Opinión Nacional

El quinquenio negro

El 14 de octubre de 1981 publiqué en El Diario de Caracas, ahora extinto gracias a los errores de una dirección neoliberal, mi primer artículo de una serie que duró más de tres años. Lo titulé “El bienio negro”, frase puesta en boga en España para describir el gobierno de las derechas que dio paso inevitablemente al Frente Popular. Me pareció que la administración del entonces presidente Luis Herrera Campíns se parecía en mucho a aquel tiempo español. Una época de retrocesos que darían inicio a la crisis que hoy contemplamos en toda su amplitud y que se manifestó primeramente en aquel espantoso Viernes Negro en el que todos nuestros sueños –sueños de varias generaciones- se vinieron abajo.

Más ex que Canciller

Esta semana pasada, un buen amigo, Luis Herrera Marcano, me confiaba que en conversaciones suyas con el anterior Canciller Roy Chaderton, éste le habría confesado que apoyaba al gobierno de Hugo Chávez, porque cumplía con la ideología de aquella corriente política que en Copei llegó a conocerse como de los astronautas: Una facción iniciada en el seno de la Juventud Revolucionaria Copeyana, entre cuyos líderes podemos contar con destacados colaboradores del presidente Herrera.

Para muestra basta un botón. No hay sino que leer algunos párrafos del trabajo de Luis Barragán al cumplir la JRC sus 50 años.

“El fenómeno, en el seno de la JRC, no se produjo por azar. Por una parte, lo ideológico era una de las dimensiones legitimadas de la pugna política de entonces. Y, por otra, hubo razones teóricas y sociales que sustentaban un contenido y un estilo de militancia.

“El debate parte primordialmente de una militancia universitaria de clase media, con acceso a la cultura y educación sistemática y capacidad para organizarse políticamente. Es beneficiaria directa de la expansión educativa, la burocracia y vivo reflejo del proceso de urbanización. Se impone la «identidad etaria», un nuevo reconocimiento social de los jóvenes, so pretexto de la «brecha generacional» o saldo inequívoco de la crisis institucional de la familia. Recordemos también el profundo impacto del Concilio Vaticano II y de Encíclicas como «Mater et Magistrade autores como Maritain, Mounier, Teilhard, Lebret, Suavet, Perroux, Lepp, La Pira. Y, evidentemente, la necesidad de repensar la realidad nacional.

“Una década, representativa del historial jotaerecista, que supo de dos libros cuyo lenguaje y contenido conmocionó a todos: «El combate político» de Rodolfo José Cárdenas y «El reto revolucionario» de José Rodríguez Iturbe. E igualmente de documentos de significación histórica que ponían sus acentos sobre la propiedad comunitaria, para respaldarla como un proyecto inmediato o para sugerirla como fruto de sucesivas etapas: «Materiales para una discusión que concluya en el trazamiento de una política correcta para el desarrollo de la JRC» y «Una juventud para el cambio» (1965), de astronautas y avanzados, recogidos si mal no recuerdo en la compilación de Tarsicio Ocampo; o el que presentaron los araguatos en abril de 1970. La experiencia alrededor de «Venezuela Urgente» y, precursores de efímeros partidos marxistas que no resistieron los embates electorales subsiguientes, la Izquierda Cristiana. La aparición de otros grupos como los auténticos, cuyos voceros se identificaban simplemente como socialistas. “

La Logia del Samán

Es interesante observar que, si bien Chávez ha confesado que desde sus inicios en la Academia Militar estuvo ligado a la subversión, el proyecto revolucionario militar no se institucionaliza sino bien entrado 1983, cuando se da por cierto el triunfo de Jaime Lusinchi, visto el escandaloso fracaso de la políticas del social cristianismo izquierdista. Muchos de los integrantes de la Logia militar entonces fundada se identifican con ese pensamiento social cristiano de izquierda. Aún Hugo Chávez no escapa enteramente, pues procede de una familia fuertemente ligada a esa corriente ideológica.

En mi artículo antes señalado, emití algunos conceptos que podrían aplicarse al quinquenio actual. Para que no quede duda de donde procede el pensamiento que lo guía, a quién trata de emular Chávez con sus políticas populistas, los copio de seguidas.

Escribí entonces, “Lo más grave, empero, lo realmente caótico, han sido la políticas económicas y monetarias: restricción del circulante, eliminación de subsidios y liberación de precios. Todas ha contribuido su parte al mayor de los fracasos. Ninguna ha detenido la inflación desbordada, todo lo contrario, se ha incrementado la especulación, bajado la productividad, detenido el crecimiento económico y aumentado la desconfianza. Una concepción errada ha producido fuga de capitales e incrementado el desempleo y las tasas de interés. El llamado gobierno de participación parece pretender solamente la concentración del capital en poquísimas manos, aún a costa del empobrecimiento de las clases media y obrera. De ahí el rechazo general…” Hoy, las políticas son muy parecidas si no del todo copiadas de esa experiencia antiliberal.

Recalqué, en aquella época nefasta, que “Conocida la enormidad del fracaso, el Ejecutivo recurre a tres paliativos. Se inicia una costosísima campaña de propaganda en los medios de comunicación social, especialmente la radio y la televisión. (Segundo) Se nos recalca, además, que “sí hay progreso en Venezuela” y se trata de demostrarlo con lo realizado”.

Al igual que hoy, era ridículo lo realizado con la enormidad de recursos recibidos, puesto que las obras de gran envergadura eran producto de administraciones anteriores, como sucede en la actualidad, con precios petroleros que bordean los US$35, con los proyectos hidroeléctricos de Guayana o la autopista Rómulo Betancourt o la línea 4 del Metro de Caracas.

El tercero y más grave de los recursos puestos en práctica por la administración de Luis Herrera fue que el gobierno se dio a la tarea de responsabilizar a la oposición por sus fracasos. Hoy escuchamos algo bien parecido. Según recuerdo, cuando el paro cívico estaba en su apogeo, tanto el vicepresidente Rangel como otros acólitos, trataban de minimizarlo hablando de su fracaso. Ahora el presidente Chávez no habla sino de ese famoso paro que detuvo de tal manera la actividad económica que ha sido imposible restituirla a los niveles anteriores.

Delenda est monarchia

El 15 de noviembre de 1930 y con el sugestivo título “El error Berenguer”, José Ortega y Gasset publicó un artículo hoy conocido por su frase final “Delenda est monarchia” (Hay que acabar con la monarquía). Dice Ortega: “Supongamos un instante que el advenimiento de la Dictadura fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese con leal entereza, con nacional efusión, abrazado al pueblo y le hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los pueblos se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Estado español. ¡Españoles: reconstruid vuestro Estado!

“Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los veinte millones de españoles estuviésemos ahí para que él salga del paso. Busca a alguien para que se haga cargo de la ficción, que realice la política de <>.

(*): Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, historiador, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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