Opinión Nacional

El que va a caer no ve el hueco

Si yo fuera gobiernero, líbreme Dios, estaría muy preocupado por las torpezas políticas, cada día mayores que están cometiendo los herederos del finado tiranuelo.

Entre otras, la de persistir en la salida de Venezuela de la Convención Americana de los Derechos Humanos, es un ejemplo de metida de pata hasta el fondo.

Nadie la entiende, incluso muchos chavistas, que a la chita callando, se preguntan qué se gana con eso, qué beneficio político les trae, sin mencionar que a la larga puede ser cuchillo para el propio pescuezo.

Organizaciones gubernamentales y no gubernamentales de ámbito mundial han rechazado y/o lamentado la denuncia venezolana de aquella Convención, y algunas han hecho llamados a la reflexión para tratar de evitar que se concretara la salida. Todas han sido infructuosas. La ceguera ideológica no ha podido ser vencida, y como dice el pueblo, el que va a caer no ve el hueco.

La implantación político-jurídica de los valores democráticos y la protección y garantía de los DDHH son parte de una conquista del hombre labrada al calor de las luchas de los pueblos por tener un mundo mejor.

La inclusión de esos valores universales como principios inspiradores y consustanciales a las instituciones globales y sus normativas, es una temática que se ha desarrollado de manera formal y expresa a partir de los horrores de la Segunda Guerra Mundial y de los crímenes de los gobiernos totalitarios nazifascistas y comunistas. En su momento, fue, sin duda, una expresión del fenómeno globalizador en su dimensión político-jurídica. Había llegado la era de la protección y promoción de la democracia en las relaciones internacionales.

Desde entonces a la fecha, los países y entes internacionales no han dejado de perfeccionar los mecanismos de garantía de los DDHH. Hasta las organizaciones con fines de integración económica han incorporado a sus reglas la llamada cláusula democrática, la cual contempla sanciones contra los gobiernos que no cumplan con los estándares democráticos.

El sistema interamericano, en esta materia, ha significado un gran aporte político e institucional a la democracia hemisférica. No poco esfuerzo ha costado instituirlo. No pocos perseguidos de gobiernos dictatoriales militaristas se han beneficiado de sus disposiciones.

Tanto la Comisión como la Corte interamericanas de los DDHH constituyen un avance en términos civilizatorios, para nuestro continente y sus ciudadanos.

Para los venezolanos, la denuncia de una Convención que nos protege frente a las eventuales arbitrariedades de cualquier gobierno, representa un menoscabo sustancial de nuestros derechos establecidos en la Constitución vigente.

A partir de esta fecha, al deterioro sostenido de nuestro nivel de vida, al desastre económico e institucional del país, el gobierno suma otro grave perjuicio: la pérdida de una instancia jurisdiccional para defendernos de los atropellos violatorios de nuestros derechos fundamentales.

Con su conducta a contrapelo de la Constitución y de otros tratados internacionales, el descrédito del gobierno y la caída de la imagen del país siguen en aumento.

Repito: el que va a caer no ve el hueco. Y el gobierno actual, no parece ser la excepción. Su ideología demencial se lo impide.

@ENouelV

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