orientaciones totalitarias. Y esta no es la única rebelión que señala nuevos caminos de cambio…

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