Opinión Nacional

El secuestro de ULA TV, televisora universitaria

La Universidad de Los Andes ha sido en la perspectiva de Mariano Picón-Salas la empresa más relevante en los últimos siglos, esa semilla le ha cumplido al país nacional, a los merideños y a todo aquel que ha querido estudiar y formarse con criterios de altísima calidad. Sin embargo, la Universidad no se ha distinguido en cuanto a la promoción de ciertas empresas, no es su misión entre otras cosas. Lo cierto del caso es que la Universidad ha intentado desarrollar en los últimos años una serie de iniciativas en varias ramas y sectores, con la esperanza de producir bienes y servicios y tener algunos recursos extras por concepto de ingresos propios.

Salvo muy honradas excepciones, la Universidad ha salido con las tablas en la cabeza al no poder manejar con criterios de eficiencia y rentabilidad sus distintas empresas. La pregunta a realizarnos estriba en la misión y objetivo de esas empresas, que en la administración moderna se conocen como el sector productivo universitario, donde entran, en el caso de la ULA la fabricación de productos lácteos, quesos, madera, medicamentos, la librería universitaria hasta llegar al ramo de la información y telecomunicaciones.

Esta Universidad tiene tres emisoras de radios y una televisora. Siendo ULA 107.7 FM una emisora que a diez años nadie niega su acierto, proyección, influencia y papel en el sector Universitario y Emeritense. En ese orden de ideas la Universidad de Los Andes, creo hace algunos años por la iniciativa del rector de la época y algunos profesores, una Televisora que desde que nació pareciera que era huérfana al no tener padre, madre y dolientes. Es decir, el nacimiento de ULA TV nunca estuvo claro en cuanto a su misión, por supuesto que uno de sus objetivos centrales fue contribuir y apoyar una serie de programas y contenidos que promuevan el trípode universitario (docencia – investigación y extensión).

Sin embargo, la televisora ha sido un hibrido que por momentos es una televisora netamente académica, y por otra parte se le ha querido convertir en una televisora comercial, incluso hay quienes señalan debe autofinanciarse y más aún producir ganancias. Esta televisora que es nuestra gracias a Dios ha tenido apoyo de muchas personas, de algunas autoridades, en particular de las autoridades actuales y del rector Léster Rodríguez Herrera, sin desconocer que ULA TV también ha tenido detractores del mismo sector universitario. Parte del debate y de ese vaivén en que ha estado marcada e inmersa ULA TV, está en no haber definido que verdaderamente queremos hacer, que tipo de planta televisiva quieren los universitarios y merideños, es ULA TV un canal exclusivamente institucional y académico, como debe funcionar, debe ser una canal comercial como los otros, debe adoptar una programación distinta, debe vender y buscar recursos con publicidad y programas de cuanta vaina se puedan hacer, o debe funcionar de forma más limitada y exclusiva, con lo cual asumiríamos que es la Universidad de Los Andes la encargada de costear o sufragar su funcionamiento, no sin antes recordar que hacer y producir televisión cuesta dinero.

En fin, ULA TV ha pasado por varias etapas y períodos. Hoy la televisora asume su peor crisis, paradójicamente después de un valioso esfuerzo por parte de la Junta Directiva, del Consejo Universitario y del Equipo Rectoral de haber apoyado la digitalización y modernización de los equipos, procesos y funcionamiento. Lo que hoy observamos no causa dolor, vergüenza e impotencia, como es el secuestro de sus espacios naturales, estudios, y equipos por parte de unos facinerosos del proceso, que amparados no se sabe en qué, mantienen secuestrado el canal desde hace 4 meses, y sin que la Universidad como accionista mayoritaria pueda recuperar por intervención de los cuerpos y autoridades competentes el canal universitario.

Tal vez a los universitarios, a las autoridades a la propia Junta Directiva nos ha faltado voluntad para recuperar por las vías que fueran lo que naturalmente nos pertenece a TODOS los Universitarios. Es intolerable que el Estado y particularmente el gobierno de turno proteja el actual estado de fragante violación de los derechos de los trabajadores de informar, de trabajar, y de la propia comunidad universitaria y merideña que recibe una programación diezmada, situación que indiscutiblemente ha afectado la propia sinergia y espíritu de trabajo en el canal, donde lo temporal se volvió definitivo, si bien es cierto con mucho sacrificio salimos al aire, gracias al ingenio de haber diseñado un master de trasmisión y un mini estudio en el edificio del rectorado, no es menos cierto que la Televisora de la Universidad merece recuperar sus espacios y redefinir su papel y misión en función de la exigencias que los merideños y universitarios queremos en la pantalla. Defendamos nuestra televisora.

(*) Profesor de la Universidad de Los Andes

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