Opinión Nacional

El sartenazo

¿Por qué creen ustedes que Muamar Gadafi anda tan planito últimamente? ¿Por qué aceptó pagar compensación por la voladura del avión de Pan American sobre Lockerbie, Escocia? Pues por la misma razón que Sadam Hussein solicitó que los inspectores de las Naciones Unidas retornaran a Irak e Irán ordenara la detención y ulterior traslado a Arabia Saudita de algunos miembros de Alcaída, la Jefatura Terrorista que dirige Bin Laden, que habían buscado cobijo en su país. La razón es muy sencilla: ninguno de estos dictadorzuelos tiene otra cosa en mente que no sea el disfrute de los privilegios del poder. Lejos quedan las ideologías, cuando se trata de su supervivencia.

Conocí bien al doctor Hans Blix, actual Presidente Ejecutivo de la Comisión de las Naciones Unidas para la Vigilancia, Verificación e Inspección (UNMOVIC), cuando se desempeñaba como Director General de la Agencia Internacional de Energía Atómica en Viena, durante mi permanencia de cuatro años allí, como Representante Permanente de Venezuela ante la ONU, Viena. Fue ésa la época en que Corea del Norte comenzó su programa ilegal de armas nucleares y fue el doctor Blix el encargado por la ONU de ponerle coto. Su trabajo dio como resultado que Pyongyang aceptara sus obligaciones y permitiera las inspecciones a que había lugar bajo el Acuerdo de No Proliferación de Armas Nucleares. Pues bien, ese mismo Hans Blix es quien le ha mandado decir a Sadam Hussein que los inspectores de Naciones Unidas no regresarán a Irak, pues ya se han cansado de la poca seriedad de Bagdad en la materia y no van a permitir que se les use nuevamente para evitar la catástrofe que Sadam se ha buscado.

Verse en el espejo

Estados Unidos lo ha dicho claramente. La opinión internacional le importa, pero si se trata de sus intereses nacionales, la opinión internacional pasa a un segundo plano. El Protocolo de Kyoto es muestra suficiente. Washington no va a sacrificar su bienestar material con unas reglas poco realistas. Por lo tanto, no lo ha ratificado. Tampoco le ha importado mucho el Acuerdo Mundial de Comercio cuando se trata de defender su acero ni mucho menos la Corte Internacional Penal, si sus tropas van a ser sometidas a enjuiciamiento, cuando se libra en los actuales momentos una lucha a muerte en contra del terrorismo internacional, en la cual está involucrada la seguridad misma de Estados Unidos. Pecan, pues, de ingenuos aquellos aprendices de brujo que piensan que a Estados Unidos los detendría la opinión pública internacional.

Estados Unidos prepara una gran operación militar en contra de Irak. Les importa un bledo que sus aliados de la OTAN, con la excepción de Gran Bretaña hayan manifestado su renuencia a permanecer en la coalición que el padre del actual presidente Bush confeccionara para la Operación Tormenta del Desierto. Sadam Hussein está en capilla. Washington no lo tolera más. Lo que se le viene encima es eneas con burundanga. No tiene sino dos alternativas: puede suicidarse como Adolfo Hitler en su búnker de Berlín o enfrentar al Tribunal Penal Internacional para ser juzgado por delitos de lesa humanidad y genocidio (son suficientes los asesinatos en masa de miles de kurdos con armas químicas) y, seguramente, ser colgado, junto con sus secuaces, como los jerarcas nazis en Nuremberg.

La lección

La pregunta que yo me hago, sin embargo, es ¿Por qué a estas horas? Han transcurrido más de diez años desde que Irak invadió Kuwait. Es posible que Hussein sea un aliado de los terroristas y que pueda suministrarles armas químicas o biológicas. Empero, los propios aliados de la OTAN han puesto en duda esa capacidad armamentista de Irak. Quizás todo sea una excusa, una excusa válida, pues Sadam ha demostrado no ser confiable, pero detrás de la excusa puede haber otras explicaciones. E inmediatamente a uno le asalta la sospecha de que como en todos los conflictos desde la Primera Guerra Mundial, el asunto huela a petróleo.

