Opinión Nacional

El renacer de Cipriano Castro

El Cabito no ha muerto, el Líder de Líderes, el nuevo Restaurador, el Benemérito del Siglo XXI, el Rehabiltador Bolivariano, el caudillo nuestro de cada uno de los días y minutos de la Bolivariana Patria lo ha resucitado para el mayor regocijo de la República.

Primero fue el Panteón Nacional; no podían, por supuesto, reposar los restos del secreto mentor en un lejano y solitario pueblón de los Andes venezolanos, en Capacho Viejo. Así que nada mejor que traerlos con todos los honores a Caracas para que en merecido reconocimiento revolucionario reposen a la diestra del mismo Libertador.

Luego fue el cambio de nombre que el Héroe del Museo Militar efectuó, para que el lugar de su más sonada acción de armas sea conocido ahora como el Cuartel Cipriano Castro y la Milicia Nacional emule, en su valentía, a los sesenta hombres que iniciaron hace un siglo la Revolución Restauradora.

Más recientemente la Galería de Arte Nacional organizó senda exposición para que el excelso gobernante, el que pronunció la frase que resume un visionario antiimperialismo: ¡Venezolanos! La Planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria, fuese mejor conocido por unos venezolanos del siglo XXI que, a pesar de las bravuconadas del El Líder, aún no han conocido – para desconsuelo del Cacique – la planta insolente del Imperio.

Hace poco en el Teatro de la Revolución Bolivariana (alias Teresa Carreño) se ofreció un sarao de marca mayor para rememorar la música de la época de El Cabito, Alborada de Cipriano Castro fue llamado el regio y oficial festejo. Cuentan los asistentes que en el escenario, evidente y visible, danzaba febril, sin parar, como enajenado, el fantasma de un hombre pequeño, barbado, de ojos desvariados, vestido con una levita gris que entre cabriola, acrobacia y pirueta lanzaba al aire un agradecido ¡UH AH!

Periodistas y articulistas informan y comentan acerca de la sustitución del busto de Rómulo Gallegos por el del revivido Cipriano Castro en el Palacio de Miraflores. Nada más oportuno y coherente a la luz de los referidos hechos bolivarianos.

Los venezolanos esperamos ansiosos el próximo homenaje, el mayor reconocimiento a Cipriano Castro, ese hombre de virtudes ejemplares y conducta intachable, el prócer por antonomasia: que de una vez por todas sea sumado por El Líder a la Trinidad Bolivariana que acompaña al Proceso, y Robinsón, Bolívar, Zamora y ahora Castro, pasen a ser acreditados y distinguidos como Los Mosqueteros del Rey.

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