Opinión Nacional

El silencio, asesino de la democracia

Los medios de comunicación social deben cumplir la múltiple función de informar, formar y educar al colectivo que le da sentido a la existencia de esos medios. Si bien no todas las opiniones y actitudes asumidas por la masa social, se deben adjudicar a la fuerza de los medios de comunicación, hay que asumir y aceptar con responsabilidad, que en muchas ocasiones esos alcances masivos de información pueden ocasionar patrones de conducta que han sido promovidos en algún sentido y de alguna manera por la prensa, la radio y la televisión. Es lo que se conoce como “crear una matriz de opinión”, o “generar directrices”. Por antonomasia, la expresión de los medios, en todas sus formas, excluye el silencio.

En los acontecimientos sucesivos que han ocurrido en el país especialmente desde abril de 2002 hasta el presente, los medios de comunicación social han tenido un papel definitivamente protagónico. Si repasamos la prensa desde esa fecha hasta el presente, podríamos tener una idea de la actividad que éstos han desarrollado. Desde un suspicaz mutismo, aquel abril, hasta una exposición descarnada de hechos que descubren la realidad que nos rodea y que vivimos estos últimos días de febrero y primeros de marzo de 2004.

La principal función de los medios de comunicación es la de informar. Informar transparentemente la verdad. La verdad verdadera, respaldada con pruebas. Para eso está el periodismo investigativo del que algunos de los principales tabloides del país, y programas de televisión se han valido. Para descubrir y denunciar casos de corrupción de todo tipo y en todas las esferas en que el actual gobierno se desenvuelve.

Pero esta función no debe ajustarse únicamente a un periodo de gobierno, a un mandato, sino a todos los gobiernos y a todos los mandatos. Una cosa es opinar, lo que coloca al comunicador, en algunos casos, de lado de una de las partes, que en muchas ocasiones es inevitable, porque esta labor está desempeñada por seres humanos que viven y se desarrollan dentro de una sociedad de la que forman parte activa, y otra, informar ciñéndose a la más estricta verdad sobre lo que acontece.

Es por eso que los medios de comunicación social, son vistos la mayoría de las veces, en cualquier país, y en cualquier circunstancia, como opositores, puesto que sobran las razones para que los gobiernos eviten que se revelen verdades a todas luces comprometedoras sobre su gestión. Como contraparte, debe asumirse asimismo, la responsabilidad de difundir obras exitosas y acciones positivas realizadas por los mismos, para que la población esté al tanto de lo que ha hecho bien la administración de ese gobierno, especialmente si redunda en beneficio de la sociedad. No hacerlo, sería entonces esconder la verdad, lo que amenaza seriamente la ética de los comunicadores.

Cuando en un país se intenta callar de distintas formas a los medios de comunicación social, con acciones que se traducen en agresiones a sus reporteros, amenazas a sus cronistas, atentados a sus instalaciones, es decir, con la flagrante violación de los derechos humanos de sus trabajadores, es porque en definitiva hay algo sombrío que ocultar. Sucede cuando el sistema democrático se tambalea, cuando pisa la cuerda que separa la legitimidad de derecho con la ilegitimidad de hecho. Cuando hay miedo.

Ocultar la verdad es la herramienta para permanecer al mando de un proceso de destrucción social. Callar a los medios de comunicación pone en evidencia el sobresalto del régimen a ser descubierto y rechazado, ya no por organismos internacionales en que los comunicadores se apoyan, sino por la misma sociedad que se niega a respaldar a unos gobernantes que ya no reconocen ni respetan como autoridad.

El silencio es, sin lugar a dudas, el asesino de la democracia. Y ni los medios de comunicación social que perviven en el país, ni los ciudadanos venezolanos, estamos dispuestos a perderla. La dictadura esconde. La democracia descubre. La primera reprime, la segunda libera. La dictadura calla, la democracia expone y se manifiesta en la voz de un pueblo que defiende la comunicación por todos sus medios.

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