Opinión Nacional

El sexo, único negocio boyante en la recesión

En épocas de recesión masiva se impone siempre el patrón de «economía de guerra», en la que las ventas se constriñen, salvo para el rubro del «entretenimiento en casa», cuya demanda siempre tiende a crecer. En ese rubro se incluyen los DVD, la comida rápida por delivery, el maquillaje femenino -«pintarse como una puerta» parece que es un recurso antidepresión comprobado- y en el subrubro sexo, un pico considerable en la venta de preservativos.

Expertos en marketing, como la consultora estadounidense Nielson Co., explican esta tendencia desde el «efecto nido» (nesting efect) que producen las crisis económicas en la vida de las parejas a la hora de encontrar su diversión. Más casera, claro. Por dar un ejemplo, sólo en EE.UU. -el epicentro de la crisis económica mundial-, la venta de condones creció el 6% en enero de 2009 en comparación con el mismo mes de 2008. Tendencia parecida se vio en febrero en el vecino Brasil, cuando el Gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva distribuyó gratuitamente 65 millones de «camisinhas» (20 millones más que en 2008) para que brasileños y turistas afrontasen profilácticamente el carnaval. (El Gobierno de Brasil es el primer comprador mundial de preservativos, a razón de 560 millones por año, para lo cual destina u$s 38 millones de su presupuesto.)

Una mayor venta de condones indica que la población global estaría recurriendo más a esta herramienta anticonceptiva y preventiva de enfermedades de transmisión sexual. También señalaría que hay más encuentros sexuales entre la gente. Aunque, ya se sabe, cantidad no implica necesariamente calidad. Una investigación reciente del The New York Times apunta a que con la crisis se incrementaron las consultas por disfunciones sexuales y que los terapeutas especializados de la Gran Manzana no dan abasto ante la creciente demanda de insatisfechos que les deparan los tiempos de economía de guerra. Otra veta del negocio, al fin.

Pero ya lejos del mundo industrializado en crisis, también vale lo opuesto: las situaciones de guerra pueden provocar economías de sexo. Como la de estos días en la africana Kenia, donde las mujeres están concluyendo una semana de huelga sexual para pedir por el cese de la violencia y el machismo locales. Este cinturón de castidad modelo siglo XXI es el vehículo de coacción para que, frente a la inestabilidad política del gobierno de Nairobi, se impida la posible repetición de las situaciones sangrientas que siguieron a las elecciones presidenciales de diciembre de 2007.

Aquella reñida disputa electoral -con acusaciones de fraude- entre el actual presidente Mwai Kibaki y el primer ministroRaila Odinga derivó en violentas luchas civiles, con un saldo de 1.300 muertos, 600.000 personas que perdieron sus casas y 3.200 denuncias por violación. Es lo que las keniatas buscan impedir con este cinturón de castidad autoimpuesto por once agrupaciones feministas y que en cierta manera remeda a Lisístrata, la protagonista de la tragedia de Aristófanes, quien para terminar con la guerra del Peloponeso sublevó a la mujeres de Grecia, que pusieron en cuarentena sexual a sus hombres hasta tanto no negociaran la paz.

En cuanto a Kenia, tan crítica y desesperante es la situación actual que las mujeres convocaron a las esposas del presidente y del primer ministro para que se plegaran a la huelga. Y asimismo, con la idea de que el embargo sea total, pagaron a las prostitutas del país para que durante siete días estuvieran «fuera de servicio». Como se ve, durante las crisis el sexo puede ser una variable contundente de ajuste.

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