Opinión Nacional

El Rey del Corcho

Debe estar que caga relámpagos don José Vicente por el tremebundo zarpazo que le diera el caudillo, llevándose por delante el imperio financiero que montara con su Business Mann, testaferro y palo blando, Perucho Torres Ciliberto. A la sombra de los altos cargos que aquel le prodigara. Todos los entendidos en trácalas, matracas y otras artes de la estafa criolla, de las cuales la sabiduría del viejo Perucho Torres superaba a los más encopetados caballeros de industria de la Venezuela de los techos rojos, como que se tragó los pagaré que le adeudaba a un viejo banquero del patio tan pendejo como para sacarlos de su caja fuerte y ponérselos en la mano, supieron que se avecinaban tiempos de bonanza en las finanzas de la familia Rangel. Bastó que vieran a Perucho Torres hijo cabildeando por la cancillería durante el 99-2000. “¿Qué haces tú por aquí, Peruchito?” – cuenta una amiga diplomática que lo conocía de su infancia al verlo entre embajadores y arribistas deambulando con un scotch por los pasillos de la Casa Amarilla. “¡Negocios!”, le susurró al oído guiñándole el ojo.

De manera que se quedan cortos todos cuantos comienzan a seguirle la pista allá por el 2004 hasta llegar al empate con otro de los allegados al Rey del Corcho, Arné Chacón Escamillo, hoy en chirona. Quien juró que no aceptaría cargo alguno, pues se conformaba con mirar los toros de la barrera, no aguantó dos pedidas para montarse donde haiga – y hubo -, y comenzara a hilvanar la tela de araña de los hilos de oro con la que Rangel y su pandilla comenzaron a represar dólares. Primero por millones. Luego por docenas. Para finalizar con miles de millones. La raqueta que pasara el joven vástago por las arcas de la alcaldía de Sucre se quedó al nivel del simple raterismo comparado con las adquisiciones del nuevo Mac Pato. Hasta que reunió a su cuadrilla desde el despacho de la vicepresidencia – había ascendido en el rango, luego de una pasantía por defensa, de donde al parecer no quedaba mucho que raspar – y los puso a parir un banco tras otro. Y culminar con una de las aseguradoras más prestigiadas, afamadas y tradicionales del país: Seguros La Previsora.

Media docena de bancos y una aseguradora de postín: ¡qué tremendo botín, mi socio! Mira tú. El propio Rey del Mambo. Y entonces vino el temporal, se armó el deslave y esos miles de millones de dólares se convirtieron en un modesto bolívar, suma en la que el Rey del Corcho le tasó las pertenencias a Perucho Torres para que se las entregara dizque legalmente al dueño de la hacienda. El hundimiento del Titanic. El incendio y derrumbe del Bismarck. El coñazo talibán a las Torres Gemelas.

Yo no digo que el Rey del Corcho esté en la ruina. Pero que el caudillo le cortó las patas, se las cortó. Y por allí anda cojeando con su cara de Buster Keaton, rumiando sus colosales despechos pero – cosa más grande – sin soltar la teta. En el 2002 dejó en la estacada a su camarada y mentor, don Luis Miquilena. No se fue de la vera del Supremo pensando en que lo esperaba el imperio de los dos mil días. Money, money, money, money…Escribe en VEA como Marciano, lamiendo botas y azuzando el odio. Escribe en Últimas Noticias con su apellido real, jugando a la intriga palaciega. Un tirito al gobierno, otro, por mampuesto, a la oposición.

Pretende flotar por sobre los deslaves, como un corcho. No hay caso: el que nació barrigón, ni que lo fajen chiquito. Morirá fiel a su destino: ser el rey del Corcho.

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