Opinión Nacional

El que tenga ojos que vea, señor Presidente

«Investígame al periodista ese. No, vale, no me importa lo que critica. Lo que quiero es que se calle». ¿Le parece conocida la frase? Es el método que se aplicó, amenazas más, amenazas menos, durante los pasados 40 años de régimen, contra quienes intentamos ser voceros de la gente y de sus pesares. Es, posiblemente, la frase que utilizó algún funcionario del puntofijismo para cerrarle el paso al golpista Hugo Chávez en 1992. Es, igualmente, la frase que podría traducir su actitud, 8 años después, frente a las denuncias de abusos protagonizados por fuerzas de orden público durante la atención a la tragedia en el litoral.

Nadie espera milagros en 1 año de gestión. Lo que sí esperamos es una actitud coherente con la revolución que se dice encabezar. Nada hacemos con una Carta Magna que pone el derecho a la vida por encima de cualquier circunstancia, y con una práctica -perpetrada, según testigos, por los cuerpos de seguridad del Estado- en la que se dispara primero y se averigua después. Usted, como militar, sabrá mejor que cualquier civil si la GN , organismo que actuó durante la tragedia en Vargas, está formada para proteger o para reprimir. Usted sabrá si la Disip, con los hechos oscuros de violación de los derechos humanos que han marcado su historia, podía encargarse de cuidar a la ciudadanía del vandalismo y detener a los culpables o, por el contrario, de aterrorizar. Si usted sólo escucha las voces de quienes lo rodean, algunos de los cuales tienen las manos encallecidas de tanto alabarlo y responderle con un nervioso «sí, sí, sí», perderá el vínculo con la realidad. Y la realidad es que lo sucedido después de la tragedia debe ser investigado; no por usted en persona, porque esa no es su misión como mandatario, sino por el órgano competente, es decir, la Fiscalía General.

Estamos en la encrucijada de la V República. Usted debe colaborar para que se evalúe a todos los cuerpos de seguridad que actuaron durante la catástrofe. También está en la obligación de permitir -y esto significa dejar de avasallar- que los testigos de la violencia acudan a la Fiscalía a formular sus denuncias. Y aún más: igualmente tiene el compromiso de respetar la Constitución, y el artículo 28 de la Constitución -al igual que el Código de Etica del Periodista Venezolano, y la Ley de Ejercicio del Periodismo- defiende el secreto profesional. De paso, y como periodista a la que nunca se podrá acusar de complicidad con el puntofijismo, le solicito que aclare al país algunos puntos: ¿Por qué hubo un toque de queda que usted, como jefe del Estado, nunca decretó, y que las Fuerzas Armadas se encargaron de publicitar mediante volantes? ¿Quién dio la orden -de ser cierto- de acribillar todo lo que se moviera después de las 7:00 pm? ¿Por qué envió a la G N, la Disip y los Cazadores (esta última institución entrenada para la contrainsurgencia) a asumir la vigilancia en Vargas? ¿Su mandato «mano dura contra los saqueadores» era una licencia velada para impulsar los abusos? La verdad, sólo la verdad, nos hará libres, señor Presidente. Y los periodistas estamos con la verdad.

PD: Señor Presidente, acepto su cita, cuando quiera y donde quiera.

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