Opinión Nacional

El Relámpago Inconcluso

El Paraíso Burlado

(Venezuela desde 1498 hasta 2008)

III

El Paraíso Desperdiciado

(Venezuela después de la Independencia)

El Relámpago Inconcluso

En las elecciones que tuvieron lugar el 14 de diciembre de 1947, el candidato de Acción Democrática, Rómulo Gallegos fue elegido presidente de la República por abrumadora mayoría, con 871.752 votos, frente a 264.204 de Rafael Caldera, candidato de Copei, y 36.564 de Gustavo Machado, del Partido Comunista de Venezuela.
Rómulo Gallegos se convirtió, el 15 de febrero de 1948, en el primer caraqueño en ocupar la presidencia de la República desde los tiempos Rojas Paúl, y en el primer venezolano en ser elegido por votación universal, directa y secreta en la Historia del país.
Gallegos, uno de los más notables novelistas de América, era ya un hombre maduro cuando llegó a la presidencia de la República. Nació en la casa de su familia, en la esquina de Zamuro, unas cuadras al Sureste de la Plaza Bolívar de Caracas, el 24 de agosto de 1883. Tenía, pues, sesenta y cuatro años al juramentarse como presidente. Entre los diez y los doce años estuvo interno en el Seminario metropolitano de Caracas, del que salió debido a la muerte de su madre en 1896. En 1904 terminó el bachillerato en el Colegio Sucre y durante un par de años estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela. En 1906, luego de dejar los estudios formales, fue nombrado jefe de estación del Gran Ferrocarril de Venezuela. Después se dedicaría a la docencia y a la literatura, paralelamente. En el terreno literario publicó en 1903 un ensayo titulado Lo que somos, en el semanario El Arco Iris, del cual era redactor, y en 1909, en La Alborada, aparecieron también varios de sus trabajos. En 1910 El Cojo Ilustrado, la publicación más importante de su momento, publicó su cuento Las rosas. En 1913 editó su primer libro, Los Aventureros, que recoge varios cuentos. Ya para entonces había sido nombrado director del Colegio Federal de Varones de Barcelona, en donde estuvo poco tiempo. Allí se casó por poder con Teotiste Arocha Egui. En junio del 14 regresó a la capital como Subdirector del Colegio Federal Caracas, poco después de la muerte de su padre. En 1918 pasó a la Escuela Normal Caracas y de 1922 a 1930 fue director del Liceo Caracas (que era el mismo Colegio Federal y después pasó a llamarse Liceo Andrés Bello, que es su actual nombre). Allí se relacionaría con buena parte de los integrantes de la Generación del 28. De 1919 a 1921 dirigió la revista Actualidades. Su primera novela, El Último Solar, fue editada en 1920 (en 1930 sería reeditada con el título de Reinaldo Solar, cuando ya Gallegos era ampliamente conocido dentro y fuera de Venezuela como novelista). Después aparecería La Trepadora, publicada en 1926, y en 1931 Doña Bárbara, la más exitosa de sus obras, que obtuvo el premio de “El Mejor Libro del Mes” en Madrid, con lo cual su nombre se dio a conocer en el mundo de habla hispana. Posteriormente publicaría Cantaclaro (1934), Canaima, (1935), Pobre negro (1937), Sobre la misma tierra (1941), El forastero (1942) y La brizna de paja en el viento (1952).
El éxito de Doña Bárbara hizo que el general Gómez lo designara, como era usual entonces, a dedo, senador, pero Gallegos, usando como excusa una enfermedad de su esposa, prefirió irse a un exilio voluntario. Se radicó en Barcelona de España, en donde tuvo como amigos y compañeros a tres jóvenes de singular importancia en el país: Isaac J. Pardo, Rafael Vegas y Carlos Delgado Chalbaud. Ya por esos tiempos Gallegos pensaba en formar una agrupación política, un partido. Inicialmente pensó en llamarlo Acción Republicana, como el partido español de Manuel Azaña, pero pronto se dio cuenta de que Venezuela había sido republicana desde 1811, pero no democrática, y así surgió el nombre de Acción Democrática, como terminó llamándose la organización que creó con Rómulo Betancourt en los estudios de Ávila Films, en 1941.
Previamente, luego de su regreso al país, que se produjo al morir Juan Vicente Gómez, fue nombrado ministro de Instrucción Pública, cargo que sólo ejerció entre marzo y junio de 1937. Fue elegido diputado por el Distrito Federal en 1937, fue presidente del Ayuntamiento caraqueño entre 1940 y 1941. Candidato a la presidencia de la República, como vimos, en 1941. Y a raíz de la derogación de las disposiciones que permitían al gobierno impedir la formación de partidos que siquiera tuviesen un leve tufillo a comunista, Gallegos reunió a un grupo de gentes progresistas, entre quienes destacaba Betancourt, en el local de Ávila Films y allí formaron el partido Acción Democrática, con lo que se convertía en realidad lo que había venido soñando desde varios años atrás. En ese momento especial cuenta con el apoyo y la ayuda de otro intelectual, uno de los hombres más carismáticos e interesantes que ha conocido el país en tiempos posteriores a los de Bolívar: Andrés Eloy Blanco.