Quizás Estados Unidos requiere urgentemente la producción petrolera iraquí y mientras Sadam no sea destituido, la ONU no puede permitir que ese petróleo fluya. ¿Para qué quieren ese petróleo? Irak podría llegar a producir quizás unos cinco millones de barriles por día, si se les permitiera a las transnacionales petroleras volver a instalarse allá. 5 millones de barriles por día son muchos millones. Especialmente en una situación como la actual de recesión en los principales centros de consumo. Si salieran al mercado, los precios se vendrían al suelo. ¿Se estará pensando como en 1983 de que la única forma de salir de la estanflación fue el petróleo barato? Sin embargo, puede haber algo más. Estados Unidos y sus aliados pueden estar buscando matar dos insectos de un solo golpe. ¿Cuál sería el segundo? Un pequeño moscardón que cree poder alborotar el avispero subdesarrollado.

Dos amigos que se entienden

Está equivocado. Cuba no ha sido invadida, porque hay de por medio un tratado y los norteamericanos, como anglosajones, son esclavos de su palabra. El gobierno venezolano se escuda en su legitimidad. Pero esa legitimidad no impide que Estados Unidos no les conceda los beneficios de su propio mercado sino a quienes considera sus amigos.

La invasión a Irak es probable que se produzca a mediados de setiembre o principios de octubre. Será salvaje, aterradora, a menos, claro, que los propios secuaces de Sadam se lo entreguen a Bush amarradito para que lo encarcele en Gantánamo, en espera del juicio internacional. Si eso ocurre, para febrero Irak estaría produciendo 3 millones de barriles diarios y los precios del WTI muy probablemente bajen a 16 dólares y nuestra cesta a 13. ¿Qué ocurrirá aquí? El desastre. Si con los precios como están de altos, el fisco tiene tal déficit, imagínense con una baja semejante. Quizás se haga verdad lo dicho por el teniente coronel en Barquisimeto.

Sin embargo, eso no sería tan grave. Le realmente espantoso es que Estados Unidos decida que, en vista de que Venezuela ya no es el proveedor confiable de otras épocas, ha llegado el momento de sustituirla. Y que la producción iraquí enterita sirva ese propósito. Allí sí comenzará la peladera de verdad.

Un mensaje a García

¿Se han dado ustedes cuenta, mis apreciados generales, lo fácil que les resultaría a los norteamericanos montar una “contra” en nuestro territorio? Porque hay que darse cuenta de que la mayor parte de los empresarios estaría pronta a apoyarla y sería fácil buscar unos 15 mil hombres dispuestos a tomar un Kalashnikov o un Galil, porque aquí no todos son pusilánimes como el trisoleado. Además, ni siquiera se requerirían venezolanos. Por ahí anda un tal Carlos Castaño que se la tiene jurada a todo lo que huela a marxista y que podría quedar desempleado con el Plan Colombia. ¿No será ese temor lo que nos ha llevado a trasladar 7 mil soldados a la frontera y no la amenaza de las FARC? ¿Están ustedes en realidad dispuestos a ponerle el pecho a las balas de una “contra”?

El árbol de las tres raíces es una mentira. La patria no puede nutrirse de las ideas de sólo tres hombres por más ilustres que sean. Estados Unidos no es Washington, Jefferson y Lincoln solamente. También han contribuido y quizás más, ambos Roosevelt, Wilson, Truman y Kennedy. Eso en lo político, porque en lo económico y lo científico hay toda una pléyade de mujeres y hombres que han dado su aporte para construir la gran nación que son hoy día. ¿Pueden ser bolivarianas las huestes de Boves? Esta es hora de definiciones. La civilización o la barbarie.

Santiago Ochoa Antich es diplomático de carrera, politólogo y periodista. Fue Embajador de Venezuela en Austria, Canadá, Jamaica, Paraguay, San Vicente y las Granadinas, El Salvador y Barbados.

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