Opinión Nacional

El quinto vicepresidente

Luego de que la Constitución de 1999 restableciera la antigua figura del Vicepresidente, que desde los tiempos del general Gómez había estado fuera de la estructura del Estado venezolano, el señor Chávez ha nombrado 5 en poco menos de 7 años. Porque no fue sino en el 2000 que designó a Isaías Rodríguez, como el primer vice de la «revolución bolivariana».

Al poco tiempo, Rodríguez pasó a la Fiscalía General y fue nombrada Adina Bastidas en el despacho de Carmelitas. La selección fue infortunada, incluso en términos del promedio boinacolorá, y pronto fue sustituida por Diosdado Cabello, suerte de comodín en aquellos gabinetes. Después del 11-A, José Vicente Rangel ocupó el segundo cargo en el escalafón y al cabo de varios años le llegó la hora del fin. Un tanto patética, por cierto, si nos atenemos al regaño presidencial del Panteón en plena ceremonia protocolar del 17 de diciembre.

En adelante, ya perderá importancia la salida de Rangel que, al parecer podría encontrar un ocupación televisiva, y la atención se concentrará en la entrada de Rodríguez. El mismo Jorge Rodríguez que manejó con diestra habilidad el CNE del revocatorio presidencial, a favor, obviamente, del «no». Curioso que de autoridad arbitral o rector electoral de muy controvertida figuración, incluso para los pacientes observadores internacionales, ahora se le designe en la posición más alineada posible al mandatario miraflorino.

Salvando las distancias, es como si el magistrado de la Corte Suprema de Estados Unidos, cuyo voto le valió la Casa Blanca a George W. Bush, un tiempo más tarde hubiera sido «premiado» con el cargo del vicepresidente Dick Cheney. ¿Qué tal? Pero en fin, nuestra revolución es revolucionaria hasta en el desparpajo.

Algunos dicen que al menos Jorge Rodríguez es un político civil que por no venir de la «cuna de la revolución», es decir de la Academia Militar, sino de la heterogénea política universitaria de la UCV, estaría más ganado a comprender la pluralidad innata del país, y por tanto a dejar una puerta abierta a sectores que no formen parte del llamado proceso. La verdad es que en su temporada en el CNE, puede que su escenificación fuera amplia pero su decisión siempre se coloreó roja-rojita.

Otros consideran que Rodríguez quemó las naves con la tolerancia hacia los medios privados, por lo que se dedicaría a promover «el nuevo modelo comunicacional en el espectro radioeléctrico», para usar el estribillo oficial. Lo cierto es que su sagacidad le será provechosa a Chávez, sobre todo al momento de explicar lo inexplicable y defender lo indefendible. Si es ante una audiencia de corresponsales extranjeros, mejor.

El quinto vicepresidente de seguro que tomará en cuenta la alta rotación de su nueva responsabilidad. El que más duró fue el veterano Rangel, quien no logra ocultar la molestia por su eyección, en especial cuando recalca que ahora desea volver al periodismo, con su «experiencia de 8 años de gobierno». ¿A quién irá dirigido el telegrama? Avispado para el debate, como le consta a la opinión pública, Jorge Rodríguez no pasará por debajo de la mesa hasta que llegue el sexto.

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