Opinión Nacional

El sector idiota de la oposición

Creo que a estas alturas a nadie le queda la menor duda de que Yo Soy de la oposición. Es más, Yo Soy tan oposición que podría ser una especie de engendro producto de la unión de Marta Colomina y Carlos Ortega o de Patricia Poleo con Juan Fernández, lo que más les complazca. Sin embargo, el ser opositora conciente a un proceso que considero destructivo y bárbaro bajo toda óptica, no me hace simpatizar para nada con los payasos que, diciéndose opositores, son tan chavistas en su proceder como cualquier Lina Ron o Nicolás Maduro, por mencionar a cualquiera.

Lamentablemente, aún hay mucha gente cree que ser oposición es tocar corneta a las dos de la mañana al ritmo de «Ni un paso atrás», sin importarle que hay gente que está trabajando a esa hora o que se debe levantar temprano a hacer lo análogo. Hay quienes no participan concientemente en ninguna actividad que suponga pensar en una vía democrática para salir de la crisis, pero no se pierden un relajo que implique creación de caos. Por supuesto no se pelaron ni un día de Guarimba, tocan cacerolas si Chávez les interrumpe el juego o la novela con una cadena y van a las marchas, simplemente, a echar vaina. ¿Esa es la manera de expresar sus ideales democráticos? ¿es esa la única demostración de descontento que conocen?, pero que no se les invite a sentarse a discernir, porque eso es una ladilla y, según ellos, no tiene sentido, no se logra nada. ¡Y que no se les reclame el desorden, porque quien lo hace es el chavista!. Si Yo que soy capaz de darme los golpes con un guardia nacional (siempre que hayan cámaras de TV cerca, claro está) me pongo como una energúmena cuando algún idiota interrumpe el silencio con su estúpida corneta, no quiero imaginarme lo que pasa por la cabeza de algún NiNi ante la misma situación. Esa conducta, en lugar de ayudar al proceso, lo que provoca es una terrible aversión hacia todo lo que suene a oposición.

Uno de los problemas críticos del venezolano, en particular, y del latinoamericano en general, es su incapacidad para tomarse en serio las cosas, para tomar partido seriamente en una situación determinada, dejando de un lado el bochinche y las emociones. Desgraciadamente la mayoría de la gente no hace sino lamentarse de la realidad y criticar lo que otros tratan de hacer, desesperarse y tratar de desesperanzar a quienes intentan enfocar de manera distinta su pensamiento, o agredir a su entorno creando caos; en ambos casos las emociones privan sobre el razonamiento y es precisamente esa conducta lo que ha afianzado a los tiranos en el poder.

Mientras exista una mayoría que actúe por el impulso del momento en lugar de pensar antes de obrar, Venezuela se hundirá más en el pozo de estiércol donde hoy está inmersa, porque para salir de la crisis se necesitan seres racionales, urgen ideas, propuestas, pensadores y líderes sabios, no un rebaño de autómatas que repitan sin razonamiento cuanto cuento de horror escuchan en cualquier lugar ni un grupito de idiotas convencidos de que crear caos es una forma legítima e inteligente de fijar su posición política.

Por último, no me queda sino haceros un llamado a la conciencia, para que cada uno vosotros evite aquellas acciones y conversaciones que debilitan la consecución del objetivo que con sangre, sudor y lágrimas se ha trazado una parte importante de la sociedad civil y que, bien o mal, estamos a días de adentrarnos en el camino que podría llevarnos a la Venezuela que todos queremos. Pero para ello se requiere de la participación conciente de todos, no sólo de quienes lideran el proceso opositor. Evite caer en la desesperación, evite transmitir mensajes desesperanzadores, evite enfrascarse en discusiones infértiles que lo hagan sentir que todo está perdido. Con esto no quiero decir que se meta a come flor y crea que todo va a ser fácil, pero al menos será emocionalmente menos difícil si su pensamiento no lo mantiene enfocado en todo lo malo que puede ocurrir. Y, por favor, no toque corneta si no es necesario.

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