El cumanés Andrés Eloy Blanco, nacido el 6 de agosto de 1897. Luego de una infancia cumanesa y margariteña se trasladó a Caracas a los once años. A los diecisiete obtuvo su primer premio literario, con el poema La Espiga y el Arado, en los Juegos Florales de Ciudad Bolívar. A los veinticuatro publica su primer libro, Tierras que me oyeron, y a los veintiséis gana el primer premio en un concurso promovido en Santander por la Real Academia Española, al que concurren poetas de España y toda la América hispanoparlante, por lo que su nombre se da a conocer en toda esa vasta zona del mundo con el Canto a España, publicado en el libro Poda. Después vendrían Baedeker 2000, Canto a América, Giraluna, Barco de Piedra, y la Juanbimbada, además de Vargas, el Albacea de la Angustia, y otras obras de distintos géneros. Entre 1914 y 1936 llevó una vida de perseguido y preso político. Al morir Gómez, la firma del poeta encabezaba las muchas de un manifiesto en el que se exigía libertad y garantías, y en 1936, en acto simbólico de gran significación, arrojó al mar los grillos con que los esbirros de Gómez mantenían encadenados a los presos políticos, en Puerto Cabello. En 1939. Luego de actuar en la política nacional, aparece como uno de los fundadores de El Morrocoy Azul, en donde publica buena parte de su producción humorística, al lado de Miguel Otero Silva, Isaac J. Pardo y otros de los grandes talentos de su tiempo. El humor, el buen humor, fue una parte importantísima de su vida. Muchas son las anécdotas y las humoradas que de él se hicieron públicas, tantas, que José Rivas-Rivas ha publicado un libro sobre ese solo aspecto de su vida, en el que cuenta, por ejemplo, que en el exilio mexicano, Don Rómulo Gallegos le pidió a Manuel Alfredo Rodríguez un cigarrillo, pero previamente le preguntó la marca, a lo que Andrés Eloy Blanco se adelantó a responder: De los que a ti te gustan, Rómulo… “Regalado” (Ingenio y gracia de Andrés Eloy Blanco, 4ª Edición ampliada, Fondo Editorial Fundarte, Alcaldía de Caracas, 1996). En 1946, ya casado con Lilina Iturbe, presidió la Asamblea Nacional Constituyente. Fueron famosas en su tiempo las bromas que solía hacer, tanto verbales como escritas, especialmente las coplas que circulaban profusamente y contribuían a aliviar muchas veces las tensiones de la política, como cuando un par de diputados de derechas mencionaron a Carmen Gracián de Malpica, que estaba en estado, como “la señorita Malpica”, por lo cual el poeta puso a circular un papelito en el que había escrito: Si Carmen, por un casual, / fuese señorita, es dable / suponer como indudable / que Malpica pica mal. En 1948 fue designado Canciller por Rómulo Gallegos, y luego del golpe militar vivió exilado en Cuba y en México, siempre cerca de Gallegos. Un desgraciado accidente automovilístico acabó con su vida en Cuernavaca, en mayo de 1955.
Era normal que un partido político como Acción Democrática, a cuyo frente se encontraban intelectuales como Rómulo Gallegos y Andrés Eloy Blanco, resultara atractivo para muchos. Pero lo que lo hizo fuerte fue la presencia de su otro gran fundador, Rómulo Betancourt, político de garra que ya había dado pruebas de combatividad, además de contar con una inteligencia adaptada a lo que se proponía y una plena identificación con el pueblo venezolano. Y junto con él Raúl Leoni y otros de la Generación del 28 y otros grupos, que en conjunto formaron el partido político más importante del siglo XX, y que por cierto, hacia el final del siglo entraría en un proceso de corrupción que terminó por arruinarlo. Y fue ese partido el que llevó a Rómulo Gallegos a la presidencia de la República en las elecciones del 14 de diciembre de 1946, en medio de una tormenta que casi nadie entendía. Gallegos, el novelista, el educador, el hombre maduro que mantenía o había mantenido buenas relaciones con casi todos los hombres y mujeres importantes del país, co-fundador del partido político que en mayor grado se hacía eco de los intereses y aspiraciones de la mayoría de los venezolanos, debería haber hecho un excelente gobierno. Pero no fue así. Recibía el mando de una Junta Revolucionaria de Gobierno que cambió demasiadas cosas y cometió algunos errores gruesos, y que creó demasiadas tensiones peligrosas. Tenía que enfrentar a una exigua pero muy agresiva burguesía, por un lado, y a unos dirigentes populares, por el otro, que se peleaban entre sí y en su reparto de porrazos alcanzaban y dañaban todo lo que estuviera presente, incluido el gobierno. La oposición, especialmente el partido Copei, era implacable. Si Acción Democrática llegó al poder por un golpe, no había razones para no hacer lo mismo. El ejército se había politizado y tenía en su seno jóvenes caudillos, como Pérez Jiménez, que no se conformaban con papeles secundarios. Y cuentan los que lo conocieron, que Gallegos era demasiado inflexible y no tenía la capacidad de maniobra que hacía falta para enfrentar todo aquel cuadro, en especial el problema que generaban los militares jóvenes, ávidos de poder y autoerigidos en “revolucionarios.”
En un trabajo corto, pero lleno de sustancia, Manuel Caballero, después de dejar claramente establecido que no había grandes diferencias entre los planteamientos de Medina Angarita y de el primer gobierno de Acción Democrática, ofrece al lector un párrafo que explica admirablemente la realidad de Venezuela, antes, durante y después del 18 de octubre de 1945: Los hombres del 18 de octubre, al derrocar a Medina Angarita, no cometieron un pecado absolutamente original, no fueron a revolver el fango infernal para sacar de allí un crimen absolutamente inédito. Así como los procesos revolucionarios (o más aún la historia en general) no siguen en sus profundidades un proceso lineal, tampoco tienen por qué seguirlo en el terreno político. Lo normal hubiera sido que Lenín derrocara al Zar, pero no: Derrocó a Kerensky, y Octubre había sido precedido por Febrero. Lo normal hubiese sido que Falcón y Zamora se alzasen con éxito contra el poderoso Páez del 46, pero no: En verdad se alzaron contra los redactores de las “buenas leyes” de la Convención de Valencia. Lo normal es que los espartaquistas se hubiesen alzado contra el Kaiser, no contra la República, pero no; lo normal hubiese sido que las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional naciesen en 1956, pero no: Nacieron en 1962. Y si tanto Lenín como Falcón tuvieron razón; si tanto espartaquistas como las FALN se equivocaron, una y otra cosa se produjo en el terreno político.
En 1948 las equivocaciones políticas se habían sumado y multiplicado hasta lo imposible. Sencillamente, todo estaba listo, a pesar de Gallegos, para el zarpazo.

