Opinión Nacional

El resurgimiento de los partidos

El reciente éxito del “petarazo”, organizado por COPEI y el ”catiazo” de AD, a pesar del saboteo por parte de las turbas violentas, demuestran la vitalidad que los partidos históricos venezolanos están recuperando aceleradamente, fomentada por el desafío que representa la lucha contra un viejo enemigo de los partidos: el caudillo mesiánico y carismático.

En 1961, Fidel Castro, en una declaración a un periodista, dijo: “No somos políticos. Hicimos la revolución para echar a los políticos.” El debilitamiento de los partidos favorece, además de la figura del caudillo, a los poderes fácticos tradicionales: el dinero y las armas. Por eso, Maurice Duverger decía que: “un régimen sin partidos asegura la eternización de las elites dirigentes, por nacimiento, dinero o función.”

En Italia, después de la crisis del sistema político de 1993, la llamada “rivoluzione dolce”, los partidos políticos históricos también perdieron la mayor parte de su espacio frente a movimientos y figuras de la llamada “antipolítica” (que no es otra cosa que una posición política), como Berlusconi, Bossi y Rutelli, sin embargo es interesante notar que en las recientes elecciones administrativas, tanto en la coalición de gobierno como en la alianza de oposición, se fortalecieron los herederos de los partidos históricos, la Unión Demócrata Cristiana más que triplicó sus votos y en la izquierda tuvieron éxito los DS, la escisión mayoritaria y moderada del viejo Partido Comunista.

En Venezuela, Chavez aprovechó la matriz de opinión en contra de los políticos que crearon los “otros” enemigos de los partidos a los cuales se refería Duverger y los errores y omisiones de los propios partidos, particularmente, en el área socioeconómica.

El desastre de los sucesos de abril de 2002 demostró que la política es algo demasiado serio para dejárselo sólo a logias y grupúsculos, integrados por empresarios, militares, juristas, periodistas, sindicalistas, guapetones de barrio y señoras bien con internet. Particularmente, entre los sectores más desposeídos es absolutamente necesaria la organización política continua y constante, que sólo un partido de masa puede mantener. Huntington nos recuerda que el vacío de poder, autoridad y legitimidad que existe en la generalidad de los países en desarrollo: “puede ser llenado temporalmente por un liderazgo carismático y por la fuerza militar. Pero sólo la organización política puede llenarlo en forma permanente.”

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