Opinión Nacional

El punto de no retorno

Nos acercamos peligrosamente al punto de no retorno. La revolución castro-chavista, comunismo tropical, adornada con la etiqueta de “socialismo del siglo XXI”, avanza hacia el objetivo de hacer irreversible el proceso. Más que sumar la voluntad popular, mero aspecto secundario, propio de las mentalidades atrapadas en esquemas oligárquicos del pasado, busca controlar el poder público y el privado. A cualquier costo y en caso contrario, destruir cuanto pudiera impedir el avance de la revolución. Toda acción de esta naturaleza es del régimen anterior. Desde la cultura democrática tan arraigada en el alma nacional hasta el Derecho como instrumento regulador de la vida en sociedad. Valores y principios son erosionados y el espacio para su vigencia se reduce cada vez más. La libertad personal, de empresa y de trabajo, la seguridad, la propiedad, la educación, la familia, la visión del mundo se diluyen en medio de una terrible y peligrosa retórica anti-imperialista que tiene a Estados Unidos y al Presidente Bush como el enemigo a liquidar, como el obstáculo mayor para alcanzar los propósitos anunciados. Quizás el régimen tenga razón. USA no es el enemigo de la democracia ni de la libertad. Todo lo contrario. Es el aliado más formidable y los mejores impulsadores del progreso, del crecimiento económico, el bienestar colectivo, el desarrollo tecnológico y la seguridad internacional. No siempre hemos estado de acuerdo con algunas de sus políticas exteriores en casos puntuales. Pero, para mí, para la inmensa mayoría de los venezolanos y para esta República, Estados Unidos no es ni será nunca el enemigo. A éste lo tenemos en casa y será nuestra, exclusivamente nuestra, la responsabilidad de detener la barbarie insolente que, destruyendo todo a su paso, nos empuja hacia confrontaciones internas y externas que afectan y afectarán seriamente tanto la soberanía como la integridad territorial de la nación.

Podemos hacerlo. Triunfaremos en la medida en que la naturaleza del problema esté clara, los objetivos definidos y la estrategia bien planteada y mejor ejecutada. No hay demasiado tiempo, pero tenemos los recursos humanos y materiales capaces de darle soporte a la fuerza de la razón, de la verdad, de la fe en el destino superior de la patria. El proceso actual no puede ni debe continuar. No podrá Chávez, ni con misiones desviadas hacia la corrupción y la demagogia, ni con milicias mercenarias que no son más que paramilitares oficializados, ni con el apoyo de Castro y las organizaciones subversivas, terroristas y traficantes del continente y del mundo acabar con la voluntad de un pueblo resuelto a vivir en libertad y democracia. Esta pendiente un serio problema de combinatoria para unir en el pensamiento y en la acción a toda la sociedad democrática. Civiles y militares que no nos rendimos, ni nos rendiremos jamás.

Ésta es la hora de los patriotas recios. De quienes no claudican, ni utilizan la falsa “objetividad” como burladero de la cobardía. No haremos concesiones al enemigo. Así como suena, al enemigo que nos ofende en lo más profundo de nuestras raíces humanas y cristanas. No hay que odiarlo, sino derrotarlo de una vez y para siempre. No se puede odiar lo que genera una profunda lástima, por poderoso que circunstancialmente pueda parecer. Es tiempo.

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