Capítulos Publicados:

El Paraíso Partido
(Venezuela antes de la Independencia)

Obertura
El Sonido de las Sombras
El Topetazo
El Tanteo por Oriente
El Tanteo por Occidente
Tirano de Sombra y Fuego
La atracción del centro
El Viaje al Edén
El día de Caracas
La Agonía de Occidente
Los viajeros forzados
El gobierno de papel
El Blanco Tejido de las Ro­jas
Los primeros pasos del Quijote
La Luz de los Sonidos
El Sonido de la Luz
Llegaron los Bolívar
Archipiélago de Colores
Ciudad por Cárcel
La Pequeña Torre Amable
La Casa del Saber
De Guipúzcoa Viene un Barco Cargado de…
De Fiestas y de Locuras
Las Nueve Musas
Los hombres de ruana y de frío
Por España, contra España…
Cuando Humboldt y Mozart estuvieron en Caracas
También llegaron los Sucre
De Masones y Papisos
El padre de todas las patrias
Final de Fiesta

El Paraíso en Llamas
(Venezuela durante la Guerra de Independencia)

Obertura
La primera estrella fugaz
La Alborada de los Trágicos
Los niños felices
El paseo de los muertos
La óptica del otro
Aprendices de brujos
Los Santos Inocentes
La Niña recién nacida
La isla que nunca fue
La seguna estrella, menos fugaz
La primera Sociedad
La Niña enferma
La otra villa rival
La Carta sobre la mesa
La niña muerta
El héroe de la película
Un Bolívar, ida y vuelta
El malo de la película
El circo de Belcebú
La Campaña Abominable
Las dificultades del hombre
El héroe local
El Infierno desde adentro
Los días del Purgatorio
“De la Gloria los orbes están llenos”
El santo de América
En la cumbre de la guerra y de la paz
Tiempos de júbilo
El comienzo del fin
La inquieta paz de los cementerios
La etérea puerta del Limbo
El limbo y el laberinto
El verdadero fin de la fiesta
El alegre triunfo de la muerte
Coda

El Paraíso Desperdiciado
(Venezuela después de la Independencia)

Obertura
Los Primeros Días de la Noche
El Primer Ataque de la Bestia
Astrea se pasea cantandito por Venezuela
El Medio-mantuano
El Mantuano secundón
El hermanito
El camino del infierno
En la alegría del Infierno
Peor que el Infierno
Tiempo de bostezos
El Gran Arquitecto del Universo
Heredarás los vientos
El Supremo Director de la Patria que lo Aplaude
El Agachadito
Más te Valiera Estar Duerme
Abajo el Continuismo… Viva la legalidad…
¡Viva el Mocho Andrade!
La Muerte del Siglo
Duendecillo entre titanes
La Campaña Deleznable
La Batalla Deleznable
La corte de los milagros
El Pirro Tropical, o Garibaldi ¡Pum!
La Cordillera Partida
El Preludio de La Alborada
La Alborada del Tirano
Nuestro hombre en Maracay
Oil!
Nuestro Mundo de Azules Boínas
Siete años de aburrimiento
Libertad Condicional
Vivir y casi dejar vivir
Tiempo de los mejores
Tiempo de ingratitudes
El Pecado Original
El Relámpago Inconcluso

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